Fotografía Miguel Uceda

Sin duda una de las novelas en español más sorprendentes e interesantes de este 2019 ha sido la inclasificable “Un episodio nacional”, cuyo autor es el reconocido articulista Carlos Mayoral y donde se recrea la España de finales del XIX. Y es que a partir del conocido como Crimen de Fuencarral, uno de los hechos delictivos más mediáticos de la crónica negra española, vemos desfilar a figuras como Perez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Baroja o Millán-Astray, siendo testigos de como por primera vez la prensa comienza a ser consciente de su poder.
Hemos querido charlar con Carlos, que tras la publicación de “Etílico” y de “Nada es mentira”, con esta su primer trabajo en narrativa podría decirse que se ha hecho un hueco entre los más prometedores novelistas del panorama nacional.

 

Defínete… ¿Periodista o escritor?

Mucho más escritor que periodista. Es más, periodista no me siento en absoluto. Hace tiempo leí cómo alguien de cuyo nombre no consigo acordarme, que me perdone si está leyendo esto, decía que el periodismo es una carrera que se han inventado los periodistas para presumir de que tienen carrera. Yo también creo que el periodismo es un oficio, que ha de ser pulido y perfeccionado, y para el que yo, sinceramente, no he nacido. El oficio de escritor sí me cuadra más. Sólo se necesitan tres cosas: lecturas, hogueras en la memoria y cien manuscritos en la basura.

 

Primera novela… ¿es más difícil el ensayo o la narrativa?

Son dos géneros relacionados. El novelista encuentra el ensayo entre los restos de su novela, y el ensayista encuentra la novela entre los restos de su investigación. Pero son primos hermanos.

 

“Para mi “Un episodio nacional” es una novela de homenajes: por un lado, a la pléyade de escritores que pobló la España finisecular; segundo, a Madrid, y tercero, al siglo XIX, que me parece el más apasionante y trágico de nuestra historia”

 

¿Cómo se te ocurre una novela con un suceso tan especial?

Yo es que creo que las novelas están ahí, rondándote, hasta que un día encuentran sentido. Yo conocía el caso desde hacía unos años, y me pareció siempre un asunto muy novelesco, con ese misterio, esa manera de involucrar a la clase política decimonónica. También llevaba un tiempo con la relación entre Galdós y Pardo Bazán ahí, escociendo, con el auge de la prensa que surge por entonces… De pronto un día me di cuenta de que las fechas coincidían al dedillo, que el proceso para encontrar al culpable del crimen coincidía exactamente con la época de fervor amoroso entre Emilia y Benito, que además estos pasaban por la fase más exitosa de sus carreras literarias, que gracias a este caso despegó la prensa como cuarto poder… Digamos que, sin quererlo, encajaron una por una todas las piezas.

 

“Un episodio nacional”… ¿costumbrista, negra o histórica?

Para mí es una novela de homenajes: por un lado, a la pléyade de escritores que pobló la España finisecular; segundo, a una ciudad, Madrid, que casi pasa por uno más de los personajes; y tercero, a un siglo, el XIX, que me parece el más apasionante y trágico de nuestra historia, que definió el carácter de la España moderna.

 

Defínela con una palabra…

Si pudiera definir la novela con una palabra, no la hubiera comprado ningún editor (risas).

 

Encuentro entre Baroja y Galdós como fin de una época…

Sí. La Generación del 98 vino, entre otras cosas, a romper con Galdós, y la aparición de Baroja en la novela tiene ese simbolismo. Como todos los jóvenes, el primer impulso es saltar por encima del que te precede. Lo que ocurrió fue que cuando la juventud se fue difuminando y la sesera quedó limpia de polvo y paja, todos, incluso Valle, acabaron glosando sus virtudes. Porque compartían mucho con él, empezando por el sentido regeneracionista de la literatura.

 

Pardo Bazán como contrapunto a la sociedad de la época… ¿tan especial fue? 

Muy especial. Hay que diferenciar dos Emilias: una, la literaria, que es extraordinaria, superior a la mayoría de realistas que hoy ponderamos; y luego la Emilia intelectual, que es un prodigio: sus estudios, sus artículos, su conocimiento de la literatura europea, sus ensayos, su «Cuestión Palpitante», su sentido del feminismo… En una época como esta, donde hay una necesaria tentativa de rescatar a las mujeres del olvido, que no estemos rescatando como merece a una de las mentes más extraordinarias de nuestro pasado me provoca una mezcla de pena y rabia.

 

¿Hay mucha diferencia entre la España decadente que narras en tu novela y la actual?

De hecho, son dos épocas muy similares. Con la corrupción y el caciquismo habituales, pero con una moderada tranquilidad en el panorama social que permitió que el país prosperase. Sobre todo viniendo de donde veníamos, tanto en la época de la Restauración decimonónica como en la actual Constitución del 78: guerras civiles, dictaduras, cainismos y otras locuras.

 

¿Fue la primera vez que la prensa ejerce de poder fáctico?

Así es. Se había promulgado la ley de libertad de imprenta pocos años antes, y este asesinato, que involucró a parte de la clase política del país, fue utilizado por la prensa para plantarle cara al poder establecido. No se había hecho hasta entonces, pero vino para quedarse. De hecho, en el desastre del 98, apenas diez años más tarde, la prensa tuvo un papel esencial a la hora de camelar a los pobres españolitos peninsulares para que fuesen a morir a las colonias. Ejercían más poder sobre el pueblo que la clase política, de lejos.

 

“Un episodio nacional” es una novela contra la impunidad del poder. Y por cierto, las últimas décadas del siglo XIX son también muy parecidas a la época actual”

 

¿Es una novela “contra” el poder?

Contra la impunidad del poder, sí. En ese sentido, por cierto, las últimas décadas del siglo XIX son también muy parecidas a la época actual. Hemos ido viendo como poco a poco las tropelías del político de turno se iban descubriendo, hasta llegar al punto actual, donde ese mismo político sabe que para trincar tendrá que pensárselo dos veces más que hace diez años.

 

Si tuvieras que trasladar los fenotipos a la actualidad… ¿quién sería Pardo Bazán y quien Galdós?

 

Me temo lo peor: son personajes irrepetibles.

 

¿Melquíades es un homenaje a García Márquez?

(Risas). No sé cómo lo has descubierto o sospechado, pero sí. En honor al mejor personaje secundario de la historia de la literatura sólo por detrás del señor Panza. Cuando tenía 18 o 20 años y escribía novelas que sólo servían para bailar alrededor de la hoguera, todos mis personajes principales se llamaban Melquíades.

 

¿Cómo te documentaste para esta novela?

Ser lo más veraz posible con el escenario me costó muchísimo. Madrid creció enormemente en la época, y los mapas de 1880 se quedaban desactualizadísimos en 1884, y estos igual en 1888, y así. En cuanto al caso, me costó menos: tuve acceso al sumario, una especie de novela con prosa farragosa.

 

¿Por qué hay que leer “Un episodio nacional?”

Porque no tiene que haber motivos para leer una novela (risas).

 

¿Te consideras un autor nacido al calor de las RRSS e internet?

Sí. Ni mis apellidos ni mis amistades me permitían acceder al mundo endogámico de la literatura, y mi ego, muy débil, tampoco me permitía presentar nada a editoriales, concursos, etc. Así que la única manera que encontré para que alguien me leyera fue subir textos ahí arriba, a las redes, y rezar por que alguien hiciese caso. Le debo todo a la democratización literaria que trajo consigo internet, la verdad.

 

“Sin duda Galdós hubiera publicado hoy, pero ¿qué escritor hubiera podido publicar en la época de Galdós?”

 

Es obvia tu admiración por Galdós… ¿Galdós hubiera podido publicar al día de hoy?

Indudablemente. La pregunta tendría que ser: ¿qué escritor actual hubiera podido publicar entonces?

 

Y próximo proyecto…

Como te comentaba al inicio, hay novelas que sobrevuelan. A ver si cazamos alguna pronto.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here