Alejandro Palomas ha sabido transformar lo diferente en todo un fenómeno literario, el cual comenzó con Una madre y Un perro y que ha desembocado en Un amor, novela por la que ha recibido el Premio Nadal 2018, y que narra el día a día de Amalia, Fer, Silvia y Emma. Ahora Morena Films ha adquirido los derechos de Una Madre para adaptarla al cine.

 

¿En qué momento se dio cuenta de que quería ser escritor?

No ha habido un momento exacto en el que me diera cuenta. Yo escribo desde que soy muy pequeño, siempre supe que me gustaría ser escritor y, de repente, la vida me llevó hacia allí. Pero yo creo que eso es algo que uno sabe desde muy pequeño, sabes que tu voz y tu forma de acercarte al mundo va a ser a través de un canal determinado, y en mi caso, el canal era la escritura, era esa proyección hacia el exterior, era ese filtro que yo necesitaba.

«Hubo una vez un niño, Alejandro, al que se castigó mucho por ser distinto de los demás y que, de una manera u otra, este es el premio a la diferencia»

¿Recuerda lo primero que pensó cuando supo que le habían otorgado el premio?

Pensé varias cosas. La primera qué iba a hacer con mi perro, porque yo sabía que si me daban el premio iba a tener una promoción muy larga e iba a tener que preocuparme de la intendencia, puesto que yo vivo con mi perro, y sabía que me iba a tener que ausentar mucho de casa. Eso fue lo primero que pensé. Después, me alegré: hubo una vez un niño, Alejandro, al que se castigó mucho por ser distinto de los demás y que, de una manera u otra, este es el premio a la diferencia.

¿Cómo nace la idea de escribir Un amor, la novela que le ha dado el Premio Nadal 2018?

Escribir Un amor nace de donde vengo. La trilogía nace de que sigo habitado por los personajes de Una madre y Un perro y porque sigo con ellos y forman ya parte de mi familia. Es una familia ficticia que me llena tanto como la real, con lo cual cuando me puse a escribir y decidí que sentía esa vibración que a mí me indica que es el momento de escribir, volvieron ellos en seguida. No volvió nadie más, por lo que no fue una lección realmente como tal. Fue escuchar la voz del inconsciente, y el inconsciente me dijo que Amalia, Fer, Silvia y Emma querían volver.

«A mí me interesa el amor como energía y como forma de vehicularnos, me interesa mucho el amor familiar»

¿Cuál es el amor que a usted más le interesa? ¿Y cuál es el más puro de todos?

A mí me interesa el amor como energía y como forma de vehicularnos. Me interesa mucho el amor familiar, el amor entre los miembros de una familia, y cuando digo el amor no quiero decir solamente el amor que funciona, sino todas aquellas facetas del amor que existen en la familia: el amor callado, el amor que perdona, el amor que no perdona, el amor lleno de deudas… Todos esos vértices del amor son los que me interesan, pero siempre en un marco en el que no existe el amor romántico. ¿Cuál es el más puro? El más puro es el amor a un animal, el amor a tu animal. Yo no lo llamaría de compañía, porque para mí no es de compañía. En mi caso, mi perro es mi alter ego, y ese tipo de amor y ese tipo de relación es el que más me interesa. Es el menos demandante y es el más generoso.

Usted siempre ha dicho que los personajes de sus novelas están basados en su familia. ¿Cómo lleva su familia verse reflejada en sus libros?

Mi familia está encantada. Yo tengo una familia muy pequeña, somos muy pocos y al principio hubo un poco de descoloque cuando vieron que mi familia ficticia partía de la estructura de la que es mi familia real. Sin embargo, con el tiempo y ya con Un perro se dieron cuenta de que no había ningún tipo de interconexión dañina entre los dos mundos, y con Un amor lo han disfrutado muchísimo, de hecho mis hermanas han llegado incluso a participar un poco. Han sido un poco lectoras y me han ayudado, me han orientado un poco en la creación de sus personajes dentro de la novela.

«El mundo es una familia enorme de miembros que en muchos casos no se conocen o no se entienden»

En sus novelas trata el tema de la familia. Al fin y al cabo, ¿hablar de la familia es hablar de uno mismo?

Yo creo que hablar de la familia es hablar del mundo en general. El mundo es una familia enorme de miembros que en muchos casos no se conocen o no se entienden. Las pequeñas familias son las que estructuran la espina dorsal de lo que es el mundo y lo que es la condición humana. Somos animales que se relacionan entre sí, somos seres que buscan el otro, que buscan un calor y buscan un vehículo para que esta travesía sea compartida, y el primer vínculo que encontramos es el familiar, por eso es el que perdura siempre, ya sea porque existe o por su defecto.

¿Cree que la vida familiar lo prepara a uno para la vida real?

No sé si la vida familiar te prepara para la vida real. Te da unas pautas, una perspectiva que no olvidas nunca, y te modela porque es lo que tienes y lo que conoces primero, y como sabemos, la personalidad se forma en los primeros años de vida, durante la infancia, y es durante la infancia cuando nos movemos en ese tejido, en ese entramado familiar. Te ayuda e influye muchísimo en como somos, en lo que somos y en cómo nos desarrollamos, por eso es tan importante que en el principio el tejido familiar sea la familia, lo que cada uno entienda que es, exista.

Usted temía que en el colegio se burlaran de su madre por ser albina, no ver bien y, al fin y al cabo, por ser diferente. Sin embargo, con Amalia, ¿ha descubierto que precisamente la gente ama lo que es distinto?

He descubierto exactamente eso, que se ama lo distinto cuando lo distinto sabe despertar tu empatía. Te das cuenta de que lo distinto no es peligroso, sino que es atractivo, porque es puro. Eso es importante en el caso de Amalia, creo que es una lección que he aprendido escribiendo esta novela.

¿Cuesta mucho que a uno lo quieran tal y como es?

Bueno, creo que eso depende de cada uno. Eso es una experiencia muy personal. Cuesta más dar el paso hacia uno mismo. Creo que cuesta mucho más quererse a uno mismo, luego lo demás es un poco residual, ¿no? Siempre estamos mirando hacia fuera, y si lo hacemos desde dentro hacia dentro, creo que el paso es mucho más grande y ahorramos mucho tiempo y mucha energía.

«Cuando nos acercamos al espejo vamos con la imagen de lo que nos gustaría ver y lo que vemos en el espejo es decepción, cuando en realidad deberíamos llegar al espejo sin ninguna imagen previa de lo que vamos a ver»

¿Por qué cuando nos miramos al espejo duele? ¿Por qué cuesta tanto aceptarse y buscamos, como hacen Silvia o Emma, que nos quieran a pesar de todo?

Porque tenemos expectativas. Tenemos demasiadas expectativas porque somos muy intransigentes y muy exigentes con nosotros mismos. Eso es lo que creo que ocurre. Duele porque nos miramos mal y porque cuando nos acercamos al espejo vamos con la imagen de lo que nos gustaría ver y lo que vemos en el espejo es decepción, cuando en realidad deberíamos llegar al espejo sin ninguna imagen previa de lo que vamos a ver.

¿Seguirá escribiendo las historias de Amalia, Fer, Silvia o Emma?

Seguiré, sí. Mentiría si te dijera lo contrario. Oficialmente quizá la respuesta sea no, pero soy muy poco amigo de los oficialismos y sí, seguiré porque están ahí, porque supongo que cuando me pongo a escribir volverán a aparecer, porque no se van.

Si pudiera volver al pasado, a cuando era un niño, ¿qué consejo se daría?

Es difícil saber eso, pero creo que me diría que todo termina, que nada es infinito, que todo es finito. Eso es lo que me diría. Creo que sería lo más tranquilizador, que pudiéramos saber eso desde que somos pequeños, que el infinito no existe, o no existe como experiencia vital.

¿Qué escritores le han marcado a lo largo de su vida?

Me han marcado muchos. Me ha marcado sobre todo la primera que leí, con la primera con la que empecé a ser lector, que fue Carmen Kurtz; también Enid Blyton. Todas las lecturas infantiles yo creo que son las que más marcan, porque llegan en esa edad en la que te estás formando. Después, me han marcado más, pero las que me marcaron más fueron las autoras infantiles y juveniles.

¿Qué libro le habría gustado escribir?

Me habría gustado escribir Klaus y Lucas de Agota Kristof y La hija del comunista, de Aroa Moreno.

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