Como cada día estoy encerrado en mi oscuro rincón. Un rincón en un pozo profundo del que no puedo salir. Desde lo más ignoto de mi pozo no puedo ver tu rostro. Me llegan, eso sí, retazos de tu voz. Un monosílabo aquí, otro allá y poco más. Mis ojos se vuelcan hacia dentro y soy ajeno a lo que me rodea. Todo lo que puedo ver, oler, escuchar y sentir es dolor y podredumbre. El dolor invade cada poro de mi piel. Una corriente infame recorre mi cuerpo desde los dedos de los pies, que se retuercen y curvan, hasta el cabello que se me eriza y se convierte en pequeñas, salvajes y cruentas agujas. Monstruosos toques de gong aparecen en mis sienes y la luz es una hoja al rojo hincándose profundamente en mi iris. Los calambres recorren todo mi cuerpo. Mis miembros se agarrotan y estiran alternativamente hasta el paroxismo. Tengo que adoptar una postura lo más liviana posible. No soy consciente de dónde estoy y hay veces que caigo al suelo. Pero las más de las veces estás tú para frenar mi caída. Noto tus dedos que se enredan entre los míos y una palabra se abre paso en la silenciosa noche de mi cerebro: Respira.

Tu voz, ultrajada por unos sentidos vapuleados y contritos, llega con un deje de temor y cariño. Ese cariño entra en mis oídos con el frescor de una suave brisa. La musicalidad del tono de tu voz alerta a mis sentidos. Estos, despacio, parsimoniosos, lentos, regodeándose en el destrozo que producen en mi cuerpo, van reaccionando muy poco a poco. La sutil reacción conlleva un pequeño oasis de consciencia en mi estado atálgico-letárgico. Una pequeña rendija en la tenebrosa oscuridad de mi rincón deja entrar una beatífica claridad que va destruyendo aristas puntiagudas por todo mi cuerpo. El proceso es lento pero constante. La boca del pozo se va agrandando. Es de esa pequeña boca, logro comprender, de donde proviene la claridad. A medida que crece va permitiendo ver más allá. Un cielo azul profundo y hermoso se va abriendo paso a través de la boca del pozo. Que es ahora del tamaño de una lenteja. La oscuridad de mi rincón se va difuminando. Despacio. Constante. Calmado. Respira, escucho. Esta vez con nitidez. Respira profundamente, repites una y otra vez. 

Tu hálito va subyugando las agujas de mi cabello. Poco a poco la salvaje agonía en que me estaba consumiendo afloja su maléfico puño. Comienzo a sentir, allá al fondo, los latidos acelerados de mi propio corazón. La lúgubre estancia en que ardía congelándome va recuperando su tibia normalidad. La boca del pozo se agranda micra a micra. El azul, un tono bellísimo de azul, va inundándolo todo. Un ligero y amoroso candor rodea mi cuerpo. «Respira conmigo, uno, dos, tres. Eso es». Esta vez tu voz es de verdad. Poco a poco acierto a ir abriendo los ojos y la claridad, primero entre las pestañas y después directamente, entra en mi rincón. Asaltándolo y haciendo que, por arte de magia, aparezca tumbado sobre el sofá o en la cama. Depende de dónde suceda el episodio. Tú estás ahí, invariablemente, a mi lado, cogiéndome la mano, hablándome al oído. Respirando conmigo. Haciéndome vivir de nuevo. Clavo mi mirada en la boca del pozo en que estaba hundido agonizando. Comprendo que es tu pupila que sobresale, magnifica. Se yergue y me mira con un amor que me deshace. Tu amor desmiga mi agonía cada día. Poquito a poco. Sin prisa. Sin pausa. Despacio. Constante. Incansable. Tu cariño consigue que mis labios se curven y, del pantanoso cenagal que es el dolor, brote una sonrisa. Logrando que, juntos, venzamos la agonía.

1 Comentario

  1. Me ha gustado mucho tu artículo, sé que pasas por momentos muy dolorosos y oscuros, pero la medicina avanza mucho y estoy segura que habrá un remedio pronto. Mientras tanto, tienes a tu estupenda mujer y a tu hijo a tu lado que te Dan ánimos cada día y al resto de tu familia con quienes sabes que puedes contar cuando quieras incondicionalmente. Mucho ánimo y cariño de tu hermana!!!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here