Tengo todas las inseguridades, de eso estoy seguro. Por eso escribo, para que las frases me muestren un camino que no existe. Dejar de hacerlo sería morir, y seguir, un intento de suicidio, como llevo haciendo todo este tiempo. Escribir es la muerte lenta, la tortuga asesina, el caparazón hecho de papel.

El silencio dura ya demasiado tiempo y lo escucho nítido, rotundo en su indiferencia. Más que sorda es sórdida, orejas negras que duran sesenta minutos como todas, cuyos tapones no se los salta un Gasol. Dos velas negras puestas por una vieja loca. Bruja de labios sin conjuros, besos equivocados que hechizan sin hacer nada. La magia se produce en las comisuras.

Los payasos tristes lo están porque son realistas. Hacer reír es engañar a la gente soñadora, ilusa, necesitada. Cuando uno está bien cierra la boca. Las moscas acarician los labios buscando la perdición. En la sopa solo flota mi lengua de alas negras. Me ha salido una calentura y no ha sido por comerte el coño. Si fuera lesbiana tendría una boca de dragón. Los animales que no existen son los que  me hacen creer en el amor. Soy un ser prehistórico que sabe perfectamente cómo va a ser su futuro.

Ayer soñé con un tiempo que se perdía. He despertado sin reloj y sin horizonte. Mis ojos se habían parado en un sueño sin ventanas. Estoy hecho de paredes blancas, una habitación de hospital con todos los médicos enfermos. Una enfermera quiso matarme, pero todavía estaba en prácticas y no lo consiguió. Era demasiado inexperta para acabar con una vida escurridiza. Yo me voy de los sitios antes de que quiera que te vayas tú. No es por falta de valor, sino por sobredosis de hastío. Me drogo con lo que pienso que eres, una gorila en la niebla, y yo con un “mono” que se la quiere follar. Masturbarse como(con) un mono y que te dé igual lo que el animal piense de ti mientras te ve. Todas las monas que se visten de seda son feas cuando las desnudas.

Mi puta piel esclaviza un alma que quiere salir a borbotones por sus poros. Una vez, un ladrón me hizo un corte en el brazo con un cuchillo, y por el agujero no salía sangre, solo agua y vino. Soy el Mesías con dos fuentes. Tienes dos opciones: embriagarte o irte a mear. También puedes mojarte hasta producirme una nueva calentura.

Amo las toallas ásperas que dan libertad a mi alma. Los suavizantes se llevan la verdad de lo que estoy hecho y le copian su textura. Si me dispararan hasta dejarme el cuerpo como un colador, mi alma demostraría que sí existe la gravedad cero. Nada tiene importancia realmente, y cuanto más creéis que lo que hacéis tiene algún valor y se lo contáis a los demás con frases muy expresivas, con ademanes rimbombantes y enérgicos, más certifico que pertenecéis a esa parte de los seres humanos de los que no se puede sacar nada útil.

Yo no quiero servir para nada. Yo he venido a ser servido por los acontecimientos. A encontrarme las circunstancias y ser libre de darles la espalda. Escribir es un poco eso, meterte en problemas y elegir en cuales incidir y en cuales escaquearse. Los problemas desaparecen cuando no esperas nada de ellos. Yo solo quiero nadar en las aguas mansas mientras en el río de al lado se ahogan en sus turbulencias los aburridos y los que juzgan, que por desgracia son demasiados y los mismos. No habrá paz para los malvados. Coronado te pegará un tiro, se follará a tu pareja y hará un esfuerzo para darte por el culo si eres un hombre, y si eres una mujer no volverá a acostarse contigo por mucho que se lo supliques. Y si todavía no te has acostado con él porque no te apetece, te dará el coñazo hasta intentar conseguirlo. Coronado es muy persuasivo, yo también le tengo miedo en este menester, y se suele salir con la suya. Después te matará, como es lógico y en el infierno todo tu cuerpo será una calentura, una quemadura de la que jamás podrás calmarte. Dildos de hielo se harán agua entre vuestras piernas. Pesadillas como icebergs. Como tener que ver “Titanic” y chocarse con su bucle infinito. Hay quien la vio hasta diez veces en el cine. No sé si esperaban un final distinto para la película, porque el suyo ya estaba escrito desde su nacimiento, la muerte cerebral.

El romanticismo bien entendido nunca es empalagoso. La persona que le pone demasiada azúcar merece una diabetes. Leonardo Di Caprio está gordo, se ha “hinchado” a follar. Él y nosotros sabemos que el único alimento que no entra en su dieta es el del amor. El verdadero romántico es un bala perdida, un disparo fallado que busca su lugar en el mundo, que sabe cuál es aunque no lo parezca, que lo pierde de manera elegida cuando parece que lo está acariciando. Que busca la manera de conseguir lo que quiere aún a sabiendas que la suya está equivocada o que le va a hacer más difícil volver al camino que lleva al atajo de lo que realmente quiere. Enamorarse de la forma y no del fondo. En mi cabeza las cosas siempre son mejores. En mis manos se aplastan como plastilina nada moldeable. Si a veces necesito gafas es porque no quiero ver como son las cosas.

Hay que apagar la luz. Amanece en la cueva y no sé porque el sol no entra y lo que es más importante, si en algún momento seré consciente de mi despertar.

Compartir
Artículo anteriorNominaciones a los premios de Cine Europeo 2019
Artículo siguienteSamuel Bengio: “Si el Holocausto ocurrió, significa que puede volver a ocurrir”
Manuel Gálvez
Mi nombre es Manuel Galvez Giral. Soy de Zaragoza y vivo en Madrid. Me gusta leer y escribir. Necesito leer y escribir. Me gusta aprender de quienes escriben mejor que yo, que por suerte es mucha gente, la mayoría. Sé que pronto publicaré mi primera novela. Lo que no sé es cuando. Quedé finalista del concurso de relatos del barrio de la Guindalera en Madrid hace un par de años. No podía ganar ya que no me había apuntado a los cursos de escritura creativa que organizaba la asociación cultural del barrio. Eran y son de pago. A mí no me gusta pagar para ser timado. He participado en un libro de relatos de autores aragoneses donde cada uno daba su punto de vista sobre cómo ve la tierra donde hemos nacido (Enjambre, editorial Comuniter). Soy zaragocista, y sobre todo me gusta ser merecedor de la confianza que se tiene en mí. No hay santa como la que te lo da todo y no te lo quita.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here