¿Y si la solución no fuera la escritura? Lo que antes era lo único que me calmaba, ahora me tensa como las cuerdas de la raqueta de Nadal ante el inminente impacto violento. Y yo ahora solo busco el lugar donde se encuentre la tranquilidad.

Las palabras sobre el papel bailaban sobre mi imaginación inventando una nueva realidad. Pero ahora ya no soy capaz de engañarme. Me conozco demasiado bien y ni siquiera estas frases ni las muchas otras que he escrito son un buen lugar donde cobijar las mentiras que intentaban explicarme.

He llegado a la conclusión que tampoco soy yo cuando me escribo. Que lo que hay entre mi cielo y mi infierno es esta lluvia que no para de arreciar y que escupe contra el cristal de esta ventana cerrada. Yo estoy al otro lado de donde pasan las cosas que me conciernen.

Me gustaba pasear por casa con el paraguas abierto en estos días lluviosos. Simular una emoción adaptada a mi confortabilidad. Y no es que no sea sincero cuando escribo, es sin duda el lugar donde más lo soy, puede que me haya desnudado más en la página en blanco que en el cuarto de baño antes de ducharme. Pero yo sé que la sinceridad no tiene porqué llevarse bien con la verdad. Escribo lo que siento pero no la realidad del sentimiento. La escritura es una evasión maravillosa, un lugar donde salir de ti y construirte un alter ego a medida. Regodearte en tus cloacas, en mis cañerías interiores, tirar de mi cadena y ver como mis excrementos flotan sobre el agua cristalina en forma de pantalla de ordenador. Entre mis virtudes no está la de ocultarme cuando escribo. Me escondo fatal. Mi alma fofa es imposible de ocultar.

Llevo tiempo fantaseando con la idea de dejar de escribir. Pensando que no seré capaz de hacerlo. Que será otro de mis fracasos. Otro objetivo que no he conseguido cumplir. Sigo tecleando para demostrarlo. Pero el miedo se ha agarrado a mis tripas desde hace algún tiempo. Me he visualizado consiguiéndolo y la imagen era aterradoramente real. El miedo es lo único cierto, lo demás es mentira, como todo lo que se escribe (también sobre el miedo). El miedo se siente, no se explica, ni se escribe, siempre pegado a nuestra espalda, oscuro, sigiloso, liviano, una carga que no pesa pero llena. Un estómago lleno de hormigas que se reproducen constantemente.

La escritura como catarsis. Mis tormentas se empapan de frases que solo puedo entender yo. Papel mojado. Mi cerebro es un borrón de tinta encharcado en fantasía.

Decir adiós tampoco tiene porque ser traumático. Aunque lo que abandones sea algo que te ha acompañado como una segunda alma, un espíritu imperecedero que te seguirá aunque hayas decidido olvidarlo. Una electricidad de baja intensidad. Algo que llevas dentro junto a las hormigas del miedo. Cuando la escritura desaparece el mundo se para. El cielo no existe y se convierte en una nube blanca y fija donde se transparentan las palabras que ya no están. Todos los principios son finales disfrazados de oportunidades.

No pasará nada. El día siguiente, las palabras solo estarán en mi mente y en mi corazón. Tendré más tiempo para acariciar la vida, sentir su textura descarnada y sanguinolenta. Los dedos se me hacen huéspedes ante la nueva realidad que les espera.

Seguiré leyendo a los clásicos y a los  que escriben mejor que yo,  que por suerte son muchos. Leeré hasta sentir nostalgia por estos momentos que están llegando a su fin. Los días se acortan para mis palabras escritas. Días de escasas horas como hoy. De escasos minutos como cuando llegue la despedida definitiva.

Hoy comienza el fin del que será un bonito recuerdo. Llegará pronto el día en el que diga: “Mira esa luz que viene hacía aquí”…… y la deje marchar.

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Manuel Gálvez
Mi nombre es Manuel Galvez Giral. Soy de Zaragoza y vivo en Madrid. Me gusta leer y escribir. Necesito leer y escribir. Me gusta aprender de quienes escriben mejor que yo, que por suerte es mucha gente, la mayoría. Sé que pronto publicaré mi primera novela. Lo que no sé es cuando. Quedé finalista del concurso de relatos del barrio de la Guindalera en Madrid hace un par de años. No podía ganar ya que no me había apuntado a los cursos de escritura creativa que organizaba la asociación cultural del barrio. Eran y son de pago. A mí no me gusta pagar para ser timado. He participado en un libro de relatos de autores aragoneses donde cada uno daba su punto de vista sobre cómo ve la tierra donde hemos nacido (Enjambre, editorial Comuniter). Soy zaragocista, y sobre todo me gusta ser merecedor de la confianza que se tiene en mí. No hay santa como la que te lo da todo y no te lo quita.

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