Uno de los recuerdos de cuando niño que tengo relacionados con el futbol que más se me guardó es ver a mis tíos viendo al Sevilla con mi abuelo en el salón y diciendo lo bueno que era el chavalito nuevo de la cantera.

Mi primera toma de contacto con la liga inglesa, que tantos buenos ratos me ha dado, fue el fichaje de ese chavalito de la cantera por el Arsenal. Era Jose Antonio Reyes.

Mi madre se reía de el con ternura cuando salió diciendo que echaba de menos España, que odiaba la lluvia y el frío. El se llevó a la suya y a su novia a Londres. A la misma casa. Que bonita y divertida es a veces la inocencia.

Luego su novia salió desnuda en la portada de Interviú contando el infierno que debió ser esa situación. Ylenia lo resumió con más gracia: “solo me queda reírme ante esta situación tan heavy que me ha tocado vivir”.

El sevillano fue protagonista de la mejor liga de todos los tiempos, que no es otra que la segunda de Capello en el Madrid. Me acuerdo del golazo de falta que le metió a la Real Sociedad y del mítico último partido contra el Mallorca, en el que también marcó. El fútbol parecía otra cosa antes y solo tengo 24 años. Joder.

Reyes estuvo también en el último Sevilla ganador en Europa. Entonces los comentarios de mi abuelo eran menos positivos (por decirlo finamente en un día como este) pero siempre se le respetó y se le tuvo cariño. En el salón de mis abuelos y en el Pizjuán.

Hoy se ha muerto Jose Antonio Reyes en un accidente de coche cuando regresaba a Sevilla desde Extremadura, donde jugaba en Segunda División por amor al fútbol. No en China ni en Qatar ni en Los Angeles. En Extremadura.

Volvía a Sevilla -siempre que se va a Sevilla se vuelve- porque no le habían convocado para el partido del fin de semana. Hay ahí una reivindicación de fútbol amateur, de campo de tierra, de ilusiones de niños por salir a jugar con un número a la espalda y medias por la espinilla que no se vive todos los días.

Jose Antonio Reyes era una persona con arte y todo el mundo del fútbol- y en especial el sevillismo- lo echaremos de menos. Descanse en paz.

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