Sólo hay una vida. Rectificamos. Sí. Nos hemos equivocado. Hay tantas vidas como objetos canta el taoísmo. Estamos compuestos de átomos que son capaces de asistir a tantos mundos como nos propongamos cuando el Sol sale cada mañana y nos avisa que, si seguimos insistiendo en nosotros mismos, podremos contemplar el amor que sintió Garcilaso por Isabel Freyre, el idealismo de Quijano en su recorrido por tierras de la Mancha, el viaje que necesitamos para comprender que por Calcuta anduvo Gandhi con un saco de sal, todo lo que nos hace falta para entender que los instantes van uno detrás de otro y que en cada punto preexiste un nuevo paisaje, un tren que nos lleva a observar las pinturas de André Derain, toda la acumulación de espacios que todavía nos quedan por recorrer.

Sólo hay una vida. Y no rectificamos. Porque estamos a salvo de las Furias, esas que aparecen como noticia cuando ponemos la radio y nos damos cuenta que el mundo permanece descuartizado, anónimo, degollado de aceite, sin mar y sin yedras que nos conviertan en sirenas. Pero nosotros. Sí. Nosotros, los del séptimo piso, los que no avanzamos hacia la plaza de San Pedro, porque sólo quedan estatuas esparcidas por el suelo, nosotros, los de entonces, los que escribimos endecasílabos, los que hemos entendido ya que la vida no nos la va a reconstruir nadie, hemos dicho nadie, nadie en ningún lugar, en ningún sitio nadie, nadie ni nada que permanezca en el hall de los Foros o en las oficinas esparcidas de la UNESCO o en los comedores con banderas republicanas y populares de las plazas nocturnas de Porto Alegre, ni siquiera -y esto es lo que más jode- observando y sufriendo y buscándonos y estando siendo uno o el otro empecinados cual ilusos genios en introducirnos dentro de una pantalla cada noche en donde nazca como una sábana blanca cualquier película de Bergman. La vida está como está, ¿entendés?, la re mil puta, que no hay en Youtube documental de Eduardo Galeano o de David Buhm, ni tampoco ninguno que biografíe el origen vasco del apellido Guevara, ¿che, qué me contás?, sí, boludo, esta larga historia y revisada del comandante Che Guevara.

¿Quién dice que sólo hay una vida? Pourquoi? Le temps se lève, il faut tenter de vivre, leemos en Paul Valéry. ¿Todavía no nos hemos dado cuenta que Sartre debería regresar a la cama, pero para dormir siempre un sueño de opio en la casa de Lhasa? Ah, pero qué carajo. ¡Abajo ya mismito el estoicismo¡ ¡Creamos en la anarquía¡ Y es que no es posible hacerlo de otra manera. Pues, por mucho que los grandes pechos de Miss Babintong guarden silencio, obligados estamos a reconocer que nos es imprescindible empezar esta noche mismo, cuando son exactamente las 3.06 horas de la madrugada del 15 de febrero del 19 esa gran novela que sea zurdamente imperfecta, tal y como lo hizo Julio Cortázar al iniciar una noche después del jazz y sin pensar -únicamente por esa angustia tortuosa que surge cuando alguien pone un folio holandés en una Underwood- el capítulo 41 de algo, en alguna carne, en algún lienzo, dentro de cualquier cohete, para luego esa endogamia rectangularmente triangular titularla algo así como “Rayuela”: “A Oliveira el sol le daba en la cara a partir de las dos de la tarde”. ¡Nunca he sentido acto más bello que esta manera de comenzar una obra universal¡, ¡voto a dios¡, ¡que hay gente que joden las marranas tan bellamente¡

Pero luego leemos a E. M. Cioran y su “La Tentación de Existir” y ya todo se nos vuelva a caer hasta la espalda de las plantas de los pies. ¿Por qué nos ocurren estos squires ingleses? Por todos es conocido. Leamos el mundo únicamente sólo como el mundo desea que lo leamos. Es decir, sin prensa, sin boletines informativos, sin anuncios de publicidad, sin hojas volanderas con opiniones varias, sin nada ajeno a lo que es ajeno a la nostredad.

Sucede, pues, que nos hemos dado cuenta ya que sólo dependemos de nosotros mismos, que las cabañas son sólo nuestras cabañas, las que forjamos con sueños que nos llegan hasta la cintura, hasta el Ho2 que sale de los grifos, hasta la reimpresión de las novelas de Faulkner. Inevitablemente se hace necesario. Hemos de poseer una actitud que se derive hacia lo excelso y las camas en donde nos amamos. Entonces. Sólo entonces. ¿Por qué seguimos estando tristes? ¿Por qué nos dejamos llevar por el ruido de las noticias de la radio? Hay una jofaina llena de lágrimas que deberíamos romper con el martillo del yunque de Vulcano, porque estamos vivos, aún, sí, vivos, encomendados a gozar de un tiempo que ya escribiera Demócrito, porque el tiempo es nuestro, sólo nuestro, porque forma parte de los vientos y los vientos todavía no se pueden comprar, ni privatizar, ni procurarles una sentencia judicial por atentado contra la autoridad. Los vientos no son de nadie, van y vienen como un proceso de la Historia, aquellos mismos vientos del Mahabaratha, aquellos vientos que esparcían las cabelleras de Duport y Lameth en 1789, aquellos que sacudían los falansterios de Fourier, siguen siendo los mismos, no han cambiado nada, están ahí para que nos vayamos con ellos. No los dejemos de observar. No los dejemos de admirar. Son los que evitarán este eclipse de Luna que nos araña el optimismo y nos deja absortos ante el hastío, esas flores del mal que nos caen desde el techo cuando en silencio nos quedamos en vigilia escuchando la lluvia de las ciudades mientras, disimulando, creemos ser felices tumbados en el sillón un domingo y otro domingo y otro más largo domingo y luego un sábado corto antes del larguísimo domingo. Y ya para siempre.

Sólo hay una vida. Y es ella. Es la Maga la que nos dice que debemos salir de nuestras casas. Es Gainza Mitre Paz la que nos aconseja cada lunes al alba que no nos dejemos arrastrar por la duda o por el rotograbado dominical, pues nunca el Tao pensó con claridad que fuera visible y dibujado con la sangre que sale de la punta de los clavos del alma esta gilipollez que la bazofia oriental codifica cual lema de guerra como la cosificación del Todo como cosa que pervive o detona eucaristía menstrual entre el yin y el yang. Talita nos dice también que no acudamos a la medicina tradicional china, pues ella jamás nos devolverá la versión ascendente del Himno de la Alegría. Beethoven dijo que amaba más a los árboles que a los hombres. Miremos de qué manera se mueven los árboles en el mediodía del otoño, calculemos cómo camina hacia atrás el cangrejo con su religión marítima del ayer. Seamos ayer incluidos en un hoy que nos revele nuestras verdaderas aspiraciones, las cuales no deben ser maravillosas ni compulsivas, sino resistentes como un tiempo que permanece dentro del tiempo. Hemos dicho tiempo. ¡Insensatos¡ ¡Caemos en el tópico como si fuéramos un gramo de coca dentro del ano de un político fascista¡

Pero qué remedio. En el fondo, la vida es Tiempo o Tiempo es Vivir hacia el fondo de las cosas, mientras las cosas se quedan toda vez en el mismo lugar en donde se originaron. Sin embargo, ¡con dos cojones¡, ¡volvamos siempre a la Bibliothèque Mazarine para volver a esculpir con nuestras manos todas las fichas de nuestra existencia sobre las mandrágoras, dentro de los collares de los bantúes o cortando las páginas de los últimos números de las revista Vogue¡ ¡Creemos que ahí radica nuestra intenso camino por donde poder transitar¡ Con nuestras ropas chapadas, con nuestras odas a las cuencas mineras, con John Keats que vuelve sin su tuberculosis. Todo romanticismo es un destino de fuerzas incalculables. Silencio. Silencio. No compremos más periódicos.

¿Por qué esa adolescente está casi muerta cuando sale del colegio? ¿Por qué el amor se borra como una calle que todavía no está? Si sucumbimos ante la arbitrariedad y la providencia de los días, sólo tendremos fatiga y colorines despintados. Adiós tristeza. Quédate en los muelles hasta que vengan los barcos de Rotterdam. Nosotros continuaremos existiendo por muchos fusiles que se nos claven en las matemáticas. Defendámonos de nuestra guerra interior. Abandonemos la soledad como si ella se tradujese como un peligro que amenace con cerrar las cafeterías. Huyamos de la otredad y crucemos el segundo en que consistimos con amplias hélices de aviones que nos aproximen a la tiernísima esmeralda. Hemos hecho ya lo suficiente para ganarnos Islandia, con todos sus perros en lo alto de las colinas. Porque. Porque hemos de a/prender que la vida no se vence en un día, sino en la acumulación de pinturas que vemos en los museos, en los instantes conseguidos cuando pensamos en verdad que la única realidad es el instante, como materia viva del tiempo que va desapareciendo.

Como un pan recién sacado del horno, decidamos por fin cuáles van a ser los momentos en que hallemos la alegría, la rosa pura, el infinito en una ecuación algebraica, la conmemoración de los cubos llenos de agua, donde solamente cabemos con nuestro Jardín de Epicuro. Es casi producto de la lógica que aspiremos al hedonismo. Sólo obtendremos el derecho a expandir el placer allá donde se encuentre. Es la manera más capaz de obliterar el olvido que los de siempre hacen que quepa en las tiendas ópticas porque conocen que ello nos insufla dolor, pero el dolor es evitable, como el lugar que nos propongamos nunca más visitar.

Buscar el sitio, el dulce gesto, las jornadas abiertas, la brisa de la noche clara. Y tumbémonos sobre la hierba sin esperar nada, en todo caso, que la leyenda nunca se estanque. Por eso es necesario escribir siempre el poema que aquí dejamos. Se puede poner encima de una alfombra roja antes de entrar en la próxima gala de los Oscar. Apostamos por la película de Yorgos Lantihimos, “La favorita”, pero también por la protagonizada por Christian Bale, “El vicio del poder”, biopic de Dick Cheyney. Pero si venimos desde Macedonia es mejor que apostemos por esta cinta de superhéroes que titula “Black Panther” o, quién sabe, si por “Madre”, de este español vasco que es Rodrigo Soroyogen, o, si preferimos dormir en Chelsea Hotel después del guateque de las estatuillas, apenas nos quedan diecinueve minutos para a contrarreloj sentir la angustia de Marta, quien, a punto de salir de casa con su madre -la madre vasca- recibe una llamada de su pequeño hijo, Iván, el cual está pasando algo menos de dos semanas un tiempo de vacaciones con su padre en una playa de Francia. Este poema, pues, está dedicado a Marta Nieto:

SEPARARSE POR AMAR DEMASIADO

 Si por amar entiendo

Retroceder el primer deseo,

Si por amar supongo

Que estoy supurando migas,

Entonces llegaré a comprender

Que estoy en lo cierto,

Que sólo amando me convierto

En un texto del románico.

 

Hace falta todavía

Mucho tiempo para que el recuerdo

Se abrase. Todo amor

Permanece en la memoria,

Aunque vengan las naves de Inglaterra.

 

La vida no debe permitirse

Por una cuestión de delicadeza,

Sino emplear todos los inventos

Para construir el tiempo en que no vivimos.

Barca en la que navego después del desayuno,

Voz en donde me oigo

Cuando el dolor me atrapa,

Quisiera recorrer el mundo

Y que todas las palabras me cubrieran,

Sólo así definiría

El lento tránsito de la humedad.

 

Vivir no puedo si no amo,

Porque mis huellas se deshacen

En las vías por donde pasan

Los trenes con las butacas del viento.

Puedo estar un día sin fumar,

Incluso puedo perderme la Historia,

Tal vez ya no me de miedo la muerte,

Pero he decidido que sólo amando

Se sigue amando cuando el amor

Se va con los pájaros.

 

Intenso amor que me nubla

Mis ideologías revolucionarias,

Amor que con tanto amor

No puedo ni secarme el agua

Cuando cae la lluvia.

 

Quizá nos amamos demasiado,

Como dos animales africanos,

Como los libros de poemas

Que no tienen olvido sino bosques infinitos.

Prefiero amar encima de las tumbas

Que retirarme a las casas

En donde los aviones

Ponen su huevo de átomos violentos.

Prefiero besar siempre las manos

Antes que entrar en todos los templos

Donde el corazón se hiela

Por las montañas del año cero.

Amar. Y no quiero llantos.

 

Siempre he dicho

Que, para huir de los barrocos,

Es necesario aproximarse

Al cuerpo que bebe en los pozos.

Todo amor escribe mi nombre

En las líneas de los telegramas

Y hay una pierna derecha

Que me cubre por encima de las sábanas.

Es así. Sí. Lo digo.

El modo de alcanzar todo secreto

Que se alinea en la naturaleza,

Vocales de los tilos

Y una inercia hacia las manzanas.

 

Da lo mismo si de tanto amarse

Uno tenga que escoger

El sendero en el que de tanto Mahler

Te sientas como perdido.

Amar es un verbo sin conjugación,

Un drapeado de veranos constantes,

Un Montparnasse que pregunta

Hasta dónde puedes llegar

Cuando el tiempo no se detiene

Porque nunca muere.

 

Déjame, tú, mujer de ropa limpia,

Abandonemos este mito

Que sale siempre de las neveras.

Nos dolemos por demasiado amarnos

Y la vida todavía no concluye.

 

Te esperaré siempre

Al lado del próximo invierno

Y quiero que vengas

Con una calle en tus labios.

Adiós, amor. No insistas.

Peor lo pasan los que viajan a Tokio.

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