Se miran y se ven Magnos. Descendientes de Alejandro. El magnífico que fue por Aristóteles tutelado. Se miran y ven a ninfas ofreciéndoles ambrosías en esbeltas ánforas de hermosura sin igual. Gozándose de manjares, vense, amenizados por sus bufones que hacen chistes de sus pugnas de oratoria. Se miran y ven a Cicerón asombrado y derrotado por los discursos que ellos han pronunciado. Que abandona su tribuna por no poder superarlos. Se miran y ven a Adonis avergonzado pues, ante tan apuestos rivales, no tiene razón de estar junto a ellos conversando. Se marchará, pues, cabizbajo y humillado. Se miran y se ven, al fin, como dioses caminando entre mortales. Superándonos en inteligencia, apostura, educación y modales.

Su mirada es alimentada por solícitos seguidores. Que ríen toda su chanza y todo su insulto aplauden. Así hincharán su pecho y así besarán sus ingles. Así, siempre arrodillados, los jalean y los siguen. Unos a otros se miran y satisfechos sonríen pues consiguieron, al fin, tener a sus pies al pueblo. Que los siguen, los adoran, los abrazan y los besan. Por multiplicar afectos utilizan todo medio. Así llegan a más gente, así habrá más que los lea. Así usarán sus barcos para encontrar caladeros. Pero antes, tiempo ha, empezaron con sutiles movimientos. Adormeciendo conciencias. Creando estultos, convenciendo. Pues saben muy bien, y es cierto, que, cuanto más ignora el pueblo, más fácil es convencerlo y cualquier palabra amansa y cualquier verbo se hace cierto. Un pueblo convencido. Adoctrinado. Pusilánime y borrego. Así pescan a los bobos una vez que el caladero han llenado. Así crean la nueva raza más útil de ciudadano, que les ladra sus consignas, la de perros de Pavlov. La de tontos amaestrados.

Diseñan a su beneficio unos perros de pelea. Tan convencidos los canes que por su fútil palabra se enzarzan en discusiones y batallas y se creerán sus patrañas. Cuanto menos nivel tenga el auditorio más fácil será convencerles desde cualquier promontorio. Cuanta más lerda sea la palabra usada, más sencillo es convencer al perrillo que la ladra. Cánido convencido que aumenta el auditorio con cada ladrido. Cánido alborotado que rechaza el disenso con cada bocado. Así, cambiaron los maestros creando profesores y cambiaron profesores por cuidadores. Después el cuidador devino adiestrador. Consiguiendo, por las nefastas políticas educativas, pasar de una sociedad culta a otra que ladra y que insulta. Ahora se ven los frutos de tantos enfrentamientos; ahora se ven los tontos tras tanto adoctrinamiento. Si no estás adoctrinado te aislarán, serás el raro. Pues lo normal es ser uno del montón, eso siempre es lo más sano. Tienes que seguir manso, servil y aborregado, al que te hable desde un promontorio, da igual de qué color esté coloreado. Tienes que asentir ante el ladrido de cualquier perrillo de Pavlov que en las redes se ha ofendido. Españolito que usas las redes, no te librará ni Dios, cualquier perro adoctrinado hincará el diente a tu razón.

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