En la repisa estaban todos los muñecos colocados de mayor a menor. Después de la A a la Z por orden del alfabeto. Los tenían bien limpios y en un estado perfecto. Cada mañana colocaban estantes y limpiaban después a los muñecos. De este modo los tenían listos   para ser fruto del deseo. Pero al llegar la noche empezaba su recreo. Querían algunos fugarse y planearon hacerlo. El problema que tenían es que nunca estaban de acuerdo. Pues un día decían esto y al siguiente aquello. Un día decían me marcho y al otro me quedo.

Entre dimes y diretes planear la fuga  pudieron. Se irían un día de octubre, era abril y no se fueron. Dijo uno: “basta ya, así nunca nada haremos”. Pase lo que pase en tres días nos iremos. Como no se decidían fueron consiguiendo adeptos. El chistoso, el payaso y el equilibrista ciego. También a la rubia guapa con el novio ese moreno. Sin mucho discurso a todos se llevaron a su terreno. Pasó la Semana Santa y el verano fue viniendo. Como siguieran así llegaría Octubre de nuevo. El que toma la palabra, les dijo en un tono fiero. Marchémonos ahora. Marchemos todos repitieron. Así que al fin a la silla subieron. Llegaron hasta la ventana y con esfuerzo la abrieron. Salieron hasta el poyo y miraron hacia el suelo. No haría falta escalera porque solo era un primero. Así que saltaron todos y felizmente se fueron. Pero llegaron a un cruce y no se ponían de acuerdo. Vamos allá, no por ahí, se pasan horas diciendo. Hasta que al fin se enfadaron la rubia y el novio apuesto. Cállense todos, he dicho, por aquí nos largaremos. Así todos cabizbajos siguen a rubia y moreno.

El moreno vio una senda y la siguió muy dispuesto. La rubia iba a su lado contoneándose y riendo. Habían conseguido ser lideres de los muñecos. Detrás les seguían todos muy callados y dispuestos. Vamos siguiendo el camino, el camino del moreno. Así pasaron los días, caminando y sonriendo. Pues se iban alejando de la tienda y del tendero. Dormían al raso y comían para seguir bien telendos. El camino se hacía largo, era duro y era eterno. Decidieron parar todos y llegar a un nuevo acuerdo. Si seguir andando quieren, como les dice el moreno, o regresar a la tienda, como el payaso y el perro.  La rubia y el moreno muy animados dijeron. Que si a ellos los seguían llegarían a buen puerto. El perro comenzó a ladrar y el payaso iba diciendo. Votemos todos nosotros pero con voto secreto. Se llevaron un espanto al hacer luego el recuento. Pues aunque fueran catorce papeletas había ciento. No encontraron nada raro. Había ganado el moreno. Así que, sin más discusiones, el camino reemprendieron. Los catorce caminaban iban todos muy contentos. Cantando canciones varias y parando algunos momentos. Llevan años dando vueltas a una rotonda contentos. Paran a ratos y cantan siguiendo a rubia y moreno.

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