Hemos asistido en estos días al triste linchamiento mediático de Dani Mateo por hacer un sketch en el cual se sonaba los mocos con la bandera de España. Diremos aquí, en primer lugar, que detestamos profundamente los linchamientos sean estos a las personas que sean y por las cuestiones que sean. Pues confiamos, nosotros sí y siempre, en el estado de derecho en que supuestamente vivimos.

Decimos supuestamente porque, si bien puede que haya sido de dudoso gusto el sketch en cuestión, lo que está claro es que hay gentes que se arrogan e incluso lucen con un impostado orgullo la enseña nacional en camisas, camisetas, pulseras y demás aderezos, pero con sus actos no solo ponen a la patria a los pies de los caballos sino que la mangonean, roban, insultan y desagravian sin que nadie de los ofendiditos oficiales por el moqueo de turno haya dicho esta boca es mía. Ni tampoco los jueces que debían haber tomado cartas en el asunto. Demostrando así el agradecimiento de sus estómagos porque, dependiendo quién sea el titular del juzgado que toque, le gustará más el pan con mortadela ofrecido por unos que por otros. De ahí que ambos bandos litiguen por el juez que tiene que impartir justicia en los casos que les acechan.

Todo esto ocurre, nos tememos, porque vivimos en un país muy polarizado. Polarización aderezada con una tasa de ignorancia e incultura que debiera sonrojar a todos los partidos políticos que han utilizado como arma arrojadiza al rostro del rival la política de enseñanza. Una enseñanza que, lejos de crear librepensadores como dictaban los principios del siglo de las luces, lo que busca es una caterva de iletrados autómatas que vayan a votar con la papeleta en la boca y los ojos en blanco recitando como mantras las posiciones de sus líderes políticos. Depositando un voto que no es más que una patente de corso para que el partido del gobierno haga y deshaga a su antojo lo que le venga en gana. Sin importar sus propias opiniones vertidas con anterioridad ni su postura respecto de la medida a adoptar. Pues lo que pasa a primer plano es mantenerse en el poder. Todo lo demás es secundario.

“Una enseñanza que, lejos de crear librepensadores como dictaban los principios del siglo de las luces, lo que busca es una caterva de iletrados autómatas que vayan a votar con la papeleta en la boca y los ojos en blanco recitando como mantras las posiciones de sus líderes políticos”

Este, per sé, sería ya un problema lo suficientemente grave como para que se tomaran cartas en el asunto. Unas cartas que, según de quién provenga la solución a tomar, pasaría por una revolución, un paseo a visitar unas hermosas guillotinas, una expulsión a la isla perejil sin vuelta posible, o trabajos forzados de por vida en aras de un trabajo por el bien común que debieron ejercer y nunca hicieron estos politicastros de turno, o cárcel hasta que nos resarzan a todos los ciudadanos del mal hecho. Pero no se dará porque, y aquí radica otro problema aún más grave, quienes tienen que defendernos de estas situaciones, léase el poder judicial, está colocado estratégicamente a dedo por estos lamentables y mediocres representantes políticos que tenemos. De modo que no defenderán en absoluto a sus conciudadanos porque no van a quitar la comida de las fauces feroces y sedientas de sangre de quienes les sientan en las poltronas.

“En España no existe un modelo intelectual, dentro del cual incluimos a los humoristas del calado y la índole que sean, que se caracterice por su independencia y su crítica al poder independientemente del bando al que pertenezca”

Todo ello porque además como nosotros con nuestros impuestos pagamos sus pantagruélicas barrabasadas, sin castigo alguno o con un castigo simbólico, no hay problema. Porque este es un asunto para nada baladí. Pues pagamos mediante aportaciones absolutamente ciegas a cada asociación, organismo, confesión religiosa, sindicato y partido
político por estar rascándose la bolsa escrotal tirados en sus sillones. Haciendo que este sea un sistema sopabobista que favorece la vagancia y el no trabajar para el ciudadano sino para poder estar vuelta y vuelta en el sofá sin salir a la calle y buscar adeptos. Parte de mi propuesta de revolución, de hecho la primera, sería luchar con denuedo para que con mis impuestos no.

Pero no queda todo aquí. Porque en nuestro país, y esto es lo que nosotros afeamos al bueno de Dani Mateo como al resto de humoristas, es que en España no existe un modelo intelectual, dentro del cual incluimos a los humoristas del calado y la índole que sean, que se caracterice por su independencia y su crítica al poder independientemente del bando al que pertenezca. Aquí, lejos de una prensa crítica e informadora, una intelectualidad sana y contestataria y un humor radical con todo aquel que lo haga mal, hay propagandistas. Porque cuando el chiste, la crítica, la reflexión mediocre y supuestamente sesuda van siempre y únicamente en la dirección que le marca el que lleva las riendas, lo que hace es crear una corriente de opinión teledirigida. Eso se llama adoctrinar; eso se llama ideologizar y eso se llama hacer propaganda.

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here