Cada vez que uno se enfrenta a una nueva novela, una nueva película, obra de teatro o lo que sea, siempre se queda con el regusto amargo de que ya lo había visto o ya lo había leído. Cae en la cuenta de que no hay ideas originales y que está todo inventado. Cuando uno viaja (lo que es, por cierto, un gran antídoto para el nacionalismo) a lugares donde antaño habitara alguna gran civilización, le asaltará, en uno u otro momento del viaje, la sospecha de lo poco que hemos avanzado. Cuando uno se zambulle en los pensamientos de antiguos filósofos clásicos, se da cuenta de que no hay idea original sino lecturas actualizadas de los pensamientos de los que de verdad fueron grandes pensadores. De hecho, aunque la veamos como un mal endémico de nuestra época, la demagogia existe desde la época de Aristóteles, quien decía de ella que era una forma corrupta o degenerada de la Democracia. No seremos nosotros quienes desdigamos a Aristóteles.

“Cada vez que uno se enfrenta a una nueva novela, una nueva película, obra de teatro o lo que sea, siempre se queda con el regusto amargo de que ya lo había visto o ya lo había leído. Cae en la cuenta de que no hay ideas originales y que está todo inventado”

La Democracia más pura, de hecho, se dio en la antigua Grecia. Era un modelo democrático peculiar pues no existía la participación como la conocemos, sino que todos los cargos iban siendo ocupados alternativamente por cada ciudadano. Haciendo, además, que la soberanía popularfuese absoluta. Pero este modelo democrático, como pueden imaginarse, no sobrevivió demasiado tiempo. Porque, para poder darse, ha de haber una escasa población y altamente cualificada, para resolver los problemas que se deducen de dicho modelo. Así que, poco a poco, aquella democracia primigenia se fue bastardeando hasta llegar al modelo populista demagógico de nuestros días. Un modelo que se ha dado, en mayor o menor medida, en todos los países de nuestro entorno. Un modelo que, si bien es conocido como el menos malo, tampoco es la panacea.

Pero, para no irnos demasiado lejos en nuestro análisis, nos centraremos en nuestro país. Podemos ver cómo se está imponiendo la dictadura de las minorías. Al tener que pactar con muchas fuerzas políticas minoritarias para dar la suma de escaños necesarios que le permitiese llegar al gobierno, Pedro Sánchez, se debería haber visto obligado a convocar unas elecciones inmediatamente. Sería lo lógico. Pero no lo hizo y ahora está atado de pies y manos con la ligadura de las promesas hechas a sus aliados. Así,mientras va cediendo a las peticiones del oyente, él dice que va gobernando. Pero son precisamente estas peticiones del oyente la base de un gobierno de minorías. Así, si a un aliado se le ocurre determinada idea, él la toma para su gobierno y hace lo que pueda para llevarla a cabo. Estamos, pues, en manos de los minoritarios ocurrentes aliados del gobierno aunados en una mayoría cualificada.

“Estamos, pues, en manos de los minoritarios ocurrentes aliados del gobierno aunados en una mayoría cualificada”

No han sido pocas las veces que desde aquí nos hemos quejado de la estulticia teledirigida de nuestra sociedad. Una estulticia que hace que algunos crean ser el ombligo del mundo, la reina de Inglaterra o el infante vengador. Que hace que algunos piensen que son perfectos, que sonlos número uno en todo. Pero esta es una estulta sociedad en la que, si rascamos un poquito su superficie, podremos ver que el fondo es un páramo putrefacto de basura intelectual e ideologías podridas que lo impregnan todo. Es este el motivo por el que nuestro sistema político no funciona. Porque los políticos no son más que el reflejo de la sociedad que representan. Si nuestra sociedad está enferma por sustentarse en el páramo antedicho, por más que intentemos pulirla, no puede salir nada bueno de ahí.

Por más que nuestros gobernantes hayan sido elegidos por los ciudadanos, tal como decíamos arriba, de esta sociedad no puede salir ninguno bueno. Evidentemente el hecho de elegir a nuestros representantes no es el fallo en sí mismo, sino que lo es la sociedad a la que representan. Una sociedad intelectualmente tísica. Si de entre una sociedad ignorante se elige a los representantes, estos no seráninteligentes y capaces. Aunque sus acólitos se desgañiten intentando demostrar la inteligencia y capacidad de su líder.

“Evidentemente el hecho de elegir a nuestros representantes no es el fallo en sí mismo, sino que lo es la sociedad a la que representan. Una sociedad intelectualmente tísica”

Decíamos antes que está todo inventado. De hecho ya dejó dicho Antístenes, padre de la escuela filosófica cínica, a los atenienses, que había que nombrar a los asnos caballos, a lo que ellos contestaron que eso era absurdo. A lo que el gran pensador griego contestó: “sin embargo, también los generales surgen de entre vosotros sin ningún conocimiento, sino solo por ser votados a mano alzada por vosotros”

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