Pensando en los grandes dones que nos han sido entregados, quizá el más importante de cuantos poseemos los seres humanos, sea el de sentir. Así, sin más, sentir. Tristeza, alegría, placer, dolor, lo que fuere, pero sentir. Además, tener capacidad de raciocinio que nos permite reflexionar acerca de todo lo que nuestros sentidos ponen ante nosotros, sería algo así como la guinda al pastel de ese don. Ciertamente, la capacidad de observación, introspección, análisis, síntesis y, a partir de todo ello, de poder elaborar una premisa sobre la cual edificar nuestros principios y creencias, es de vital importancia para nuestro desarrollo intelectual.

Para poder apreciar todo lo que se nos ha puesto a nuestro alrededor necesitamos de nuestros sentidos. Sin ellos, seremos incapaces de extasiarnos ante nada. Nos darán igual, por tanto, ver una maravilla casi milagrosa obra de la naturaleza como una obra de arte hecha por el ser humano. Un edificio, un poema, un paisaje, una película, una canción, lo que sea, necesitan ser percibidos y admirados, si no, perderán parte de su esencia, su razón de ser. La importancia de nuestros sentidos es tal que es lo que nos diferencia de una araña cuando contemplamos, por ejemplo, un cuadro de Goya.

Ahora bien, para que los sentidos estén adecuadamente afinados y poder llegar al paroxismo del sentimiento, deben entrenarse. Este entrenamiento requiere de gran empeño y constancia. Tenemos, por lo tanto, que ir afinando los sentidos poco a poco a lo largo de nuestra vida. Ir poniéndolos frente a obras que nos permitan, a través de la comparación de las sensaciones que ellas nos producen, elaborar nuestro fondo de armario artístico. Cuanta más exposición de nuestros sentidos a la belleza, mayor capacidad de análisis tendremos ante lo que nos rodea o nos quieran mostrar. Cuanto mayor sea esto que hemos denominado fondo de armario, más capacidad de análisis tendremos. Ese fondo de armario no es otra cosa que la cultura que todos poseemos. Cuanto mayor sea, más culta será la persona y, cuanto más cultas sean las personas, más culta se volverá la sociedad.

No se nos ocurre otro modo de combatir el gato por liebre cultural con que ahora nos obsequian por todas partes. Cuanta menos exposición al arte haya disfrutado una persona, mayor facilidad de pervertir su alma con nimiedades. Cuanto menos haya ejercitado su capacidad de análisis y reflexión, más fácil será engañarlo con baratijas intelectuales. Es por este motivo por el que ninguno de nuestros gobernantes ha puesto especial énfasis en la cultura. Si bien, mientras los unos la ningunean, los otros la usan como propaganda. De este modo nos muestran sus garabatos intelectuales y, al poder pervertir nuestras almas y nuestros cerebros, nos hacen creer que son maravillosos. Es por este motivo por el que la sociedad actual es la más ignorante, la más adoctrinada y, en consecuencia, la más polarizada de la democracia. Porque, al ser incapaces de reflexionar, cualquier mentecato que diga dos patochadas nos parece el nuevo Sócrates.

Lo peor de ser el último en enterarte de que la fiesta era de disfraces es la cara de imbécil que se te queda. Lo peor de ser el único capaz de pensar por uno mismo es que acabas por darte cuenta de la ablepsia intelectual que sufren a tu alrededor. Algo que ya en el siglo XVIII debieron sentir Diderot y d’Alembert cuando decidieron hacer un compendio de todo el saber en su maravillosa enciclopedia. Pues entendieron que,  poniendo todo el saber a disposición del común de los mortales, les darían la luz. Sacándolos de la oscuridad en que su sociedad estaba inmersa. Porque, aunque pareciera que se nos ha olvidado, hace trescientos años entendieron que el saber es el faro que nos debe guiar en medio de esta densa niebla de estulticia con que siempre nos han manejado los poderosos. Deben volverse a encender las luces de nuevo y que muera la oscuridad de una vez por todas. Que la falacia deje de ser dogma de fe y que la demagogia abandone, de una vez por todas, nuestros discursos y nuestras vidas. Porque únicamente dejando entrar claridad y aire fresco acabaremos con este mundo gris. Dejaremos de vivir en blanco y negro.

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