Cada día que pasa podemos ver con mayor nitidez que las palabras de Nietzsche son ciertas. El filósofo decía que un político divide a las personas en dos grupos: los instrumentos y los enemigos. Si nos detenemos a mirar alrededor podremos ver que esto es así. Nos atreveríamos a añadir que, si además se consigue que el país esté polarizado, como es el nuestro, esta dicotomía será más apreciable aún. Cuánto más polarizado esté el país, mejor para los fines del político de turno. Pero mejor también para sus acólitos que sabrán posicionarse. Los políticos usan todo lo que está a su alcance en su propio beneficio. De hecho, históricamente la cultura y la educación han sido utilizadas para idiotizar al personal y para, desde cada grupo ideológico, conseguir sumar más instrumentos a la causa, con el fin de que repitan los mantras del líder sin discusión y sin que se planteen dudas. Lo que, de toda la vida, se ha llamado adoctrinamiento.

“Cada día que pasa podemos ver con mayor nitidez que las palabras de Nietzsche son ciertas. El filósofo decía que un político divide a las personas en dos grupos: los instrumentos y los enemigos. Si nos detenemos a mirar alrededor podremos ver que esto es así.”

El ejemplo más claro de este adoctrinamiento lo podemos observar en las redes sociales. Veremos a los ignorantes y, por tanto, adoctrinados perrillos de Pavlov ladrar como locos mostrando su apoyo al gurú afín y babear rabiosos ante cualquier noticia que deban neutralizar y destruir del gurú rival. Todos ellos saben lo que tienen que ladrar o decir. Pues les han enseñado desde hace mucho tiempo qué es lo que deben pensar, cuál ha de ser su ideología y en qué deben creer por encima de todo. Todo ello buscando el beneficio del político, lógicamente, no van a buscar el bien común.

Si observásemos detenidamente cómo se gestiona un país nos daríamos cuenta que no es del mejor modo posible. Ante cualquier problema que surja, siempre la solución será crear nuevos impuestos. Ante un error del gobierno, se penalizará al ciudadano. Un ciudadano que tendrá que rascarse aún más el bolsillo para solucionar el entuerto. Un entuerto provocado por el político de turno pero cuya responsabilidad diluyen entre los millones de hombros que formamos la ciudadanía. El modo de actuar siempre será el mismo, o muy parecido. Los gurús político económicos lanzarán el mensaje. Los perrillos de Pavlov recogerán el testigo y harán su trabajo ladrando como locos. Para que, posteriormente, los instrumentos que les sean afines, repitan el mensaje dotándole de mayor alcance. Son, pues, instrumentos usados para crear una corriente de opinión afín al mensaje lanzado por su gurú. Este asunto es bastante común en el día a día político de nuestro país. De este modo, por la idiotización y adoctrinamiento del personal se alcanza la perseguida polarización. Así usarán a sus instrumentos para su propio beneficio, como es lógico.

“El ejemplo más claro de este adoctrinamiento lo podemos observar en las redes sociales. Veremos a los ignorantes y, por tanto, adoctrinados perrillos de Pavlov ladrar como locos mostrando su apoyo al gurú afín y babear rabiosos ante cualquier noticia que deban neutralizar y destruir del gurú rival.”

Si en una casa hubiera un problema económico, probablemente la solución nunca pasaría por pedir un aumento de sueldo a nuestro jefe, porque en la mayor parte de las ocasiones no lo concederá. En una casa se cuenta con determinada cantidad de ingresos. Cantidad inamovible, o casi inamovible, que servirá de delgada meta a la que tendremos que ajustar el cálculo de los crecientes gastos. Éstos gastos tendrán que ser optimizados ante cualquier eventualidad surgida en nuestros ingresos. En una empresa, por su parte, ante un imprevisto que interfiera en los beneficios puede que se ajusten los gastos, lo que suele repercutir en la situación laboral de los trabajadores. Pero también puede que se intenten aumentar los ingresos mediante el incentivo de la producción. Lo que puede hacer que crezca pero que necesariamente conllevará un desgaste del personal, si no hay nuevas contrataciones. En un país, en cambio, si se produce una eventualidad, por grave que sea, no se ajustarán jamás los gastos. Menos aún los que derivan del mantenimiento de los beneficios de las clases más privilegiadas. Lo que, en cambio, se hará será aumentar los ingresos por la vía rápida del incremento de la presión fiscal.

Una vez que nos percatamos de que esto es así, entre las preguntas que nos surgen, una sería ¿qué buscan con este aumento de impuestos? Antes de responderla, observemos someramente cómo se llevó a cabo la gestión de la crisis económica más grave que ha sufrido nuestro país, el país de al lado, y la madre que parió a todos los países, y veremos que, como dice el viejo dicho, la mierda resbala hacia abajo. Cayendo encima de los perplejos rostros de los ciudadanos que somos los que hemos soportado los vaivenes de la crisis. Somos los que hemos perdido nuestros puestos de trabajo. Los que hemos visto menguar nuestras nóminas, hasta el absurdo, por el ajuste que había que hacer a cuenta de la crisis. Mientras, por su parte, los políticos, el desgaste enorme que han sufrido ha conllevado la devaluación de su imagen. Pero nada más. Ellos, como hemos comentado anteriormente, únicamente buscan su beneficio. Así que todas las acciones llevadas a cabo las hicieron para mantener su status y privilegios. He aquí la respuesta a la anterior pregunta formulada: aumentan los impuestos para no tener que disminuir sus beneficios y prebendas. Es decir, por su beneficio.

Dentro de los tan manidos presupuestos generales del estado, que todos deberíamos mirar y fiscalizarlos, hay partidas presupuestarias que son más o menos discutibles dependiendo de la ideología del que los observa. Hay partidas que son discutibles, como son las que se conceden a determinados estamentos. Pero al echarles un vistazo, veremos que, con nuestros impuestos, pagamos a todos los partidos políticos, sindicatos, confesiones religiosas, familia real, organismos, asociaciones, organizaciones… Todo ello está financiado por los impuestos que pagamos entre todos. Todo corre por nuestra cuenta. Habrá gente a la que le parezca correcto y otros a los que les parezca una aberración. A nosotros lo que nos parece es que, si se paga a alguien por no hacer nada, se está financiando lo que denominamos “el sopabobismo”.

“A nosotros lo que nos parece es que, si se paga a alguien por no hacer nada, se está financiando lo que denominamos “el sopabobismo”

El sopabobismo no es más que, como dice el viejo dicho, vivir de la sopa boba. Todos esos organismos, asociaciones, y demás deberían trabajar por la gente y, como fruto de su trabajo, recibir sus emolumentos. Exactamente igual que todos nosotros. Eso sí, si alguien quisiera financiar a determinado partido, sindicato o asociación que fuere tendría que poder hacerlo de manera voluntaria. Pero no es concebible, en ningún caso, financiar al partido que voto y a su contrario. Así, optimizando los ingresos derivados de los impuestos y evitando la financiación sopabobista actual, se conseguirían dos cuestiones muy importantes. Por un lado, optimizaríamos gastos. Por otro lado, al evitar el sopabobismo, haríamos que todas esas asociaciones, organismos, sindicatos, etc, se pusieran en movimiento. Que salieran de una vez por todas a la calle a trabajar. Que buscasen financiación convenciendo, seduciendo y conquistando a sus afines. Conseguiríamos que, de una puñetera vez, se haga algo en este país buscando el bien común, no el de unos pocos.

Todo el mundo tiene sus derechos, pero también sus obligaciones. No es cuestión de negarle el derecho a existir a nadie. En absoluto. Se trata de enseñarles sus obligaciones que son las mismas que las nuestras, ni más ni menos. Haciendo que todos esos organismos, asociaciones y demás trabajen conseguiríamos que comenzasen a luchar efectivamente por la gente; a seducir de manera real a los ciudadanos; a persuadir a los posibles votantes; a complacer a nuestros vecinos. En fin, trabajar buscando clientes. Que hagan ver a la sociedad la importancia de su existencia y que persuadan, seduzcan, luchen y trabajen por la ciudadanía. Como fruto de ese trabajo, que redundará en nuestro beneficio, que cada uno gane lo que tenga que ganar. Bien ganado estará. Pero, por favor, basta ya de sopabobismo. Acabemos con ello de una vez.

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