La ciencia avanza a pasos agigantados. Esto es una verdad irrefutable. No hay más que echar la vista atrás, escudriñar nuestra infancia y darnos cuenta de cómo ha cambiado nuestro día a día. Percatarnos de que cuestiones que eran producto de la imaginación más calenturienta de malévolos guionistas de Hollywood, son hoy materia de estudio o artículos sin cuya existencia no sabríamos vivir. Pienso, por poner un ejemplo nada más, en mis adorados Superagente 86 o  Mortadelo y Filemón y sus zapatófonos y en los móviles que todos tenemos.

Nunca habríamos imaginado ser testigos de cuestiones como la clonación animal, ni imaginarnos qué es eso del Bosón de Higgs. Soñar con un acelerador de partículas o mirar el envío a Marte de robots mecanizados estaba fuera de nuestro alcance. Pero tampoco podemos llegar a comprender las declaraciones que han hecho algunos eminentes doctores. Declarando que están en camino de vencer la vejez e incluso la muerte. De haber visto películas que narrasen esos inventos nos hubiésemos reído displicentes ante la calenturienta imaginación del autor o habríamos despotricado con los amigos, delante de una caña de cerveza, la absoluta imposibilidad de llegar a cada uno de estas metas. En cambio, hoy son realidades.

Realidades que son coprotagonistas en las noticias que, junto a la multitud de sucesos que nos cuentan, son primera plana en todo el mundo. Realidades que, en algún caso, se han quedado obsoletas ya. Otras quedarán en cuestión de meses o semanas. Porque van perdiendo vigencia a cada segundo que pasa. Realidades que avanzan raudas en una dirección que, para nosotros, no es sino ciencia ficción o ni siquiera. Pero que en unos años, quizá menos de los que pensamos, serán nuevas realidades. Conformarán un nuevo escenario vital. Una nueva sociedad. El tiempo no se detiene y los avances científicos van de la mano del segundero.

A medida que están leyendo estas líneas habrá más de un científico investigando sobre asuntos tan complejos, al menos para nuestra mente, como la ingeniería genética, la nanotecnología, la robótica o la biotecnología. O sobre cuestiones que aún somos incapaces de imaginar. No sería de extrañar que esas investigaciones dieran frutos en no mucho tiempo. Unos frutos que probablemente nos dejarán atónitos y boquiabiertos ante nuestras pantallas al ser primera plana próximamente. Un avance que nos parece maravilloso y necesario. Un avance, de hecho, que esperamos con ganas y suma atención.

La cuestión que nos tiene desasosegados y que nos sume en tristes pesquisas es que no sabemos si estamos preparados para todo ello. El que nos lea habitualmente sabrá que continuamente hablamos de la incapacidad intelectual y cultural de nuestra sociedad. De la tabarra que damos con la importancia de la cultura y la educación para que nuestra sociedad crezca. Pero es algo absolutamente necesario a día de hoy. Estamos avanzando a niveles interestelares y cultural, intelectual y socialmente estamos en pañales. Así que la respuesta a la pregunta que nos formulamos una y otra vez queda claramente resuelta: no. No estamos en absoluto preparados.

Hace unos años, no muchos, nos cogió casi por sorpresa la llegada de internet y las redes sociales. Tan de improviso vinieron sendos avances que los gobiernos tuvieron que legislar sobre la marcha al respecto. Aún hoy en día hay reuniones para saber cómo llevar a cabo el control a todo este desbarajuste digital que nos ha cogido con la guardia baja. Nosotros pensamos que, a la velocidad que va todo, la ciencia lleva en su avance una ventaja enorme a la sociedad. Una ventaja que, de no ponernos manos a la obra, llegará a ser insalvable. Porque avanzamos mucho en asuntos como la creación de órganos que puedan llegar a suplantar a un órgano maltrecho pero ¿estamos ética y moralmente preparados para estos avances? ¿Sabemos las consecuencias de no tener preparadas las bases sociales, morales, filosóficas, culturales, éticas y políticas para estos nuevos tiempos? ¿Sabemos las dimensiones de los nuevos escenarios?  ¿Somos conscientes que las redes sociales saltan todos los muros y fronteras? Estamos viviendo el mañana mientras se legisla ayer.

Este es el meollo de la cuestión. Mucho nos tememos que no estamos preparados ni ética, no filosófica, ni moral, ni cultural, ni social, ni políticamente para afrontar los vaivenes que nos va a provocar el avance científico. Unos avances que, si no los tomamos en cuenta con seriedad construir estas bases, nos volverán a coger con el paso cambiado y harán de nosotros poco más que cromañones manejando automóviles. Unos vehículos que, con la adecuada destreza y con el conocimiento necesario, son de mucha utilidad pero que, manejados sin la pericia ni la sabiduría necesaria, serán un riesgo para todos.

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