Cuentan que cada vez que el filósofo Immanuel Kant hablaba de la Ilustración, decía que su lema era: «atrévete a saber». Refiriéndose al saber desde un escenario de libertad de pensamiento y, por supuesto, de libertad de expresión. Es únicamente de este modo, sin trabas, sesgos ideológicos o intereses peregrinos, que el saber podría trasmitirse de un modo sano y acabaría por llegar limpiamente al individuo de destino, el ciudadano. De este modo, desde la libertad de pensamiento y expresión, es desde donde se haría posible El Progreso cultural. Un progreso bien entendido, un progreso que nos llevaría a una civilización avanzada. Un progreso, pues,  como sinónimo de avance y futuro y no uno basado en medias verdades, mentiras absolutas o silencios interesados.

De la Revolución científica y de la Era de la Razón proviene aquel período denominado Ilustración llegando a su apogeo durante el liberalismo clásico de la primera mitad del siglo XIX. Pues bien, durante ese periodo se intentó aglutinar todo el saber y ordenarlo de un modo que permitiera su clasificación y ofrecérselo al ciudadano medio. Porque uno de los principales objetivos ilustrados era que ese saber pudiera ser llevado al gran público. Alejarlo de lugares oscuros y tenebrosos y ofrecerlo con luz a la gente. Desterrando de este modo la ignorancia popular y conseguir una nueva era de ciudadanos críticos y formados. Pues de esa manera era como se entendía que era posible el avance de los pueblos, el progreso de las civilizaciones y conseguir llegar al Estado ideal que imaginaban.

La manera en que intentaron aglutinar ese maremágnum de ideas fue agrupándolas en cuatro temas fundamentales. A saber: razón, ciencia, humanismo y progreso. Esas cuatro ideas aglutinaban todo el saber pero había un montón enorme de términos e ideas que ordenar. Un inmenso crisol de definiciones que aclarar. De modo que D’Alembert y Diderot dieron con la solución al concebir la Enciclopedia. Siendo éste el paradigma de un saber accesible y comprensible para el ciudadano. Toda esa gran aventura del Saber, así en mayúscula, nos hace reflexionar sobre el estado actual de la educación y la cultura. Porque, si con unos medios precarios e insuficientes consiguieron llevar nuestra sociedad a una época de esplendor cultural, ¿qué hubieran conseguido aquéllos próceres de haber tenido a su alcance una herramienta como internet?

Pues, nosotros como herederos de aquélla idea de progreso desde el saber y la cultura, entendemos que aquellos pensadores estaban en lo cierto. El error fue que no cayeron en la cuenta de un mal que nos acecharía a las sociedades subsiguientes: el ansia de poder. Un ansia de poder que llevó a los poderosos a querer manipular y manejar el saber que llegaba al ciudadano para, lejos de ilustrarlo, adoctrinarlo. En vez de igualar la sociedad, polarizarla dividiéndola en ellos y nosotros. En malos y buenos. Para, en lugar de iluminar conciencias, ensombrecerlas teledirigiendo la educación y la cultura. Con la meta de llegar a «desilustrar» la sociedad. Utilizando para ello todas las herramientas que tienen a su alcance, que no son pocas: desde parvularios, colegios, institutos, universidades, y todos los medios de información en general. Retomando lo dicho por el filósofo prusiano, nos atrevemos a gritar a la sociedad: «¡Atreveos a saber!».

1 Comentario

  1. A los políticos les interesa que haya gente inculta para que no puedan permitirse cuestionarse nada y hacer con ellos lo que quieran.

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