Hay artistas que van más allá de sus creaciones. Así, Pablo Picasso a mediados del XX descosió las costuras de la pintura o el Warhol de la Factory en el Nueva York más pop saltó del mero ámbito creativo para volverse una verdadera figura icónica de la Sociedad que le acogía. Algo parecido se puede considerar que está sucediendo en los últimos años con el artista conocido como Banksy. Admirado por el público, valorado por los marchantes y mimado por la crítica, por ejemplo la británica Hettie Bingham acaba de publicar “Banksy. El arte rompe las reglas”, donde ahonda en la figura del artista con claros tintes hagiográficos. Porque claro, quien podría osar criticar una figura como la de Banksy. Tan rompedor. Tan especial.

Pero retrocedamos a Bristol, en la década de los 90´s. En una ciudad en ebullición, el arte callejero sacude los cimientos de la ciudad, con una multitud de jóvenes inconformistas dispuestos a dar rienda a sus inquietudes artísticas, como el conocido como 3D o el grupo “DryBreadZ” (DBZ), que con sus graffitis estilo costa este americana decoran a base de spray las calles de su ciudad. Y es que se supone que de ahí surge Banksy. ¿Pero quién es Banksy? Es más… ¿“Existe” Banksy como persona física o es un colectivo? La verdad es que quien o que sea carece de relevancia. Pudiera ser Robin Gunningham. O no. Lo que está claro es que parte de Banksy es Steve Lazarides, su agente, mentor y “creador”, un antiguo fotógrafo reconvertido a publicista que le acompaña desde el principio habiendo gestionado su página web donde colgaba las imágenes de todas sus creaciones (algunas de ellas ya desaparecidas).  Lazarides ha ayudado a organizar los stunts que consistían en colarse en los museos más famosos del mundo y colocar sus obras en ellos de forma clandestina pero como si fuera un hecho conocido por los responsables, como sucedió en el Museo de Historia Natural de Londres o en el propio Museo Británico. Una performance 3.0. Su primera exposición “comercial” tendría lugar en un barco-restaurante, el Severnshed, consiguiendo así diferenciarse de otros artistas callejeros y dando una calculada patina de seriedad y respetabilidad da su obra.

Ya sea un artista que gusta de provocar o un provocador haciéndose pasar por artista, la realidad es que ha conseguido enfrentar a los críticos de arte con sus propias contradicciones. Capaz de una jugada tan osada como publicitaria al exponer sin permiso en algunos de los Museos más famosos del mundo, o diseñar una portada de un disco del grupo de música Blur que se ha convertido en símbolo, se podría pensar que todos su pasos han sido diseñados premeditadamente para lograr una relevancia en el stablishment que supuestamente pretende horadar. Tras sus exposiciones de L.A, New York o Bristol, los museos empiezan a interesarse por sus creaciones, llegando a alcanzar algunas de sus obras los casi dos millones de euros en las subastas. De la calle a los museos y de los museos al merchandising.

Pero Banksy no sería Banksy sin su capacidad de sorprender y su compromiso político, ya sea con sus obras en el muro que separa Israel de Palestina, en Londres en su crítica a los Juegos olímpicos que se van a celebrar en la capital inglesa o en Gaza en una vivienda destruida por el conflicto bélico. 2017 ciudad de Belén en Israel.; The Walled Off, un hotel de lujo inagurado hace pocos días con vistas al muro de separación con los territorios palestinos, es decorado por el artista británico, con multitud de dibujos y símbolos. ¿Creación puramente comercial o una forma de remover las conciencias de los visitantes?, pues como la propia identidad de Banksy, nada es blanco ni es negro.

Banksy va más allá que el propio artista. Es un repositorio de arte canibalizado por el personaje, que igual crea obras de teatro como la titulada ”’Banksy: la habitación en el elefante” (presentada en el Festival Fringe de Edimburgo), que firma best sellers como “Wall and Piece” (Pared y Pieza), recopilatorio de sus obras escritas, o incluso publica recopilatorios de otros artistas, como “Picture of Walls” (Pinturas de paredes). Y es que en Banksy todo lo que le rodea es controladamente confuso, pero lo que esta claro es como pocos artistas como él han sabido entender la globalización del arte y la importancia de las RRSS en su difusión. Artista admirado incluso por los que no admiran sus obras, ha dado un salto cualitativo al concepto “creador”.

Todo el mundo quiere a Banksy porque quizás todo el mundo, en el fondo, es Banksy.

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