Llevo en los artículos anteriores intentando decir que esta permanente contradicción en que nos vemos repetidos por los avances sinestésicos del mundo no nos permite exigir que la vida pueda resultar realmente bella. Toda belleza deriva ya de la interconexión de todos los elementos perdurables. Pero cada uno va por su lado, los bosques sólo piden agua, sin que ésta caiga, la astronomía está diseñada para construir una habitación de Trieste, estando ya Trieste en la partícula de Dios, la imagen copula con la inmensa mano izquierda de un neourbanismo donde el pensamiento puede ser lógico o ilógico, pero nunca demostrable. La mente humana ha desertado de la filosofía, siquiera la mágica, y hoy ya todo se produce en un cyborg que intenta ser culpado de su falta de amabilidad. No podemos pensar, puesto que nos están pensando. Sin embargo, take it easy.

Esta tierra de incendios –neurología de las manos manchadas de ayer- hoy burbujea entre las distintas emociones estilísticas que se producen en una equivocada mixtura entre la ética política, el Hércules de los valores económicos, las investigaciones del genoma humano y una nanotecnología que supera ya la existencia de toda inteligencia. Estas desestructuras de las diferentes novelas negras del mundo derivan en un nudo gordiano que todavía no sutura una realidad que creemos ya definitiva. Un mentís.

Yo creo que ya no nos atrevemos a observar el pasado, pues éste ha sido alcanzado por una futurización que se signa instante a instante, zona a zona, Airbus a Airbus. Cuando yo pintaba, lo hacía al óleo, intentando descubrir una emoción que con toda probabilidad no estaba pintada. Ahora, desde mi casa de la bahía de Qingdao, me estoy dando cuenta que la pintura se anda de dedo contra pantalla. Lo que sale de ahí no es que no sea pintura, pero converge en algo que todavía no somos capaces de definir, como, por ejemplo, qué cosa es la cosa. Llegará un tiempo, no muy lejano, en que el Arte y la Poesía no sean derramados por las camas, pues los poetas y los pintores de ayer, yo mismo, habitarán la marginación y la negabilidad. No hay tiempo para el optimismo, pues las formas duras del mundo no son conscientes de que deben coexionarse en la misma canción tecnológica.

La política, que no es lógica ni ética, no dibuja el archivo del tiempo virtual para conceder al hombre un mensaje feliz. Todo político se entrelana en esa cisión. Lo político y lo financiero desaparecerán en el marco de su propia absurdidad, porque todo lo que es absurdo parece que no es absurdo, pero en el fondo se declara sin fondos, carente de excepciones, desde la cercanía de un estancamiento que se diseca en el mismo punto que empieza y ya de por sí se acaba. Esta absurdidad delata todo principio de enaltecimiento de cualquier construcción, en fechas de las seis de la tarde, cuando todo comienza para desvelar todo principio de inacción. Mientras el mundo va avanzando –en esa correduría que es la metamodernidad- el hoy ya está superado y así vamos desarrollando teoría tras teoría, la cual contradice una a la otra, la desafina, la absurdiza, hasta penetrar en los parámetros de una objetividad bastante mal regulada. Al final de todo, que ya es todo comienzo, todas estas muertes pequeñas –o magníficas según se vayan leyendo los días del calendario- van posponiendo todo encuentro de la vida con la propia vida, la cual calcula su senescencia así como va ocurriendo el folclore de los relojes. Todo invento que se realiza va saldando el senescal de este futuro donde todos nos vamos a volver a encontrar, pues, aunque el destino no exista –acaba desde el mismo momento en que sólo es imaginado-, persiste la idea de que hay que ir movilizando la salicina de un tiempo que en principio debe concurrir de un modo más sano, más sencillo, más eficaz. Pero aquí se revolean las grandes contradicciones de una historia reciente, pues hay un Todo en que las diferentes Nadas convergen. No hay una pantalla digital en que todo se ve o se escuche de la misma manera, dado que el revuelvepiedras siempre se alimenta de diferentes moluscos y nadie es capaz de advertir que estamos en el mismo mundo y no en todos los mundos que estamos construyendo a la par que tantas visiones tengamos de la diferencialidad. ¿Hemos renunciado a la inteligencia?

Acaso nos movemos –y lo digo yo, que pinté el movimiento- en tantas fases como principios espasmódicos van sucediendo y no hay tecnología urgente y proteácea que culmine en la aspéride de la libertad global. Perdura la marginación de quien no esté conectado a esta sabiduría astral en que ya estamos instalados y llega el tiempo en que el ejercicio virtual desbancará a todos los procesos vitales: la política, los consejos de administración, el deporte, la emoción, la familia, la agonía, el escepticismo, la cultura, la muerte. Ya no moriremos, porque lo habremos hecho antes de que la muerte se visualice como punto final de todo lo ocurrido. Morir consistirá en la prolongación de una masa del Universo en que concurramos y nos apeemos como un satélite ya descubierto y todo lleno de agua y frutales. El mundo avanza a un galope de caballos blancos de Jerez y esto ya no hay quien lo detenga. Vendrán los hijos de mañana a salvarnos de las tumbas y de este modo entraremos en los circuitos de las redes de un micrómetro en donde seguiremos batallando por intentar explicar qué es la vida, por qué morimos y no lo hacemos, qué es el amor, por qué hemos renunciado a la poesía, de qué manera es la mecanización la que distribuye la riqueza por los pueblos, por qué se acabó la política, quién lo ha calculado todo de una manera tan exacta, pero tan inexacta a la vez, cuál va a ser el próximo segundo. Estoy pintando mi “Adoración al Cordero Místico” y la Catedral de San Bavón de Gante está construida sobre la antigua capilla de San Juan Bautista, una arquitectura de madera que fue consagrada en 942 por Transmaro, obispo de Tournai y Noyon. Tardará todo el abismo –un abismo que navega por Urano- hasta que todo lo que yo estoy haciendo vuelva a ocurrir, porque el mundo, mi mundo y el que está pairando en las alienaciones de una contradicción elemental y visceral ya visten de la misma manera o tan diferente, pero todo está caducando desde el mismo momento en que está siendo creado. Yo soy benedictino y mi hermano Jan también pinta. Esperaremos a ver mañana qué buenas noticias nos trae la digitalización de Numidia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here