El titular de este artículo empieza con una trampa desde su mismo comienzo. Te seré muy sincero, pues pienso serte completamente honesto a lo largo de estas semanas: Realmente solo necesitas ver UNA sola película de terror para comprender, entender y amar este género que muchos idiotas consideran menor. ¿Cuál? Tendrás que seguir leyendo, supongo.

Tampoco creo mucho en las listas. Y menos en el formato “cosas que ver antes de morir”. Resulta tétrico por su referencia a la muerte, lagarto lagarto, y suena a exigencia como leerse el Quijote o estudiar una carrera. Crea al lector una presión completamente innecesaria. Así que no consideres esta lista como unos deberes que tienes que cumplir antes de exhalar tu último aliento, joder. El cine se disfruta, no es obligación. Por eso incluí la coletilla “antes (o después) de morir”. Para daros un poco de margen. Si no la veis estando vivos, podéis verlas estando muertos. Ver una película siendo un espíritu no es lo más entretenido que puedes hacer siendo un fantasma, supongo, pero eso lo dejo a vuestra elección post-mortem.

Así que, teniendo en cuenta esto, y sabiendo que solo hay UNA peli de terror que tienes que ver antes o después de morir pasamos a las pelis de la lista. No son las mejores películas de la historia, son las películas que más me gustan de este género. Tú puedes considerarlas mediocres, paupérrimas o indignas de aparecer en una lista de este tipo. Supongo que tendrás que joderte o dejar de leer. Porque esta es mi lista. Y esta es la primera peli que os recomiendo:

“Las Colinas Tienen Ojos”, de Alexandre Aja (2006)

En cada peli que recomiende voy a pasar de aportar información técnica innecesaria sobre el reparto y demás porque existe Imdb. Solo decir que, como ya sabréis, “Las Colinas Tienen Ojos” de 2006 es un remake homónimo del clásico de los 70 de Wes Craven. Tras este dato, y como decía mi abuela: Vamos al turrón.

Si la he incluido en esta lista es porque la película del realizador francés Alexandre Aja sirve a la perfección para desmontar la absurda creencia de algunos críticos de considerar el terror y el fantástico un género de baja estofa, una sucesión de sustos y salpicaduras de sangre, aliñados con un par de desnudos y bastantes puñaladas. Es eso, sí. Pero también mucho más. De hecho, considero el realismo, la afrontación directa de la realidad, una forma cinematográfica mucho menos valiosa audiovisualmente que el género fantástico o de terror. Porque estos géneros, que se entremezclan y confunden, nos hablan de manera metafórica de los miedos, temores y lugares más oscuros y universales de la sociedad que vio nacer la película. Y no lo hace como el cine realista, poniendo el problema de frente, sino que lo hace con el uso de la forma narrativa primigenia por excelencia: La parábola. Lo era para Borges, lo es para Guillermo del Toro, así que a los que consideran el fantástico un género menor que les follen. No podéis contradecir a Borges, cabrones.

Después de este alegato encendido por este género que es necesario reivindicar, vayamos a la película. Y para entender su significado social profundo y por qué está incluida en esta lista necesitamos conocer su argumento. “Las Colinas Tienen Ojos” cuenta la historia de una clásica familia norteamericana que recorre el país en autocaravana. Es un grupo familiar que parece perfecto, la encarnación prototipo del american way of life, y puede que lo sean; pero desde el comienzo de la película, con la presentación de los personajes, se nos da una pista que siembra el hecho de que no nos hallamos únicamente ante una peli de sangre y susto fácil. El padre de familia, Gran Bob Carter, conductor inevitable de la autocaravana y macho alfa del grupo, se confiesa republicano y defensor de las armas. Seguramente hoy votaría a Trump. Es la primera vez que viaja con el novio de su hija, el protagonista de la cinta, un intelectual progresista de ideas completamente contrarias a la de su nuevo suegro.

Tras perderse en un desvío en medio del desierto, llegan a un lugar que fue antaño un campo de pruebas atómicas del gobierno norteamericano, un sitio hollado de muerte y abandono, en el que la familia perfecta termina por equivocación.

Unos pinchos en la carretera revientan las ruedas del auto y empieza el caos.

(Vienen spoilers que son fundamentales para el análisis. Si no quieres leerlos, no continúes).

La familia se ve entonces perdida en mitad de la nada, rodeada de unas siniestras colinas que parecen estar mirándolos, vigilándolos. El american way of life aislado en un lugar inhóspito en medio del desierto y las montañas, un lugar peligroso… Que se convertirá en infierno al caer la noche, cuando bajen de las montañas unos locos asesinos y deformes que les atacan, violan a la chica, queman viva a parte de la familia y secuestran a un bebé.

Vale. Stop. Si te estoy contando la película es por un motivo. Calma. Lo entenderás, creo.

Después del violentísimo asalto, una de las secuencias más crueles y directas que he visto nunca, ocurre algo. Un pequeñísimo detalle de realización que te puede pasar por alto la primera vez que ves la película, un gesto mínimo. Pero es ese gesto el que contiene la semilla ideológica y el significado real de toda la cinta. El detalle es este: Tras masacrar a la familia, mientras huyen de nuevo a las montañas de las que salieron, uno de los asesinos coge algo que reposaba con orgullo en el capó de la autocaravana. Como digo solo es un detalle de un segundo pero fundamental. Uno de los asesinos surgido de las colinas roba una banderita estadounidense que el padre de familia había colocado en su automóvil para reafirmar su procedencia.

American Way Of Life.

Desde este momento, ya sabemos algo. De forma metafórica, la autocaravana y la familia representaba a la sociedad estadounidense. Ya lo sabíamos. Pero ese gesto de robar la bandera, que podría haber sido omitido por el director, sin embargo se encuentra en la película. Es remarcado sutilmente.

Después descubriremos que los asaltantes que atacaron el convoy de los protagonistas son a su vez una familia de mineros caníbales y mutantes que sufrieron los efectos físicos y la devastación causada por las bombas que lanzó el gobierno estadounidense en su tierra. De algún modo, los asesinos son víctimas de la violencia yanqui, enfermos reales y de odio contra una sociedad que destruyó su modo de vida y no les dejó nada a cambio.

Ahora el contexto social y político. La película se rodó después del 11-S, cuando todavía coleaban los efectos de la guerra contra el terrorismo en Afganistán e Irak, con decenas de muertos y soldados estadounidenses volviendo a sus hogares dentro de una caja. El paralelismo con la película es claro: “Las colinas tienen ojos” no solo habla de la tragedia de una familia sino de la situación que vivía Estados Unidos en los frentes de guerra en ese momento. Los mutantes asesinos que asaltan una caravana familiar salidos del desierto no son más que una metáfora de los guerreros afganos e iraquíes que emboscaban a los soldados norteamericanos llevándoles muerte y destrucción.

Pero ese es el tema de fondo, la parábola. ¿Cuál es la moraleja del cuento? ¿Cuál es la tesis y la opinión de los creadores de la película? Para eso tenemos que entender el arco del personaje protagonista, el intelectual de izquierdas, pacifista y antiviolencia que conocimos al principio y que se convierte en uno de los pocos supervivientes de la masacre. Su recorrido vital y moral durante la película nos dará una idea de lo que piensan sus creadores.

Doug, que así se llama el prota, abandono su congoja y cobardía al ver a su familia política muerta y toma la decisión de emprender la búsqueda del bebé raptado, la inocencia norteamericana en manos de sucios mutantes. Inmerso en territorio enemigo, en las desoladas colinas, el protagonista emprende un camino de violencia y pérdida de humanidad en el que, como Dustin Hoffman en “Perros de Paja”, dejará de lado sus ideales pacifista y tomará el camino de las armas y la fuerza bruta, llenándose las manos con la sangre de cualquier enemigo que se ponga en su camino.

Para acabar de entender del todo la parábola política que es esta película, hay un momento determinante. Doug llega al pueblo minero, post-atómico y derruido en el que viven los asesinos endogámicos que secuestraron al bebé. Allí, solo en medio de la destrucción que creó el propio gobierno americano, Doug se interna en una casa de la cual procede una voz febril. Una voz que canta algo con ironía: El himno oficial de los Estados Unidos. En el salón de la casa, Doug encuentra sentado, sin apenas poder moverse, a un engendro humano, deforme, postrado en una silla por su hidrocefalia y sus miembros retorcidos. Mientras canta el himno, podemos ver que el mutante tiene en sus manos un objeto que ya hemos visto antes: La banderita de Estados Unidos de la caravana de la familia Carter, antes orgulloso, ahora mancillada por unas manos sucias y apenas humanas. La cosificación del sueño americano atacado y envilecido.

Es en este momento cuando se produce el mejor diálogo de la película, un monólogo del enfermo por radiación nuclear. Doug pregunta por el bebé. El mutante intenta justificar su actitud salvaje, violenta. Ellos y su familia de caníbales no son los monstruos, fue el gobierno americano con sus bombas quienes los convirtieron en los salvajes que son. Por culpa de ese gobierno, muchos de sus familiares, niños, perdieron la vida. Y nadie lloró por ellos. Ahora su venganza es acabar con cada norteamericano que se pierde por sus tierras… Este argumento, que podría ser sostenido por un terrorista islámico, nos sirve de contrapunto ideológico a nuestros protagonistas y nos plantea un dilema moral. ¿Son verdugos crueles o víctimas de un gobierno asesino?

Doug, nuestro protagonista, nuestros ojos en la película, se encargará de dar la solución a este dilema. Porque de esto va toda la película. No de sangre, no de subidas de volumen para que demos respingos en el asiento, no de bajas pasiones. La película habla de cómo se combate a un monstruo que nosotros mismos hemos creado. Y la reacción que tenga Doug en este preciso instante, tras el alegato de su enemigo, será determinante para conocer la posición ideológica de la peli: ¿Doug perdonará la vida al mutante indefenso? ¿No habrá perdón?

La solución no se hace esperar. El protagonista coge la bandera de Estados Unidos que los mutantes robaron de la caravana y se la clava en el centro de la frente asesinándole. El círculo así se cierra. El intelectual pacifista ha abrazado la violencia y el conflicto porque aunque los políticos estadounidenses hayan creado a esos salvajes del desierto, no dejan de ser salvajes que quieren destruirnos y acabar con nuestro sistema de vida. La película justifica la guerra como una legítima defensa.

Puedes estar más o menos de acuerdo con su tesis, puedes odiarla, pero “Las Colinas Tienen Ojos” se encarga de exponer ante ti una fácil parábola política sin tener que recurrir a elementos claramente bélicos ni marcharte a Irak o Afganistán. ¿Y sabéis qué? Su mensaje cala más profundo al estar oculto dentro de una supuesta insípida película de terror. Porque ante estas películas, ante la asunción de que son simple casquería, nos desactivamos intelectualmente y el mensaje nos llega más fácilmente.

El director, el fascista enloquecido de Alexandre Aja, consigue lo que quiere: Que aunque seas  como el protagonista, un convencido amante de la paz, terminarás participando de su deseo de venganza, sentirás ese ansia de violencia que probablemente en tu vida real niegues pero… Esto es solo una insípida película de terror, ¿no? Puedes permitirte ser un monstruo violento más y disfrutar con ello.

Por eso, el remake de “Las Colinas Tienen Ojos” es una de mis pelis favoritas. Este trasfondo ya se encontraba en el original de Craven llevado a la guerra de Vietnam pero creo que Alexandre Aja lo filma y cosifica mejor, con la crudeza del mejor Peckinpah.

(Y la lista continuará dentro de poco. Aunque recordad. Solo hay UNA película de terror, solo UNA, que debes ver antes o después de morir).

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