Fotografía Iván Casuso

Bailamos encima de los cascotes, obviamos nuestras ruinas. Aún proclamamos algún te quiero difuminado con nuestros sexos humedecidos. Pero a la mañana siguiente, frente al café templado, las miradas esquivan los desastres de nuestra convivencia.

Observamos, a una distancia prudente, las grietas, los desconchones, los escombros que poco a poco se van acumulando tras los marcos de las puertas y en las vigas principales.

Solo es necesario un poco de tiempo y unos cuantos arreglos, nos decimos. Quizá en Semana Santa o puede que en el puente de diciembre. Hacemos planes de futuro que anestesian nuestros miedos.

Tampoco es para tanto, nos mentimos. Apenas una mano de pintura y algo de cuidados. A fin de cuentas, ningún hogar es tal como uno lo imagina y todas las mansiones están idealizadas.

Volvemos a follar arrepentidos, después, poco a poco, soltamos nuestras manos y giramos nuestros cuerpos; tras las ventanas demolidas, las espigas parecen germinar verdes, afanosas.

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David Vicente
Escritor con varias novelas publicadas, he sido galardonado en varias ocasiones, como por ejemplo en el XLVIII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro por “Isbrük” (Editorial Pre-Textos, 2017). También colaboro como articulista en medios como Zenda, y actualmente dirijo la escuela creativa “La Posada de Hojalata” impartiendo talleres de escritura creativa, tanto dentro de ella como para diversas instituciones.

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