Un cuadro esconde en si mismo mucho mas de lo que en el se representa y al mirarlo, a veces además disfrutar del motivo pictórico, podremos encontrar alguna historia oculta detrás de él condicionada por las circunstancias de la vida del pintor al realizarlo. Esta historia escondida e invisible que acompaña siempre a la creación de una obra de arte cuando se desvela, puede transformarse en algo aún mas interesante que el propio motivo pintado.

Y la mejor manera para poder conocer esta historia invisible escondida detrás de los cuadros es acercarse de alguna manera a las circunstancias de la vida del pintor cuando trabajaba en ellos. Y en algunas ocasiones el haber padecido una enfermedad en un sentido tan esencial para pintar, como es el de la vista, puede ser la clave para encontrar esta historia invisible.

Una de estas historias se esconde, por ejemplo detrás la obra pictórica de Camille Pissarro. El pintor a partir de 1888 cambia los motivos de sus cuadros, y de pronto deja de reflejar en ellos los paisajes de la campiña francesa, que habían sido su tema favorito y comienza a pintar paisajes urbanos. Algunos marchantes de la época atribuyeron este cambio a un objetivo comercial por parte del artista, ya que coincide con el desarrollo urbano de Paris llevado a cabo por Haussmann, que dio lugar a una auténtica transformación de la ciudad, pero si estudiamos la vida del pintor con más detalle podremos ver como realmente esta transformación en su pintura podría estar muy relacionada con la patología visual padecida por el pintor desde los 59 años.

«…si estudiamos la vida de Pissarro con mÁs detalle podremos ver como realmente esta transformación en su pintura podría estar muy relacionada con la patología visual padecida por el pintor desde los 59 años»

Camille Pissarro, que junto con Monet fue uno de los creadores del movimiento impresionista, nació en las Antillas el 10 de julio de 1830. Sus padres eran navieros holandeses, abandonó su hogar por la oposición de su familia a que se dedicase a la pintura, y estudió en la Escuela de Bellas Artes de Paris. Si estudiamos su historia clínica general, siempre gozó de buena salud, solamente en una carta a su hijo refiere que a los 63 años recibió un tratamiento con inyecciones para una enfermedad del cartílago. Falleció de manera súbita de un accidente cerebro vascular a los 73 años de edad. Su historia clínica oftalmológica nos es conocida por  las anotaciones de los oftalmólogos que le atendieron y se trataba de una obstrucción del conducto lagrimal derecho con episodios de inflamación aguda.

El médico que le trató fue el Dr Parenteau, con el que el pintor estableció unas relaciones muy especiales de amistad, ya que debido a la cronicidad de su enfermedad su relación médico paciente duró muchos años. En principio y siguiendo la moda de la medicina de entonces, le sometió a tratamientos homeopáticos, y al comprobar que de esta forma no se producía mejoría, le indicó el tratamiento quirúrgico, que el pintor rechazó.

La sintomatología de estas inflamaciones del conducto lagrimal producen en los pacientes abundante lagrimeo que se ve favorecido sobre todo por el frio y el aire, condiciones meteorológicas que el pintor experimentaba cuando trabajaba pintando en el exterior. Por ello si estudiamos la obra del pintor desde 1889, cuando comienza con su patología del conducto lagrimal , podemos ver como es entonces cuando deja de pintar los paisajes de la campiña francesa, que eran el principal motivo de sus cuadros (fig 1) y comienza a elegir como motivos paisajes urbanos.

Fig 1 .Paisaje de Ile-de- France (1873). Óleo sobre lienzo. Colección Paul Mellon.

Y podemos saber mucho de la  evolución enfermedad ocular de Pissarro por su correspondencia, asi en un carta escrita el 25 de agosto de 1888  desde Éragny donde vivía, a su marchante Durand Ruel se refiere por primera vez a su enfermedad ocular de esta manera:

«Iría estos días a París, pero estoy obligado a reposar, mi ojo está inflamado de nuevo, tendré que visitar a mi médico».

Se nota que habla de algo conocido, de algo que se repite, lo que indica que la enfermedad existía ya antes de esta fecha. Pero, ¿desde cuándo? Es a partir de los 50 años, o un poco más adelante, cuando comienza el pintor a padecer esta enfermedad ocular, que le acompañará ya hasta el final de su vida, veinticinco años después. ¿Cuál puede ser la causa? Él mismo la atribuye a una inflamación nasal, y así escribe en una carta a su hijo Lucien:

«Si tienes la nariz inflamada y no puedes respirar, te tendría que ver un oculista ; si hubiese tenido la suerte de conocer antes a Parenteau no tendría ahora este problema, mi ojo derecho llora constantemente».

Además el trabajar el artista al aire libre en el motivo, expuesto al viento, al frio y al polvo acentuaba aún mas el problema del lagrimeo en el ojo. La evolución de su enfermedad ocular y la repercusión que tuvo en su obra la podemos estudiar muy bien a través de su correspondencia, en la que a veces se nos muestra obsesionado por esta enfermedad que le impedía el trabajo al exterior en el motivo, que era el pilar principal del movimiento impresionista al que pertenecía. A Pissarro le gustaba mucho habitar cerca de sus motivos pictóricos, por ello había preferido siempre vivir en pequeñas poblaciones campestres del norte de Francia como Louveciennes donde pinta su huerto en flor en la primavera de 1872 cuando todavía no tenía sus molestias oculares (fig 2)

Fig 2 Huerto en flor. Louveciennes (1872). Óleo sobre lienzo. Colección Alisa Mellon Bruce

Desde que comienza con los síntomas en 1888 hasta el año de su muerte en 1903 el pintor sufre más de una decena de episodios de inflamación aguda del conducto lagrimal . Al no querer someterse al tratamiento quirúrgico, su oftalmólogo le hacia infiltraciones del conducto lagrimal con nitrato de plata para intentar evitar de alguna forma las infecciones de repetición y el lagrimeo continuo de su ojo.

En mayo de 1889 el Dr Parenteau intenta desobstruir sin éxito el conducto lagrimal derecho del pintor y indicándole después el uso de una venda compresiva sobre el ojo derecho durante seis meses, recomendándole que si se exponía al viento o al polvo se lavase inmediatamente el ojo con ácido bórico y se pusiese en contacto rápidamente con él. Pasado un año y medio, en noviembre de 1891, escribe de nuevo a su hijo Lucien:

«Tengo muchos problemas, en este momento mi ojo está irritado y estos síntomas aumentan cuando hay viento frío, creo que tengo una nueva infección, tengo que ver a Parenteau». 

Pero esta patología que sufría Pissarro era crónica y también tenía algunos periodos de mejoría, así un mes mas tarde escribe de nuevo a su hijo diciéndole:

«Parenteau me ha encontrado mucho mejor, pero debo de llevar todavía la banda que ocluye mi ojo durante diez días más, esto es muy molesto» y continúa diciendo: «Estoy tratando de trabajar con un ojo solo. Degas lo hace y dice que le da buenos resultados».

Con estas palabras el pintor se quejaba a su hijo de la falta de visión binocular al tener que pintar con el ojo derecho tapado. Degas tenía un ojo vago y desde que nació se acostumbró a la perdida de la visión con los dos ojos, pero esto era mucho más difícil para Pissarro que siempre había visto con los dos ojos y ahora el tener que taparse el ojo derecho después de cada una de las curas, le hacía perder la percepción del relieve en el motivo, y le costaba mucho adaptarse a estas nuevas condiciones en su visión.

En ocasiones, el pintor experimentaba etapas de mejoría, y así en marzo de 1891 escribe:

«Mi ojo está mucho mejor, Parenteau está muy contento con sus resultados, me ha advertido que debo de ponerme el parche sobre el ojo si hace mal tiempo, dice que ya se ha curado la pared del saco, desde hace un mes no tengo inflamación alguna».

Pero desgraciadamente, podemos ver de nuevo en su correspondencia la recurrencia de esta patología, y un mes después escribe: «Se me ha producido un nuevo absceso y tenido que suspender forzosamente mi trabajo al aire libre en el motivo”

Visita de nuevo al doctor Parenteau, que le hace otro drenaje, y dos días más tarde, vuelve a escribir: «El absceso casi ha desaparecido».

Desde luego estos tratamientos tendrían cierta eficacia, por ello Pissarro no vuelve a referirse a su ojo enfermo en sus cartas durante muchos meses. De todos modos las inflamaciones y el lagrimeo se repetían por temporadas y esto dificultaba mucho su trabajo que siempre realizaba al aire libre a veces con frio y viento que agravaban aún mas los síntomas, y así escribe al Dr Parenteau  un poco desesperado, diciéndole:

«¿Qué precauciones debo tener, evitar el viento, el frío, el polvo, lavarme frecuentemente el ojo con ácido bórico … esto no es tarea fácil para un pintor que tiene que afrontar los elementos de la naturaleza en su trabajo».

Al leer esto podemos ver la desesperación del artista por no poder seguir pintando en su motivo favorito, la naturaleza con sus inclemencias meteorológicas, a las que el pintor ya se había acostumbrado, pero que ahora no podía tolerar por el constante lagrimeo de su ojo derecho. Además para evitar inflamaciones siempre que estaba al exterior por indicación de su médico debía de llevar una especie de apósito sobre su ojo. Su amigo el escritor George Lecomte nos describe así a Pissarro en esta época caminando por Paris buscando motivos :

“Con su gran sombrero, su amplio mac farlane y una banda negra sobre uno de sus ojos, se pasea por las calles de París, buscando motivos”.

Y pintor vuelva a quejarse de nuevo de su situación, esta vez en una carta a su hijo Lucien:

«Tengo siempre esta banda sobre mi ojo, que me fastidia muchísimo». “Estoy muy mal, veo solo con un ojo y pierdo el hilo de las cosas que pinto… y de repente, un absceso y entonces estoy sin poder quitarme la banda durante seis u ocho días».

En mayo de 1891, escribe nuevamente a su hijo y vuelve a quejarse  del cambio que se producía en su  visión cuando tenía que llevar el parche sobre su ojo enfermo, que no solo le molestaba para pintar, sino también para poder disfrutar de la pintura de otros artistas, y comentando en su carta:

«Ayer se inauguró la exposición de Monet, fui con el ojo vendado, y tuve que ver con un solo ojo su maravillosa puesta del sol , pero aún así sus cuadros son extraordinarios… trasmiten alegría».

Pero de la lectura de sus cartas, podemos ver como de pronto al pintor se le ocurre algo, que quizás podría ser la solución a sus problemas al escribir:

“Me puedo quitar la banda en el ojo  si trabajo en casa con las ventanas cerradas“

Y probablemente fue esta observación, unida a la indicación que le había hecho el Dr. Parenteau de no salir de su casa durante los episodios de inflamación aguda, lo que inspiró al pintor a cambiar los motivos de sus cuadros, y seguir pintado el exterior como siempre había hecho, pero ahora desde estudios improvisados en el interior y así poder continuar con su obra, a pesar de sus problemas de lagrimeo, escribe de nuevo a Lucien:

M.D. se ofrece a hacerme construir una barraca con planchas en verano para que pueda pintar, pero creo que me contentaré con la ventana de un hotel».

De esta manera el artista que siempre había pintado en el campo y al aire libre comienza a hacerlo en interiores, sobre todo en invierno cuando el frío y el viento le aumentaban el lagrimeo , y para ello comenzó a alquilar habitaciones con buenas vistas en los hoteles de los lugares donde acudía para pintar cambiando los motivos campestres de la primera etapa de su vida artística por las vistas de las ciudades desde los hoteles donde se alojaba , como puede verse en el cuadro que pinta desde las ventanas del hotel Savoy durante su última estancia en Londres con motivo de una gran exposición de su obra en esa ciudad organizada por el marchante Durand Ruel ( fig 3)

«De esta manera el artista que siempre había pintado en el campo y al aire libre comienza a hacerlo en interiores, sobre todo en invierno cuando el frío y el viento le aumentaban el lagrimeo…»

Fig. 3: El puente de Charing Cross. Londres (1890). Óleo sobre lienzo. Colección Paul Mellon

Y de nuevo vuelve a pintar el exterior de la campiña próxima a su casa de Éngacy, pero solamente durante el verano cuando las condiciones meteorológicas le eran más favorables, y en julio de 1891 escribe:

“ He vuelto a trabajar fuera después de un año que no lo hacía “ pintando el cuadro primavera en Énagcy en junio de 1891 , aunque si lo observamos con detalle  probablemente no esté pintado desde el exterior sino desde la ventana de la casa de pintor, como se indica también en la descripción que adjunta al  cuadro el Museo Metropolitano de Nueva York donde se encuentra atribuyéndose esto también a las molestias que sufría el pintor cuando trabajaba en el exterior en esa época de su vida por su enfermedad ocular.( fig 4)

Fig. 4: Primavera en Éragny (1895). Óleo sobre lienzo

Pissarro comienza a emplear sus recursos pictóricos adaptándose a su problema ocular y comienza a pintar desde las ventanas de los hoteles en que se alojaba en las ciudades que visitaba, por ejemplo el 20 de octubre de 1896 llega a Rouen y queda impresionado por el puente de hierro que acababan de construir y escribe a su hijo diciéndole:

«Me fascina el puente de hierro, lo he pintado un día de lluvia, se llena de tráfico, de carruajes y de la animación de la vida urbana, he encontrado una habitación con buenas vistas, desde el hotel de Inglaterra» (fig. 5).

Pero la enfermedad de nuevo se agudizó y el 11 de noviembre de 1896 escribe de nuevo a su hijo diciéndole: “ Me voy de nuevo mañana a Paris en el tren rápido , Parenteau me tiene que cauterizar el ojo porque esto ahí sigue“

Y después de recibir el tratamiento regresa de nuevo a Rouen y pinta, esta vez desde el hotel de París, los márgenes del Sena, en la otra orilla del río pueden verse los muelles y los almacenes portuarios del barrio de San Severo (fig. 6).

Fig. 5: Mañana nublada en Rouen (1896). Óleo sobre lienzo
Fig 6 Barcas de vapor en el puente de Rouen. Óleo sobre lienzo (1896).

El pintor pasa el año 1896 en Énagcy, pero en enero de 1897 se traslada a Paris para pintar una serie de cuadros de los bulevares, ahora su gusto pictórico había cambiado y le interesaban mas los paisajes urbanos que los del campo, quizás por  su adaptación al problema del lagrimeo en su ojo, y escribe a su hijo diciéndole:

«Voy a hacer una serie los bulevares, en pequeños cuadros, donde mostrar los efectos de la luz, me desplazaré a París, me resultará divertido vencer la dificultad de la perspectiva desde lo alto, he cogido una habitación espaciosa en el hotel de Russie desde el que se dominan todos los bulevares en sucesión, si te decides a venir a París, en la habitación hay dos camas».

Fig. 7: El bulevar de los italianos. Efectos de la luz dela mañana. Óleo sobre lienzo (1897). Colección Chester Dale

Y así Pissarro pinta este cuadro ( fig 7) desde la ventana del hotel de Russia, reflejando  la actividad del bulevar de los italianos por la mañana ,cuando la gente se dirige a sus quehaceres diarios. Aunque como el mismo comenta a su hijo, en principio tuvo problemas con la perspectiva oblicua al tener que pintar sus motivos desde lo alto, finalmente los supero y además así podía seguir con su trabajo pintando desde las ventanas sin necesidad de estar al aire libre y de sufrir los inconvenientes del frío y el viento sobre sus ojos.

En abril de 1897 ya instalado en el hotel de Rusia, en plena sesión de trabajo para la exposición organizada por su marchante Duran-Ruel, sufre otra recaída, y escribe de nuevo a su oftalmológo el al Dr Parenteau diciéndole:

«Temo que tengo de nuevo una inflamación en este ojo desgraciado, pero estoy muy ocupado en una serie de cuadros de los bulevares, y no puedo dejar de pintar a la hora de su consulta por la luz. ¿Podría intentar venir a visitarme a casa? Estoy todas las mañanas en mi puesto de observación hasta el medio día».

A través de estas palabras de Pissarro podemos ver la relación de confianza mutua que tenía con su oftalmólogo y también la sensibilidad del Dr Parenteau , que comprendía lo importante que era para su paciente un pintor impresionista, el cambio en la percepción de la luz con los diferentes momentos del día  y se desplazaba a su estudio para realizarle las curas.

Y de nuevo en diciembre de 1897 escribe de nuevo a su hijo desde Paris:

“Con esta maldita humedad el ojo se me ha vuelto a inflamar, y tuve que acudir de nuevo a Parenteau para que me lo cauterizara. Ahora lo tengo algo mejor, pero debo seguir cuidándomelo: no es conjuntivitis, son unas venillas del blanco del ojo inflamadas. Llegado el momento habra que cortar algunas de estas venas que tantos estragos me causan».

Pero a pesar de todo el artista trata de vencer las dificultades en su trabajo, y para ello continua alquilando habitaciones en los hoteles con buenas vistas al exterior, o incluso pequeños apartamentos en pisos alto para poder, a pesar de todo, seguir trabajando,  y le dice de nuevo a su hijo:

«Había olvidado anunciarte que he encontrado una habitación en el gran hotel del Louvre con una hermosa vista sobre la Avenida de la Ópera desde la esquina de la plaza del Palais Royal. Es muy bonito» (fig. 8).

Y también cuando esta pintando esta serie de cuadros desde el hotel del Louvre de enero a abril de 1898  tiene una nueva recaída , pero su carácter animoso y sobre todo su vocación por pintar le hacia  finalmente vencer todos los inconvenientes y disfrutar de su trabajo  diciéndole a su hijo:

«Debo ir a consultar a Parenteau por mi ojo, mi trabajo avanza a golpes de vista debido al lagrimeo …pero creo que en el fondo esto me divierte enormemente … pintar es una fiesta para los ojos».

Fig 8 La plaza del teatro francés. París, lluvia. Óleo sobre lienzo (1898)

Y así desde el hotel del Louvre pinta la plaza del teatro francés bajo los efectos de la lluvia (fig 8 ) porque el pintar desde las ventanas de las habitaciones de los hoteles le permitía reflejar en el cuadro todos los efectos atmoféricos sobre el  motivo , la  lluvia ,  el viento o el frio , sin tener que soportarlos al trabajar. Y esta costumbre ya se hace algo común para el y así continúa informando en las cartas a su hijo de sus nuevos planes, y en diciembre de 1898 le dice que en lugar de una habitación de hotel ha alquilado un apartamento:

«He alquilado un apartamento en la calle Rivoli 204 en frente del Jardín de las Tullerías, con una hermosa vista del parque con el Louvre a la izquierda, las casas con árboles a la derecha y los campanarios de Santa Clotilde que ven muy hermosos tras unos macizos de castaños. Todo es muy hermoso y tendré una buena serie para poder pintar».

Fig. 9: El Jardín de las Tullerías una tarde de invierno

Y este cuadro (fig 9) como sabemos por el propio artista fue pintado desde el ático alquilado en la calle Rivoli 304 que tenía unas extraordinarias vistas al jardín de las Tullerías, a los Inválidos y al Louvre. Además se sabe que este invierno fue especialmente frío, sin embargo esto no afectaba a Pissarro, porque pintaba desde el interior de su apartamento.

Además el no tener que salir de su casa para pintar le servía también para poder aislarse y centrarse en su trabajo y en noviembre de 1898 que hubo disturbios en las calles de Paris por el caso Dreyfus, el mismo se sorprendía de que a pesar de sus inquietudes políticas,  esto no  lo le hubiese hecho abandonar su trabajo, escribiendo así a su hijo  :

«A pesar de los graves acontecimientos que tienen lugar en París, yo sigo trabajando desde mi ventana como si no pasara nada».

Y en esta época el crítico de arte George Lecomte también nos describe así al pintor trabajando :

«Delante de la ventana abierta o cerrada con las cortinas descorridas, se sienta enfrente de su caballete con la paleta en una mano, su boina en la cabeza, y trabaja con la mirada ágil de sus ojos, que se esconden detrás de unas gafas, que necesitaba para ver a corta distancia».

Y  de esta misma  manera  es como el pintor se retrata a si mismo en esta época ( fig 10)  le vemos tal y como le describe su amigo , trabajando en el interior al lado de una ventana con los visillos descorridos y utilizando sus gafas de visión próxima que desde luego a su edad necesitaría para poder pintarse a si mismo reflejado en un espejo para hacerse su autorretrato.

En diciembre de 1898 el pintor viaja de nuevo a Rouen buscando motivos pictóricos y escribe de nuevo a su hijo:

«Ayer encontré una habitación excelente desde donde puedo ver la plaza del mercado, donde todos los viernes la gente acude llenando de color el motivo» (fig. 11).

De esta manera, el artista una vez superadas sus molestias oculares, el artista volvía a disfrutar del motivo y pintaba la vida urbanas con la misma ilusión y ánimo con el que había pintado primeramente la naturaleza.

Fig 10: Autorretrato. Óleo sobre lienzo (1890). Colección Wendy y Emery Reyes

En junio de 1900 cuando estaba finalizando los cuadros de las Tullerias tiene una nueva recaída que le obliga a retrasar sus vacaciones de verano  y de nuevo  cuando estaba realizando otra serie en el estudio que había alquilado en la plaza Dauphine tuvo otro absceso que requirió nuevas cauterizaciones, por ello, en muchas ocasiones tenía una necesidad urgente de visitar a su oftalmológo, por lo que finalmente decide trasladarse definitivamente a vivir a Paris, y escribe a su hijo en Junio de 1901:

«Lisieux y Caen están demasiado lejos de París, ya que es preciso que pueda consultar con Parenteau cuando lo necesite”

Es muy interesante además ver las coincidencias entre los brotes de inflamación del conducto lagrimal de Pissarro y sus últimas series de cuadros. El pintor en ellos inicia una auténtica peregrinación por Paris. La primera serie de sus cuadros de la estación de San Lázaro esta hecha desde una ventana del hotel Garnier, desde el hotel de Rusia, en via Drovot, pintó los grandes bulevares y desde el hotel del Louver la Avenida de la Ópera. Después alquiló un apartamento en la calle Rivolí para pintar el jardín de las Tullerias y posteriormente otro en la plaza Dauphine para pintar el Vert Galant y el puente nuevo y por último otro en el puente Voltaire para pintar el Sena y el Louvre desde otro ángulo. De esta manera el ver los cuadro de la última época de Pissarro es hacer todo un recorrido artístico por el Paris urbano de su época. (fig 13)

Fig. 13: Plaza del Carrusel de París. Óleo sobre lienzo (1900). Colección Alisa Mellon Bruce

En julio de 1903 escribe de nuevo a su hijo Lucien, esta vez desde el hotel continental de El Havre a donde se había trasladado para pintar el espigón desde la ventana de su habitación:

“En principio me alojé en el hotel San Simeón, pero es una desgracia desde las ventanas de las habitaciones no se ve el mar, solo desde el comedor, es lamentable, así que he tenido que volver al Hotel Continental, no sé cómo arreglar las cosas para poder ponerme a trabajar; en mi opinión nuestro prado de Éragny era una maravilla comparado con todo lo que veo …pero ya no puedo hacerlo, parece que este año todo juega en mi contra».

Si Pissarro hubiese sido un pintor de naturalezas muertas o un retratista, sus molestias oculares no le hubiesen condicionado tanto , porque siempre hubiera trabajado en el interior de su estudio, pero al ser un pintor impresionista que buscaba los efectos de la luz en el paisaje, el lagrimeo continuo de su ojo le impedía trabajar a la intemperie en el motivo como siempre había hecho. No obstante fue capaz de adaptarse a ello inspirado desde luego por su gran amor hacia la pintura  y así escribe a su hijo:

«Es realmente maravilloso pintar, quizás las calles de París, inicialmente pueden no parecer demasiado estéticas, pero es muy interesante pintar no solo las calles, sino también la gente que por ellas discurre, que son como pequeños toques de plata luminosos y vitales, pintar estos motivos es hacer una pintura realmente moderna».

Y de estas palabras podemos concluir que finalmente Pissarro estaba disfrutando al pintar las calles de Paris igual que lo había hecho cuando era mas joven y pintaba la naturaleza.

Fig. 14: El bulevard de Montmartre un mañana de invierno. Óleo sobre lienzo (1897).

De esta manera el pintor se había adaptado totalmente a las molestias de su enfermedad ocular y también quizás gracias a ella había descubierto en las vistas urbanas una multitud de motivos nuevos que no ofrecía el campo, descubriendo con un ánimo juvenil los juegos de luces y sombras de la gran ciudad pintada desde su ventana. Y finalmente escribe:

«Los bellos motivos acaban pareciendo teatrales …feliz aquel que es capaz de ver la belleza en las pequeñas cosas, allí donde otros no son capaces de verla».

Por todo esto, al mirar un cuadro además de disfrutar de su belleza, debemos pensar también en las circunstancias personales del artista cuando lo pintó, en este caso fueron las vistas desde  las ventanas,  las  que se convirtieron en fuentes de inspiración para Pissarro y las  que le ayudaron no solo a superar su enfermedad ocular , sino  también a encontrar  nuevos motivos para su obra,  y que  constituyen la historia invisible escondida detrás de sus cuadros.

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