Subir hasta el cielo a la mayor velocidad posible, ignorando las nubes de polvo, las curvas de herradura, los tramos donde el sol da directamente en el rostro del piloto. Y sobrevivir, claro. Eso, y no otra cosa, es el Pikes Peak International Hill Climb, que cada año se celebra en Colorado en una fecha en torno al cuatro de julio. 

El reglamento de la prueba es muy sencillo: intentar derrotar al cronometro sobre un recorrido diabólico que se extiende a lo largo de 19.983 metros y 156 curvas. Hasta hace poco, además, la parte superior de esta carretera estaba sin asfaltar, presentando un apelmazado de grija bastante poco seguro que terminaba dejando rodadas y baches imprevistos por doquier. Por último, la llegada se sitúa por encima de los 4000 metros, por lo que la diferencia de presión con el punto de partida (a 2866 metros) hace que la potencia de los automóviles se vea reducida en casi un treinta por ciento entre ambos lugares, lo que hace que los pilotos busquen siempre el ir un poco más allá en su conducción. “El secreto de esta especialidad, radica en frenar un segundo después de lo que indica el sentido común y en acelerar un segundo antes de lo que impera la lógica”, dijo Walter Röhl, uno de los mitos de la disciplina. 

 “El secreto de esta especialidad radica en frenar un segundo después de lo que indica el sentido común y en acelerar un segundo antes de lo que impone la lógica”

El Pike`s Peak le debe su nombre a Zebulon Pike, un militar estadounidense que a principios del siglo XIX se encargó de cartografiar y explorar una de las partes más agrestes de las Montañas Rocosas, antes de fallecer a orillas del Lago Ontario en un combate frente a los ingleses. El camino que sube hasta ese pico que recuerda a Zebulon fue usado como pista de competición por vez primera en 1916, cuando tartanas de todos los tamaños y colores, incluidas motocicletas, se empeñaban en llegar las primeras a la cima. Desde entonces la prueba se ha disputado hasta nuestros días con las únicas interrupciones de las dos guerras mundiales, y se ha convertido en una mezcla de competición prestigiosísima y ese carnaval extravagante que tan bien se les da a los americanos montar. Así, en las 19 categorías que actualmente disputan la Pike´s Peak el espectador puede ver desde los prototipos más avanzados del planeta hasta camiones, tractores o coches de época… 

Pero si hubo un tiempo en el cual la Pike´s Peak alcanzó el apogeo de su popularidad fue durante la segunda mitad de los años 80.  

 “la Pike´s Peak alcanzó el apogeo de su popularidad fue durante la segunda mitad de los años 80″

En 1982 se crea una nueva categoría en el Mundial de Rallys, llamada Grupo B. En pocas palabras consiste en la evolución de modelos que puedan ser utilizados posteriormente a modo de turismo y que alcancen, dentro de la competición el punto máximo de desarrollo tecnológico. A priori, un paso atractivo que iba a atraer a esa competición muchas marcas deseosas de exhibir su poderío mecánico. En la práctica, una auténtica trampa mortal para los pilotos. Los Grupo no destacan por sus exigencias de seguridad, planteando pesos mínimos excesivamente bajos y no fijando límite alguno para la potencia total. La llegada de ingenieros directamente desde la Fórmula 1 para conseguir exprimir lo máximo posible estos automóviles acaba conformando un cóctel terrorífico. “Hubo un turbo que por miedo nunca llegamos a usar en carrera, con el que la potencia aun era mas brutal, acelerando patinábamos en todas las marchas y los ojos parecían clavarse en el cerebro”, dijo Juha Pironen. Este Grupo B fue eliminado del Mundial de Rallys definitivamente en 1986, cuando Toivonen fallece por accidente durante el Rally de Córcega. Justo antes de salir en el tramo en el que encontró la muerte declaró a la prensa: “Esto ya no es un rally. Es una pura locura. Afortunadamente, la victoria está casi conseguida”. Su Lancia Delta S4 se descontroló y cayó por un terraplén, estallando en llamas. Los extintores que llevaba el coche iban cargados de nitro aprovechando el último resquicio del reglamento para ir más deprisa. La tragedia, que no era la primera del Grupo (en un Rally de Portugal habían muerto varios espectadores tras ser arrollados por un coche…al saberse la noticia Jean Todt, quien después sería “jefe” de Ferrari en F1, dijo que la culpa era de los “aquellos africanos blancos de los portugueses”) hizo desaparecer para siempre aquellos locos e incontrolables coches… 

 “Hubo un turbo que por miedo nunca llegamos a usar en carrera, con el que la potencia aun era mas brutal, acelerando patinábamos en todas las marchas y los ojos parecían clavarse en el cerebro”

O, más bien, les empujo a saltar el charco. Y es que, una vez que el Mundial de Rallys quedaba vetado como punto para probar el máximo de evolución posible en motores y chasis, el Pike´s Peak, con su laxitud reglamentaria (la categoría Unlimited cumple lo que promete su nombre) era el lugar ideal para marcas deseosas de demostrar su poder. Y para los pilotos que estuvieran lo suficientemente locos como para desafiar a máquinas que han acabado superando los 1000 caballos de potencia y se deslizan a más de 120 kilómetros por hora de media montaña arriba. 

Uno de los primeros fue el peculiar Walter Röhl (“Si puedes ver el árbol contra el que te vas a estrellar…es subviraje. Si lo oyes…es sobreviraje”) cuyo éxito en 1987 al volante de un Audi tuvo un efecto llamada que iba a dejar las imágenes más legendarias que jamás se hayan producido en esta prueba. Y es que, picados por la hegemonía de los Audi, la marca francesa Peugeot decide contraatacar y poner toda la carne en el asador. Y, para ello, prepara un prototipo del 405 Turbo 16 que superaba los 600cv. Y llama a su piloto más preparado. Aquel cuyo estilo se adapta más a la locura del Pike´s Peak. Ari Vatanen, el Poeta de los Rallys. 

 “Ari es puro sentido del equilibrio, con él no hay medias tintas. Vatanen está frenando a fondo o acelerando a fondo”

“Un cuarto de siglo después aun me deleito con aquella carrera”, dice el periodista belga Michel Lizin, que pudo asistir a lo que hoy en día es un momento mítico del automovilismo. “Ari es puro sentido del equilibrio, con él no hay medias tintas. Vatanen está frenando a fondo o acelerando a fondo”. 

“Aquel coche era una joya”, rememora Vatanen, “y, como todas las joyas de gran valor solamente lo lucías una vez al año. Y aquella vez era el Pike´s Peak”. La prueba esta rodeada de mística desde el momento en el que tenemos para disfrutarla la mejor inmersión que jamás se haya realizado dentro de un coche de rallys, el bellísimo cortometraje de Jean Louis Morey titulado Climb Dance, que alterna imágenes aéreas y cámaras fijas con las brutales tomas desde dentro del coche. Es en este video, de visionado obligatorio para cualquier buen aficionado, donde se aprecia lo vertiginoso de la prueba, con esos barrancos abriéndose sin quitamiedos a pocos centímetros de las ruedas del coche; o el instante sublime, propio de un lunático, en el que Vatanen, cegado por el sol, conduce únicamente con una mano mientras la otra hace de visera en su frente. Plasticidad y elegancia. Riesgo y ambición. 

 como todas las joyas de gran valor solamente lo lucías una vez al año. Y aquella vez era el Pike´s Peak”

Vatanen sería también campeón del Mundo de Rallys y cuadruple Campeón del Dákar. Con todo, su imagen, su leyenda, siempre quedará ligada a esa prueba de locos para locos. Esa danza en las nubes que él supo realizar como nadie y que, aun hoy en día, bosqueja en fotogramas pasos que estremecen y emocionan.  

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here