El biólogo conservacionista y defensor de los animales mexicano presenta El lenguaje secreto de la naturaleza, publicado por Plaza & Janés. Un libro que insufla conocimiento sobre la flora y la fauna y que aporta una mirada, la suya, de ver el mundo.
La sala aséptica en la que tiene lugar la entrevista muy pronto se llena de vida. El discurso de Óscar S. Aranda (1974) tiene el mismo efecto que el sembrado de semillas en el campo. Habla de la naturaleza como si fuera, unas veces, un roble, y, otras, una avispa. La CNN lo nominó como “Defensor del Planeta” tras descubrir y denunciar una red dedicada al saqueo y tráfico de huevos de tortugas en Puerto Vallarta (México). Las amenazas de muerte de los narcotraficantes y el silencio cómplice de las autoridades competentes y corruptas le obligaron a instalarse en Alicante. En la ciudad levantina vive con su pareja. Una mujer que se tomó bien que el día de su boda Óscar llegara tarde porque se entretuvo salvando a una gaviota que instaló en la terraza de su casa. En la actualidad este biólogo trabaja como jardinero. Oficio que le permite observar a los insectos, esos bichos que para la mayoría de la gente son insufribles, pero que después de escucharle hablar sobre sus cualidades y beneficios uno empieza a verlos de otra manera. El don de Óscar es que sabe comunicarse con todos los seres vivos. Ha sido y es un niño de la selva, un traductor del lenguaje de la naturaleza para que los seres humanos entiendan la función de los animales y las plantas en el mundo.

 

Lo raro es que los niños no quieran ser insectos, teniendo en cuenta sus capacidades…

De hecho, muchos de los personajes de los cómics y las películas están basados en insectos o en alienígenas poco atractivos visualmente, pero con unas cualidades excepcionales. Un ejemplo son las especies de la fauna marina, como los pulpos. Ojalá se hiciera más hincapié en que están basados en ese tipo de habilidades que existen en la naturaleza en realidad.

 

¿De dónde le viene su amor por los animales y las plantas?

Creo que hay una parte de ese amor que me viene dada por la vida. Fueron mis padres los que me inyectaron esa semillita de pasión por la naturaleza. Mis padres me sacaron mucho a la naturaleza. Dos veces al año salíamos a recorrer todo México. Eran otros tiempos y podíamos estar en zonas inhóspitas. México es muy grande y diverso. Hay sitios que todavía son seguros y otros muchos que no lo son. Muchos de los sitios a los que fui con mi familia hoy no me atrevería a ir. Y no es por los animales, ellos nunca me han dado ni me dan miedo. El narcotráfico y la tala clandestina son actividades ilegales muy intensas en las que hay intereses muy poderosos y no quieren que haya testigos que vean lo que están haciendo. Hay muchas familias que desearían hacer lo que yo pude hacer con la mía pero ya no tienen tantas opciones para acercarse a la naturaleza.

En su libro escribe que “La casa de mis padres era singular… adaptada las excentricidades de mi padre…” ¿por qué era una casa singular y cuáles son las excentricidades de su padre?

La casa de mis padres es singular porque conforme la familia iba creciendo había que realizar ciertas modificaciones. Yo soy el menor de cinco hermanos. Mi padre es un manitas, hiperactivo, se construyó un taller de carpintería. Conectó las habitaciones unas con otras, por lo que la casa está llena de puertas, puertas secretas, escaleras, treinta mil recovecos, le encantan las antigüedades, de hecho él se considera una antigüedad más de su propia habitación. En el jardín, que también está a cargo de mi madre, tiene sus rincones, áreas secretas y de meditación. Esa casa me trae muchos recuerdos, está llena de ellos y de habitaciones.

Mi padre tiene muchísimas cámaras fotográficas, tantas que no se puede ni caminar en su oficina. También colecciona excentricidades que arman sus recuerdos, huesos de las cirugías que realizaba (era cirujano), él se operaba así mismo. Además, gasta un humor negro muy particular.

«Esa oportunidad de explorar, de que te muerdan y te piquen ya no las tienen los niños. Creo que son lecciones muy importantes que, de una manera controlada, se deberían permitir que experimentasen los niños»

 ¿Se puede decir qué era un niño solitario, curioso y sin miedo o sin conciencia del peligro?

Es verdad que puede ser fácil decir que no tenía miedo, sin embargo, seguramente había muy poca conciencia del peligro por mi parte. En esos tiempos no había tantos conocimientos sobre la naturaleza. Yo de niño estuve recolectando serpientes marinas y nunca me imaginé que fueran venosas y que todavía no se conocía el antídoto contra su veneno. También hay que reconocer que yo tenía ciertas libertades que ahora a los niños no se les da. Esa oportunidad de explorar, de que te muerdan y te piquen ya no las tienen los niños. Creo que son lecciones muy importantes que, de una manera controlada, se deberían permitir que experimentasen los niños.

¿Qué le gustaba más hacer de niño: montar en bicicleta o reptar como una serpiente?

Montar en bicicleta pero había un momento en el que veía algo en el camino y tenía que soltar la bicicleta y ponerme a reptar.

 Los niños de hoy en día se mueven en un mundo virtual, ¿cómo hacemos para introducir en sus vidas las lagartijas, las ortigas y las ballenas jorobadas?

Las vacaciones son un momento ideal. El problema es complejo, vivimos en una sociedad en la que no tenemos tiempo de dedicarle tanta atención a nuestros hijos. Es importante acercar en cualquier momento al niño a la naturaleza. No hace falte llevarlos a los bosques, basta con ser conscientes de lo que tenemos a nuestro alrededor. Hay que buscar un momento del día para resaltar la presencia de la mosca que se posa en la mesa en la que estamos comiendo, despertar la curiosidad de la manera más sencilla que podamos tener.

¿Cómo le gustaría que se explicara a los niños en los colegios lo que significa y lo qué es la naturaleza?

Sacándoles de las aulas. Ese es el gran regalo que nos da la naturaleza, poder compartir con ella esos momentos: los niños desconectan y los profesores les pueden señalar hacia dónde mirar en esa naturaleza y contarles que esa mosca, esa libélula, tienen una razón de estar ahí. Más que una lección de biología de lo que se trata es de que los niños estén ahí, escuchando y oliendo la naturaleza. El contacto con la naturaleza te deja una impronta que no te van a dar las lecciones en clase.

«Los seres humanos tenemos una gran diferencia con respecto a los animales en general, el ego. En la naturaleza no hay egos. Se vive el día a día, uno tiene que enfrentarse a sus problemas, retos y te transmiten lo que es»

¿Cómo vamos a entender el lenguaje (secreto) de la naturaleza si apenas nos entendemos entre nosotros?

Los seres humanos tenemos una gran diferencia con respecto a los animales en general, el ego. En la naturaleza no hay egos. Se vive el día a día, uno tiene que enfrentarse a sus problemas, retos y te transmiten lo que es. No hay engaños, no hay falsedad. En la naturaleza sí puede haber engaños en el sentido del camuflaje, que son más bien estrategias de supervivencia. Los seres humanos sí podemos decir una cosa y pensar otra. Por suerte en la naturaleza no vamos a encontrar eso.

 ¿El lenguaje de la naturaleza es uno, como el esperanto, o son muchos, tantos que aquello parece la Torre de Babel?

Creo que son muchos, aunque todos tienen un mensaje común, pero lo dicen a su manera. Por ejemplo, si los árboles pudieran hablar, como centinelas del tiempo en el interior de los bosques, nos podrían contar muchas cosas. A través del viento y de otras formas nos podrían susurrar adónde se dirige la humanidad. Por otra parte, los insectos nos están enviando mensajes muy claros: “Por favor, mírame, que estoy aquí y también tengo mis problemas, necesito beber agua, dejarme acercarme a la piscina, que no vengo a picarte”. Son mensajes muy sutiles que nosotros, los humanos, no debemos considerarlos como un lenguaje comparativo, pero que sí deberíamos entender, que los animales tienen una lección que darnos, muy a su manera.

De hablar el lenguaje de la naturaleza, ¿qué le preguntaría a una vieja tortuga marina?

Le pediría consejo. Las tortugas marinas están en la frontera entre dos mundos, el marino, que es tan intrigante y misterioso para nosotros y que ellas han podido explorar palmo a palmo, saben lo que es estar en la oscuridad total y, por otra parte, esa oportunidad que tienen de salir a tierra firme durante un breve momento de su vida a desovar, tiempo en el que se enfrentan a la gravedad, su cuerpo no funciona cómo debería hacerlo, por lo que viven unas experiencias que deben ser fabulosas. Le preguntaría qué puedo hacer para ser tan positivo como tú.

 

¿Usted está amenazado por su labor de preservación y conservación de las tortugas marinas?

Lo estuve, espero no estarlo todavía. Intento no pensar en ello. En su momento guarde silencio durante siete años, mi familia no lo sabía. Afortunadamente no vivían en la misma región. Tomé mis precauciones y me viene a España.  Aunque siempre está la incógnita de qué pasaría si volviera a México a realizar la misma actividad con las tortugas marinas.

 

Es triste pensar que se amenace a un hombre por proteger a las tortugas marinas

Algo falla en el momento en el que quienes deben ayudar a la naturaleza y proteger a los conservacionistas están del lado de los malos. Es una corrupción muy profunda que ha contaminado como un cáncer al país y es muy difícil de localizar y erradicar.

«Los conservacionistas somos el colectivo, en este momento, más amenazados en Latinoamérica y los más vulnerables»

Los conservacionistas son el colectivo, en este momento, más amenazados en Latinoamérica

Y los más vulnerables. Nosotros somos quienes levantamos la voz, damos el puñetazo en la mesa, que es lo que ellos no quieren, ellos nos quieren intimidados.

 

¿Nos falta empatía con o conocimiento de nuestro entorno y los seres vivos que en él habitan?

El conocimiento es importante porque te permite empatizar o sentirte identificado con los seres vivos. El conocimiento también te puede hacer ver el lado contrario y pensar “Qué distintos somos”. La empatía, en cambio, es universal. Nosotros la tenemos pero conforme vamos creciendo la vamos perdiendo. Nuestra autoprotección nos hace perderla. Creo que la empatía es la herramienta más poderosa que tenemos para crear educación o conciencia ambiental. Es simplemente ponernos en los pies del otro.

 

Cuando caminamos por Nueva York miramos hacia el cielo para contemplar sus rascacielos, ¿cómo o hacia dónde hay que mirar la naturaleza que nos rodea?

La naturaleza está más presente de lo que parece. No hace falta ir al mundo microbiano que llevamos en nuestro cuerpo. Al caminar por una ciudad, además de mirar los monumentos y los edificios hay que mirar a los árboles. En España hay muchas ciudades en las que se podan continuamente y no se les permite crecer. En Madrid es impresionante la belleza de los árboles. Nos hemos habituado tanto a verlos que los ignoramos. No solo están los árboles, también están los insectos y las aves que viven en ellos, la sombra que nos dan. Todo el mundo ama la sombra, pero desteta las hojas caídas en el suelo. Hay que mirar ese lado, no el perjuicio que nos puede provocar en un momento puntual y ver todo el beneficio que nos está otorgando el resto del año.

 

Se habla mucho del patrimonio histórico cultural de una ciudad, ¿por qué no se habla más del patrimonio natural?

Hay una asignatura pendiente para las autoridades, enfocar la publicidad hacia la naturaleza. Se olvidan los temas naturales, como la basura y el medioambiente, que son los que nos dan sustento como humanidad.

¿Cuáles son los mejores pesticidas / insecticidas?

Los espráis que compramos son más dañinos que sus supuestos beneficios. Matan a los insectos y también afectan a nuestra salud. Estamos rodeados de seres que nos ayudan a realizar un control de plagas, se le conoce como control biológico, que no solamente son las arañas, también las avispas, mariquitas, prácticamente todos los insectos que son depredadores están contribuyendo para que tengamos una vida mejor. Las golondrinas, que tantos problemas tienen ahora porque no tienen donde anidar, son las que hacen que no haya tantos mosquitos en nuestras tardes calurosas.

 

¿La comida del futuro serán las moscados soldados?

La humanidad se lo tiene que plantear seriamente porque hay opciones alimenticias que no son viables. Nuestros ancestros ya se alimentaban de insectos con una gran capacidad nutritiva. Debemos romper esos tabúes mentales de lo que es asqueroso visualmente a lo que es sano. Al final los alimentos que consumimos están tan manipulados y procesados que no sabemos qué contienen. Nos engañan con las etiquetas, nos dicen que contienen el 10 por ciento de una cosa, pero el resto a saber qué es. Luego, el tema de los insectos no nos debe sorprender.

 

¿Qué le parecen los zoos, los parques de la naturaleza, los parques acuáticos, los safaris, los recorridos a lomos de elefantes, camellos, caballos, etc.?

Los zoos juegan un papel muy importante en la educación ambiental. Hay mucha gente que no tiene ninguna posibilidad de acercarse a la naturaleza. El problema es cuando no se le dá cuidado y bienestar a los animales. Los parques acuáticos, donde los animales se exhiben para uso y disfrute de la gente, funcionan igual que un circo, no se está realizando un trabajo de recuperación de una especie en peligro de extinción, básicamente lo que hacen es tener enjaulados y sometidos a unos animales que no tienen elección.

 

Dígame, por favor, un animal que le dé mucho asco, otro que le guste, que le parezca extraño y uno incomprendido.

No hay un animal que pueda decir que prefiero no tocarlo porque me da asco. Las orcas me gustan mucho. Extraño me parece la araña látigo. Un animal incomprendido es la gaviota.

 

¿Qué forma, carácter, valentía y corazón escogería de un animal o de una planta?

Forma de ave.

Carácter de un roble.

Valentía de una avispa.

Corazón de un pulpo.

 

¿Usted es un bicho raro o el Capitán Planeta?

Un bicho raro.

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