Nacho Vegas sube el camino empinado del Cerro de Santa Catalina con el objetivo de llegar al Elogio del horizonte, escultura realizada por el gran Chillida. Cuando llega se coloca entre las dos columnas de las que consta y escucha el mar como si lo tuviera a la altura de sus pies. Bajo sus gafas de sol divisa Gijón en blanco y negro, un Gijón siempre nostálgico de tiempos mejores, de sabor agridulce, pero del que no puede separarse ni quiere. Nacho no quiere vivir en otro sitio, le dicen que “la industria de la música” está en Madrid o en Barcelona. No deja de ser irónico hablarle a un asturiano de industria. Una Asturias de astilleros, de minería, de siderurgia, de pesca, de ganadería, la de la mayor producción de sidra en España. Lo que sobra en Asturias es industria y eso Nacho lo sabe. Lo que falta es gente para realizar esos trabajos porque están en Madrid o Barcelona trabajando de camareros, el único trabajo que también podrían hacer en Asturias, pero mejor pagado donde eligen marcharse. Peor aún si el asturiano o asturiana ha realizado estudios superiores. Oviedo, Gijón, Avilés, no tienen sitio para tantos abogados, médicos, profesores, etc. Nacho enciende un cigarro y se acerca al precipicio que lo separa del mar embravecido. Las olas se abalanzan sobre las rocas hasta hacerlas desaparecer. Las ahogan con su fuerza, las gaviotas no las ven y se hieren en sus picos al confundirlas con peces. La ceniza se separa del cigarrillo y  se suspende en un aire que la mantiene a la altura de sus ojos, después cae poco a poco posándose sobre las gaviotas coloreando sus alas dándoles un toque grisáceo, oscuro, como el cristal de las gafas de Nacho.

Nacho Vegas tiene cuarenta y tres años y nació en Gijón. Vive en Gijón y no tiene intención de marcharse. No tiene intención de “Irse a Madrid” como se titula el libro que escribió el gran Manuel Jabois, uno de los grandes referentes de la columna y el artículo periodístico de los últimos años. Irse a Madrid es irse a triunfar o si no es mejor quedarse en tu tranquila ciudad de provincias. Conformarse con un éxito de andar por casa, uno conocido, cómodo que no exige casi ningún esfuerzo. Irse a Madrid significa también la última oportunidad. Intentar conseguir el objetivo vital en la ciudad en la que parece que no se acaban las oportunidades. Madrid no es una ciudad sino una fe. Una creencia en forma de calles llenas de máquinas de conseguir sueños en cuyos edificios la maldita realidad no entra. Madrid solo existe para los que no viven en ella. Los que vivimos en ella sabemos que vivimos en una mentira enorme y por tanto maravillosa. Madrid no existe y por eso quiero vivir en ella para siempre. Nacho se queda en Gijón porque sabe que cualquier ciudad es Macondo o Comala para un poeta o un músico. Sabe que la creatividad no quiere  una ciudad necesaria para desarrollarse. Cuanto más irreal sea lo que le rodea, más auténticas serán sus palabras.

Nacho Vegas entra en un bar y se pide una copa. Mientras se la preparan sale a fumar a la calle. Nacho es un vicioso de la vida y de lo que le ofrece la vida. Como diría su paisano Francisco Nixon cuando cantaba en el grupo Australian Blonde en una de sus pocas canciones en castellano, “tienes todos los vicios y ni una sola virtud”. Pero Nacho precisamente es un virtuoso porque es un vicioso. Por sus cristales negros la vida aparece nítida. La oscuridad se aparece brillante e inspiradora. Se despiertan sus sentidos, la copa se vacía transformada en una frase de hielos moribundos, palabras frías que marean el alma. A veces intoxicarse es querer estar estúpidamente despierto sin hacer nada.

Nacho Vegas pide una segunda copa y no sabe por qué pero el ambiente que le rodea empieza a recordarle al de los años noventa. Cuando todos los que tenían un grupo de música iban al barrio de Cimadevilla al bar La Plaza a hablar de lo que hacían, y por supuesto a beber y a conocer asturianas guapas. Era la época del Xixon Sound, un término que todos los que pertenecieron a él, rehusaron como es lógico. Eran grupos muy distintos, los había poperos, otros más rockeros, incluso punkies y como no estaban los indies, que no sabían que lo eran pues estaban creando algo nuevo sin saberlo. Grupos como Australian Blonde, las chicas de Undershakers o Nosotrash, Penelope Trip, Dr. Explosion, o el primer grupo con el que triunfó Nacho Vegas, Manta Ray, se reunían en ese bar con el único objetivo de divertirse y olvidar la realidad, que es lo mismo y más cuando eres joven.

Nacho Vegas empieza una carrera en solitario y cambia el inglés por el castellano y en ocasiones especiales el asturiano. Nacho cantautor, Dylan y Lou Reed  se hacen gijoneses y se sientan en un banco del parque Isabel la Católica y ven pasar a los pavos reales y escriben sobre sus cuerpos plumíferos y coloridos.

Nacho Vegas se enamora de Christina Rosenvinge, musa en sí misma, artista independiente, incomprendida como toda mujer en un mundo de hombres. Tras su cabellera pelirroja de vikinga danesa y su tez nevada se esconde una mujer comprometida y de fuertes convicciones y por supuesto una artista enorme.  Graban el disco “Verano fatal”, con pocas canciones, pero quien tiene ganas de trabajar en verano. El sudor se lleva las ideas y emborrona las relaciones. Nacho en la primera canción, “Me he perdido”,  tuvo un momento premonitorio, se perdió en ella, pero no en Christina, se perdió en otra musa que le atraía más. Solo somos libertad, sobre todo cuando nos equivocamos de manera premeditada e inconsciente.

Nacho Vegas pide la tercera copa o puede que lleve alguna más y haya perdido la cuenta. La gente le saluda como si le conocieran de toda la vida. Cada vez está más a gusto. Se siente como en casa. Como lo es todo lugar en el que estás a gusto. Nacho sale a la calle a fumar otro cigarrillo e invita a quien le saluda a la que es en esos momentos su casa. Por eso no entiende quien puede dejar sin casa a quien se encuentra tan a gusto en la suya. Nacho está muy involucrado en la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). Un banquero que todavía no se ha suicidado(como canta en una de sus nuevas canciones), se acoda a su lado en la barra y bebe un gin tonic adornado con medio parque Botánico de Gijón. Nacho le sonríe y le da un abrazo. Ha conseguido que se ahogue en esa ensalada de hojas verdes, frambuesas y nueces. Hay amores anticapitalistas que matan.

Nacho Vegas se va a celebrarlo a un bar que se encuentra a pocas manzanas, va en busca de un nuevo hogar. Está contento y los versos le salen solos. Nacho es el poeta de la no-ficción, como bien dice su amigo y poeta José Liñán Navarro en su poemario “El día que murió Sergio Algora” en su poema “Delirio en mi”.

Soñé que hablaba

Sobre poesía de no-ficción

Con David González

Mientras cerrábamos bares en Cimadevilla

Y que todo a mi alrededor

(lo que escribía y lo que no),

Terminaba siendo de arcilla.

 

Imagino a los tres, por ese barrio pintoresco de Gijón, que es Cimadevilla, su paisano y poeta David González, dibujando con palabras las gaviotas que ve volar. Mientras, José Liñán, pone su buen gusto musical en forma de poema que va contando la realidad inventada que van viviendo.

Pero este texto sobre todo es un acto de alegría porque Nacho va a sacar un nuevo disco, se titula “Violética” y para principios de junio saldrá al mercado. Antes de que salga a la venta, la discográfica ha adelantado dos de las canciones del disco y se puede decir que está en uno de sus mejores momentos como artista, casi podría decirse que está en un estado de forma vigoréxico, insultante, arrebatador.

La primera canción se titula “Ser árbol” Thoreau enloquecido y enamorado, pasión por la naturaleza, por su violencia animal, física. Sexo desenfrenado. Las cañerías del estado dan asco pero las del amor son de una belleza deslumbrante. Para disfrutar de respirar hay que haber sufrido un ahogamiento. Hay que luchar y no rendirse aunque el enemigo sea muy poderoso y tenga todas las armas. Vuelve el Nacho más reivindicativo con la lucha de clases. Aunque no quieran los poderosos, al ser humano siempre le quedará la imaginación, es lo único que no pueden quitarnos, de inventarnos realidades cuando las que hay no nos gustan o nos las quieren imponer. El romanticismo suicida como ideología.

La segunda canción es “Ideología”. Un alegato donde nos muestra que todo lo que hacemos lo es. En nuestras manos frías y en nuestra mirada atroz. Cuando nos quedamos en casa o atravesamos el portal. En los escaparates. En las drogas de farmacia. En Benicassim. La ideología como ecuación. La ideología de los vencedores, la conciencia es para el perdedor. Y se hace una pregunta importante, ¿Quién es el ideólogo de la marca Dios?. Con la iglesia hemos topado. Una nueva reivindicación a su forma de vida y a no querer salir de Gijón, “Vivir aislado, embadurnado en tinta roja y carbón , a salvo de la vida en mi rincón”.

Dicen que tiene una relación con Andrea Levy y eso no le haría ser un incoherente. Todos sabemos que el amor no tiene nada que ver con la ideología. El corazón late sin ninguna razón. El amor es una inconsciencia, lo que queda cuando lo que nos separa parece una barrera infranqueable. Las ideas necesitan de un lugar cómodo para asentarlas y poder defenderlas. El amor debe ser incómodo, molesto incluso, pero es necesario para no quedarse dormido en esta aburrida vida que nos quedaría. Ideas que pueden ser románticamente suicidas, como el amor y la política en las letras de Nacho. Cuando se mezclan el caos está cercano, una pared con la que no podemos evitar chocarnos. La razón es una mala idea a la hora de amar. Baudelaire decía que la contradicción debería ser uno de los derechos humanos fundamentales y yo también me acojo a él.

Nacho Vegas se va a casa y Gijón vuelve a salir para acompañarle. Chillida la elogia y la esculpe desde su lugar más privilegiado. No hay horizonte como el que sueñan los ojos.

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Manuel Gálvez
Mi nombre es Manuel Galvez Giral. Soy de Zaragoza y vivo en Madrid. Me gusta leer y escribir. Necesito leer y escribir. Me gusta aprender de quienes escriben mejor que yo, que por suerte es mucha gente, la mayoría. Sé que pronto publicaré mi primera novela. Lo que no sé es cuando. Quedé finalista del concurso de relatos del barrio de la Guindalera en Madrid hace un par de años. No podía ganar ya que no me había apuntado a los cursos de escritura creativa que organizaba la asociación cultural del barrio. Eran y son de pago. A mí no me gusta pagar para ser timado. He participado en un libro de relatos de autores aragoneses donde cada uno daba su punto de vista sobre cómo ve la tierra donde hemos nacido (Enjambre, editorial Comuniter). Soy zaragocista, y sobre todo me gusta ser merecedor de la confianza que se tiene en mí. No hay santa como la que te lo da todo y no te lo quita.

2 Comentarios

  1. Qué buen artículo. He disfrutado mucho leyéndolo; las imágenes se iban deslizando ante mi ojo con una nitidez abrumadora. Una hermosura. Muchas gracias!

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