Los espejos juegan un papel muy importante en nuestras percepciones visuales porque además de poder permitirnos ver ángulos escondidos de la realidad, nos invitan a ampliar la visión del mundo que nos rodea, quizás por esto, los espejos se han utilizado mucho en la pintura.

Pero también el espejo es un elemento que por pertenecer por excelencia al mundo femenino, forma una parte muy importante de los motivos de los cuadros de la pintora Mary Cassatt, una artista del siglo XIX que nos muestra con su obra el mundo femenino de su época, el universo reducido y estrecho en el que estaban relegadas las mujeres  de su época, a las que ni siquiera se les permitía el acceso a la escuela de Bellas Artes para estudiar, y cuya actividad se centraba en el  mundo del hogar y el cuidado de los hijos.

Mary Cassatt nació en Pennsylvania 1844, pero que transcurrió la mayor parte de su vida en París, donde realizó la mayor parte de su obra.

Su estilo pictórico esta relacionado con el de Renoir y Degas, que fueron grandes amigos suyos; contemporánea de los pintores impresionistas pintó muy pocos paisajes en el exterior y los motivos de sus cuadros están inspirados en el mundo femenino e intimista, realizando sobre todo escenas madre niño y motivos familiares pintados en el interior del hogar.

Gran admiradora de la pintura renacentista y de la obra de Rafael, su estilo esta también inspirado por la pintura de Velázquez, que conoció durante su visita a España.

 

UTILIZACIÓN DE LOS ESPEJOS POR MARY CASSATT EN SU OBRA

Un pintor puede utilizar un espejo de dos maneras, en primer lugar como un elemento óptico, mirándose en él, para hacerse un autorretrato, pero también otras veces el espejo puede formar parte del motivo del cuadro, y entonces se convierte en la llave para introducir perspectivas diferentes en el lienzo, que tienen siempre algo de mágicas, y que añaden a la obra un elemento de misterio.

 

Los espejos como elemento óptico en la pintura. Los autorretratos

Las imágenes especulares son invertidas, por lo tanto cuando un pintor utiliza el espejo como elemento óptico para hacerse un autorretrato y lo coloca frente a él, las imágenes que ve y que luego pinta están invertidas, por lo tanto los pintores diestros parecerán zurdos cuando se hacen un autorretrato.

Sin embargo cuando un pintor decide hacerse un autorretrato de perfil tendrá que emplear dos espejos uno de frente y otro lateral y entonces no habrá inversión de la imagen sino una doble reflexión de la misma que hace coincidir las imágenes reales y las especulares. Todo esto podemos verlo en los dos autorretratos que se realiza nuestra pintora, uno de frente (fig 1) y otro lateral (fig 2).

Figura 1
Figura 2

Los espejos como elementos del motivo del cuadro

Pero aún es más interesante, poder ver como la pintora utiliza los espejos formando parte del motivo del cuadro, porque esto le permite mostrar al espectador ángulos insólitos que no se verían si el espejo no formase parte del mismo.

Mary Cassatt incluye mucho los espejos en sus cuadros utilizándolos prácticamente todos sus motivos, los utiliza por ejemplo en los retratos.

  1. Retratos con espejos.

En ocasiones la pintora sitúa un espejo en la parte superior del motivo con una luz que se proyecta sobre el mismo, lo que le permite poder pintar la parte posterior de la modelo y aumentar mucho la profundidad del cuadro, como en el retrato que hace de su amiga Mary Ellison (fig 3)

 

Figura 3 (El retrato de Mary Ellison)

 

2. Efecto espejo total

Otras veces el espejo ocupa toda la parte posterior del motivo, y tiene entonces un efecto “espejo total” como cuando pinta las escenas que se desarrollan dentro de los palcos del teatro, que incluyen un gran espejo en su pared posterior. (fig 4 y 5)

De esta manera el espejo le permite a la pintora no solo mostrarnos a la modelo del cuadro sino también poder describirnos el ambiente de la sala, pintando el público que se refleja en el espejo detrás de la modelo principal. El espejo también le deja pintar la parte posterior de la modelo y esto aumenta mucho la profundidad del motivo. En este sentido son particularmente interesantes las series de cuadros que pinta con su hermana Lidia como modelo. (fig 4)

Fig 4 (Lidia con el collar de perlas)
Fig 5 (Modelo en un palco con espejo posterior)

 

  1. Uso de los espejos con perspectiva japonesa

La pintura japonesa tuvo un gran interés para todos los pintores impresionistas, y también para Mary Cassatt. La novedad aportada por este tipo de pintura era su perspectiva en diagonal que se construía desde arriba hacia abajo, y Mary Cassatt se ayudó de las imágenes de los espejos para poder lograrla.

Y de nuevo en la obra Retrato (fig 6), la artista vuelve a colocar un gran espejo negro en la parte superior del cuadro, detrás de la imagen principal que se ilumina con la luz de la lámpara aumentando mucho la profundidad y permitiéndole poder pintar el reflejo de la lámpara encendida en el espejo logrando de esta forma la perspectiva japonesa de abajo hacia arriba en el  cuadro. También en la obra “El peinado” (fig 7) el espejo situado en la parte superior del motivo proporciona esta perspectiva en diagonal y la superposición del brazo de la modelo y su reflejo hace que aumente mucho la profundidad de la pintura.

Fig 6 (Retrato)
Figura 7 (El peinado)

 

En la obra “La prueba” la perspectiva japonesa hacia arriba la logra situando a la modista en primer plano y el espejo, que localizado en la parte más posterior, refleja una imagen especular, que siguiendo las leyes de la óptica es más pequeña que la real dando una gran tridimensionalidad al motivo representado en el cuadro

 

Figura 8

 

4.Utilización de los espejos en el período de madurez

En las obras de madurez de la artista es cuando el empleo de los espejos toma una gran trascendencia utilizándolos   de una manera muy variada, en algunas ocasiones colocándolos en la mitad izquierda del motivo y esto aumenta muchísimo la complejidad y profundidad de la pintura.

Figura 9 (La lectura)
Figura 10 (El Peinado)

La pintora nos muestra en estos dos cuadros (fig 9 y 10) nuevos ángulos en la composición del motivo, que lo hacen realmente rico y diferente gracias al espejo que ha colocado en ambos casos en el lado izquierdo de la obra.  Podemos ver como con su madurez como pintora, la introducción del espejo toma una nueva perspectiva.

Figura 11 (Claude de bebé sobre la espalda de su madre)

De este mismo periodo es también la obra “Claude de bebé sobre la espalda de su madre” (fig 11)  en la que la pintora introduce un espejo en la parte superior del motivo  en el que podemos ver reflejado el rostro de la madre y la parte posterior de la cabeza del niño , y nos permite  poder observar también el paisaje que se muestra a través la ventana de la habitación que se refleja en el espejo . Estos reflejos de los ángulos que normalmente están escondidos para la visión y que son realmente la esencia de la magia de los espejos, la artista sabe incorporarlos de una manera única a su obra pictórica.

Figura 12 (Madre y niño con girasol)

Y otra de las originalidades que hace nuestra pintora durante su periodo de madurez es la introducción en ocasiones de dos espejos en el mismo cuadro, como en el caso la obra “Madre y niño con girasol” (fig 12), donde podemos ver un segundo espejo que sostienen la madre el niño entre sus manos permitiendo que observemos la cara del niño de frente, algo sobredimensionada por el reflejo en el espejo, que lleva la perspectiva del cuadro a una tercera dimensión. Además la introducción del otro espejo en la parte lateral izquierda del motivo, como ya había hecho antes en otras obras, hace que la pintura llegue casi a ser tridimensional.

Figura 13 (Antoinette en su peinador)
Figura14 (Mujer peinándose)

Pero esta tercera dimensión podemos encontrarla en su grado máximo en los cuadros   de las figuras 13 y 14, que realmente son la imagen especular el uno del otro.

En ellos la pintora también utiliza dos espejos, y aunque el que tiene la modelo en su mano no refleja ninguna imagen, el espejo posterior le permite poder pintar ángulos de la cabeza de la modelo que no podrían verse si no hubiese incorporado la figura del espejo en la parte superior de la composición.

Es en estos dos cuadros (fig 13y 14), es donde podemos ver la autentica pasión de la pintora por el uso del espejo formando parte del cuadro, tomando en este caso como motivo de su obra un gesto que ella realizaría cada día al mirarse al espejo para comprobar la parte posterior de su peinado.

Figura 15 (Madre e hija)

Durante su viaje a Italia, la artista queda impresionada por la vírgenes pintadas por Bellini, e inspirándose en ellas vuelve a utilizar el espejo, esta vez  para pintar la aureola  alrededor de la cabeza de sus modelos, tan típica de la pintura renacentista. (fig 15)

La pintora visitó Madrid y el museo del Prado y quedó vivamente, impresionada por la obra de Velázquez y de Goya, por ello después de su visita a España podemos encontrar entre sus cuadros algunos de inspiración típicamente española (fig 16)

 

Figura 16 (En el balcón después del carnaval)

 

Su enfermedad ocular

Mary Cassatt además padecer de cataratas, era diabética, hipertensa y sufría de artritis. Para poder seguir de cerca su enfermedad ocular podemos estudiar las cartas que escribía desde París a su familia de Pennsylvania, y que actualmente se conservan en la Galería Nacional de Arte de Washington, a través de ellas  podemos tener conocimiento de todas sus dudas y miedos sobre la enfermedad que padecía y podremos valorar el efecto  que tuvieron sobre su vida y su obra los tratamientos médicos y quirúrgicos a los que se sometió.

El 16 de julio de 1913, escribe:

«Mis ojos han cambiado mucho, han perdido su precisión al mirar, la luz me molesta continuamente y esto me confunde al trabajar, si estuviese segura de encontrar un buen oculista… pero el Dr. Whitman está de nuevo fuera, creo que no podré esperar a su regreso».

Su oftalmólogo de confianza, el que  siempre le había tratado, era el Dr. Whitman, pero al no poder ser visitada por él, acude a otro médico, del que no podemos saber el nombre, pues no lo refiere en su carta.

Escribe de nuevo:

«Está oscuro y lloviendo, he visitado a un oftalmólogo y me ha dicho que tengo inflamación de los párpados y conjuntivitis, dice que no es importante y que tengo buena visión por un ojo y por el otro no demasiado mala. De todas formas, me ha aconsejado volver a los dos meses e intentar operar los dos ojos en una semana». «Después visité al Dr. Whitman y quedó horrorizado de este diagnóstico, y me dijo que estas operaciones podrían conducirme a la ceguera, y que ese oftalmólogo solo me las habían indicado por ganar dinero, intentó ponerme gafas pero no mejoro mi visión. La verdad es que yo cada vez veo peor y todo esto es un tormento para mi».

Vemos a través de la correspondencia de la pintora, sus dudas y su deseo de poder ver mejor, y también sus consultas sucesivas a diferentes especialistas, tratando de encontrar una solución para sus problemas visuales.

Y según pasa el tiempo, sus palabras comienzan a ser aún más desesperadas, así escribe en un telegrama a su familia en EE.UU. el 21 de agosto de 1915:

«Necesito un oculista, no puedo leer ni escribir».

Y es entonces cuando Mary Cassatt encuentra y visita al Dr. Borch, oftalmólogo que era americano como ella, y residía en París. Quizás el poderse comunicar con él en su propio idioma, y tener su misma nacionalidad le haría más cercana la visita médica. Finalmente la pintora siguiendo las indicaciones del Dr Borch decide operarse de cataratas y escribe a su familia otro telegrama en septiembre de 1915 diciéndoles:

«Ojos enfermos. Iritis con adhesión bajo tratamiento. He encontrado un oftalmólogo famoso. Operación necesaria».

Y en otra carta escrita en julio de 1916 nos habla de como es su relación medico paciente con el Dr Borsch diciendo:

«El Dr. Borsch trata mis ojos con dedicación y cuidado, mantiene la esperanza, le veo trabajar, pero mis ojos no mejoran».

Finalmente el Dr Borsch interviene a la pintora de la catarata del ojo derecho, que era el que peor veía en octubre de 1917. No obstante los resultados en cuanto a recuperación de la visión no fueron buenos y así el 12 de diciembre de 1917 escribe:

«Mi visión va siendo peor cada día, tengo una catarata secundaria a la inflamación en mi ojo izquierdo, el doctor duda que recuperase mucha visión después de operarla, por lo que prefiere esperar a estar seguro».

Y es que realmente las cataratas que desarrolló la pintora eran muy complejas y no eran debidas solamente a su edad, sino que podrían ser secundarias a las inflamaciones oculares que habrían producido en ella los tratamientos a base de inhalaciones de radium a los que se había sometido por su diabetes. Tenemos testimonio por sus cartas de que se sometió a este tipo de tratamientos, así el 14 de diciembre de 1911 antes de comenzar con sus problemas de visión había escrito a su familia diciéndoles:

«El doctor me ha dicho que haga inhalaciones con radium, hoy he tenido la octava sesión y sufro mucho, el médico quiere probar este tipo de tratamiento conmigo, así que trataré de poder soportarlo».

En esta época se habían ensayado muchos tratamientos para la diabetes, aunque ninguno con éxito, hasta que en 1920 Banting y colaboradores comenzaron a utilizar la insulina como tratamiento para la enfermedad.

Un tratamiento muy novedoso para la diabetes en aquella época eran las sesiones de inhalaciones con radium, elemento radiactivo que acababa de ser descubierto por Marie Curie. En aquella época, no se conocían aún los peligros que las radiaciones ejercían sobre el organismo, la propia Marie Curie, que estuvo expuesta a ellas durante mucho tiempo por su trabajo, padeció muy tempranamente de cataratas en ambos ojos y  también falleció de leucemia por su exposición profesional a los elementos radiactivos.

Por lo tanto las cataratas que padeció Mary Cassatt cuando era todavía relativamente joven, eran complejas y podrían ser secundarias a la inflamación ocular debida al tratamiento con radium para su diabetes. Además de que probablemente también la pintora podría sufrir de patología de retina asociada como consecuencia de esta misma enfermedad, que ensombrecería aún más el pronóstico de sus cataratas.

 

Figura 17 (La barca)

 

Por todo esto los resultados visuales después de la intervención del ojo derecho no fueron buenos y el 13 de julio de 1918, la pintora vuelve a escribir:

«Una catarata secundaria ocluye de nuevo mi ojo derecho, que fue operado en octubre, y el doctor no tiene duda de que tiene que operarme de nuevo, después de la operación tuve que someterme a largos tratamientos, y por eso se ha vuelto a hacer de nuevo la catarata, no he mejorado nada de visión con ese ojo, y además ahora tengo otra catarata en el ojo izquierdo, del que depende toda mi visión, en un futuro, me gustaría visitar a mi oculista, pero quizás el no esté preparado para tratar mis ojos… el Dr. Borsch es oculista del Gran Palais y de la Armada francesa”.

Podemos intuir del estudio de su correspondencia que el Dr Borsch ya le había indicado el tratamiento quirúrgico de la catarata de su ojo izquierdo pero las dudas de la pintora persistían y se debatía entre la confianza en el oftalmólogo que siempre la había tratado, el doctor Whitman al que quizás ella misma consideraba que no estaba preparado para hacer una cirugía tan compleja y pensaba que debía sin embargo confiar en el Dr Borsch. Estas dudas son normales en todo paciente que debe de someterse a una cirugía complicada.

Debido a las características inflamatorias de sus cataratas, la pintora comenzó a perder visión en su ojo derecho ya operado, y tuvo que someterse a una nueva intervención para romper una membrana que se había desarrollado como consecuencia de la inflamación. Después de someterse a esta pequeña intervención, el 24 de mayo de 1918 escribe:

«La catarata secundaria del ojo derecho ha sido abierta y he tenido que estar dos o tres días en la cama, el azúcar y la tensión arterial han disminuido, y ha podido hacerse la operación, aunque esto no es algo que implique una mejoría de visión de mi ojo derecho».

En agosto de 1918, escribe: «Mi visión empeora cada día y hasta escribir me cansa mucho los ojos. Camino con horror hacia la ceguera, y no sé si una nueva operación pondría fin a esta condena».

En noviembre de 1918 se somete a la operación de cataratas en su ojo izquierdo, que era en el que aún conservaba algo de visón y escribe:

«La operación del ojo izquierdo se llevo a cabo el 22 de octubre, era muy atrevida, sobre todo, en un ojo donde la catarata aún no estaba madura, pero el doctor puso toda su reputación en el resultado, me habían hablado de que este tipo de operaciones se hacen en EE.UU. y en París, él es el único que las hace, hoy te escribo poco, porque aún tengo tapado el ojo izquierdo, y no veo demasiado bien».

Sin embargo, la operación no produce el resultado deseado, y en marzo de 1920, la pintora escribe de nuevo: «Soy vieja y estoy ya demasiado ciega como para poder hacer algo, veo todavía menos con el ojo que me operé en octubre, y pienso si no tendré también en él una catarata secundaria como en el otro, Borsch ya me lo había advertido, que podría pasar, a pesar de que la catarata no estuviese aún madura al operarla. Pienso que el estado de mis ojos acortarán mi vida, no puedo ver cuadros, ni fotos».

Y de nuevo después de la cirugía la pintora vuelve a perder visión por el ojo izquierdo debiéndose someterse a nueva intervención quirúrgica, y finalmente escribe:

«He tenido que someterme a muchas operaciones en mi ojo izquierdo, por lo que este ha tenido que estar mucho tiempo vendado, y tengo que ver solo por mi ojo derecho, que es el ojo por el que veo peor. Pienso que no seré capaz de volver a utilizar mis ojos, además  no podré graduarme hasta dentro de muchos meses, a pesar de los grandes progresos que me prometía mi oftalmólogo. Yo, la verdad, es que ya no tengo ninguna esperanza».

Podemos notar la desesperación de la pintora al ver que sus expectativas no se habían cumplido después de someterse a todas estas intervenciones quirúrgicas, pero realmente la cirugía era lo  único que podía hacerse en su caso , desde luego el padecer otras enfermedades como la diabetes y el haberse sometido a tratamientos con radium habían empeorado aún mas el pronóstico .La artista profundamente deprimida por sus problemas visuales suspendió toda su actividad artística después de 1915, sin embargo se convirtió en una gran difusora de la pintura impresionista en EEUU introduciendo allí los cuadros de sus amigos Degas, Renoir o Monet siendo la principal responsable de la creación de una auténtico movimiento impresionista entre los pintores americanos.

 

Influencia de la enfermedad ocular en la obra de Mary Cassatt

Mary Cassatt dejó de pintar cuando se inició su enfermedad ocular, quizás porque ella era muy exigente a la hora de dibujar y de elegir los colores de sus obras, por lo que hay muy pocos cuadros pintados durante, o después de su enfermedad ocular.

Según avanzaba su enfermedad, perdió la capacidad para realizar las obras tan detallistas que la caracterizaban, y que tanto le gustaban pero  continuó trabajando algo al pastel, técnica para la que no requiere de tanta agudeza visual como para el óleo. Fue lo mismo que hizo Degas cuando tuvo sus problemas visuales, ambos eran dos grandes dibujantes, y quizás sea el pastel una técnica pictórica más fácil de utilizar que el óleo cuando se pierde visión.

Igualmente, comienzo a trabajar empleando grandes formatos, lo que le permitía un dibujo menos preciso de los contornos, y el uso de colores con menor gradación, condiciones que podían compensar en parte sus problemas visuales.

Podemos observar el cambio que se produce en su obra, estudiándola por motivos:

Figura 18 (Madre e hija, Óleo pintado con 35 años)
Figura 19 (Madre e hija pastel pintado con 69 años)

Así si consideramos sus cuadros dedicados al tema “Madre e Hijo “(fig 18 y 19) pintados a diferentes edades, encontramos grandes diferencias, el óleo pintado cuando tenía 35 años es muy realista y esta realizado con una gran precisión de detalles, y el pastel pintado cuanto tenía 69 años, tiene una composición mucho menos trabajada a pesar de que la distribución espacial de las dos obras es muy similar.

También en los cuadros “Madre amamantando a su hijo “( fig 20 y 21) podemos ver las mismas características que en los anteriores , un cambio del óleo al pastel y un predominio en la utilización en los pasteles de la gama de colores ocres y de los marrones, influencia del filtro amarillo que produce la catarata dentro del ojo, aunque como en los anteriores la distribución espacial de cuadro no se ve afectada.

Figura 20 (Madre amamantando a su hijo, óleo pintado con 42 años)

 

Figura 21 (Madre amamantando a su hijo , pastel pintado con 67 años)

En los cuadros “Madre con niño en gama de azules“ (fig 22 y 23), pintados con veintiocho años  de diferencia, se pueden encontrar muchas diferencias en el dibujo de las caras, que son totalmente realistas y muy trabajadas en el cuadro al óleo y que sin embargo están solo esbozadas en el pastel . Es muy curioso porque a pesar de que el filtro amarillo de la catarata dentro del ojo hace a los pintores que la padecen utilizar la gama cálida de la paleta, en este caso Mary Cassatt utiliza las gamas frías de los azules, que podríamos pensar que con su catarata serían difíciles de percibir para ella.

Figura 22 (Madre con niño en gama de azules)
Figura 23 (Madre con niño en gama de azules)

Fig 22 y 23.” Madre con niño en gama de azules “

En las obras en las que trata escenas familiares , en las que pinta a la madre con varios de sus hijos podemos encontrar los mismos cambios que en otros motivos: la distribución espacial del cuadro es la misma , y solo cambia la técnica pictórica, deja de utilizar el oleo y emplea el pastel (fig 24y 25).

Figura 24 (Óleo pintado con 39 años)

 

Figura 25 (pastel con 63)

También los retratos (fig 26 y 27) que forman una parte muy importante de su obra pictórica podemos observar cambios similares con su enfermedad ocular. Son especialmente hermosos los retratos que hace de sus sobrinos y de los niños de su entorno. (fig 28 y 29)

Figura 26
Figura 27
Figura 28
Figura 29

A Mary Cassatt además de reconocerle sin duda su genialidad artística hay que darle también el mérito de ser una mujer que trabajó en el mundo del arte de su época, que era predominantemente masculino, y que supo reivindicar mejor que nadie con su pintura la importancia de la intimidad del mundo femenino.

Edgar Degas, que fue su amigo durante toda su vida y que también como ella padeció de defectos visuales , decía al observar su obra “Es auténtica , dibuja como yo “ y es que realmente su arte es una certera combinación del gusto por el dibujo y las formas y los hermosos colores del impresionismo.

En sus últimos trabajos, nos sigue mostrando la calidez e intimidad del universo femenino de su época, sus cuadros no pierden delicadeza y su distribución espacial sigue siendo excelente,  pueden existir algunos cambios en el dibujo de  los rostros, que quizás estén  pintados con menos detalle,  y también en la forma de empastar los colores de las figuras, y  en su manera de utilizar las líneas de demarcación éntre los distintos elementos del motivo, sin embargo su obra no pierde ni  un ápice de belleza .

Así si nos fijamos en uno de sus últimos cuadros, pintado cuando su enfermedad ocular estaba muy avanzada y su visión muy disminuida, aún tiene una construcción segura y sus colores son variados y vivos. Se dice que ella misma al contemplar el cuadro terminado dijo:

“Ya no puedo hacer nada mejor“

Y realmente son sus palabras las que  definen mejor  esta obra  porque el cuadro encierra en si mismo tanta belleza, que no se podría mejorar, como muy bien dijo la propia  artista al observarlo terminado (fig 30) .

Figura 30 (Madre con su hijo joven e hija)

Y también en uno de sus últimos estudios al pastel (fig 31) realizado cuando su agudeza visual estaba ya bastante comprometida, podemos intuir todas las características tan hermosas y definitorias de su arte.

Figura 31 (Último estudio al pastel)

A pesar de que su enfermedad ocular le había obligado a dejar de pintar y  aunque también las circunstancias  de los últimos años de su vida no le fueron  demasiado propicias,  ya que la guerra de 1914  le obligó a abandonar  el castillo de Beaufresne donde había transcurrido casi  toda su existencia,  su vocación por la pintura le  ayudaba a evadirse de todo, y así escribe en sus ultimas cartas hablando de su obra pictórica:

«He intentado emocionar a la gente con mi arte, en mis cuadros he intentado mostrar el amor y la vida. No hay nada que pueda compararse a la alegría de un artista al pintar».

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Carmen Fernández Jacob
Doctora en CC Biológicas, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Oftal- mología. Autora del libro La patología ocular en la pintura a través de la historia clínica oftalmológica editado por la Sociedad Española lde Oftalmología. Autora de numerosos artículos sobre oftalmología y pintura. Ha impartido diversas conferencias sobre la influencia de las enfermedades visuales en la pintura en lugares como el Museo del Prado, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la fundación Caixa Fórum y el Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

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