El 2017 ha terminado con la terrible noticia de la detención del asesino confeso de Diana Quer, un depredador sexual que la metió en el maletero de su coche porque deseaba su cuerpo y no podía tenerlo sino a la fuerza. Un hombre sin alma que al no poder abusar de ella porque la niña se defendió, o después de hacerlo, eso la autopsia lo dirá, la estranguló, tiró su cuerpo a un aljibe, cerca de su casa y siguió viviendo como si nada hubiera ocurrido.

Este año también hemos sufrido al conocer el escalofriante relato de otra pobre niña violada por cinco bestias que se hacían llamar La Manada. Una niña que al verse rodeada de tíos grandes como castillos decidió no ofrecer resistencia y seguir viva y que por ello ha tenido que escuchar barbaridades sobre su persona. Quizás algunos de los que la exigían que luchara ella sola, desde sus dieciocho años recién cumplidos, contra cinco hombres hechos y derechos piense hoy que, de haberlo hecho, podría haber sufrido el fin de la pobre Diana.

No era la primera vez que estos miembros de La Manada drogaban y abusaban de una chica y presumían de ello ante otros machos, que, como ellos, conciben a la mujer como objetos de usar y tirar, solo útiles para su propio disfrute. Desgraciadamente no son el único grupo de hombres que han abusado de una chica este año, la ignominia se ha dado en varias ocasiones.

En este año que acaba de terminar, 48 mujeres han sido asesinadas por hombres que un día dijeron amarlas, 8 niños han sido salvajemente aniquilados por sus padres, solo para que sus madres sufrieran por haber cometido el terrible delito de salir de una relación que no las hacía felices, 27 niños se han quedado huérfanos porque un hombre, normalmente su padre, no ha podido soportar que su madre rehiciera su vida lejos de él.

En este año que acaba de terminar, 48 mujeres han sido asesinadas por hombres que un día dijeron amarlas

Si hay un miedo que tengo como madre de una hija joven, inteligente, buena y guapa es que pueda caer en manos de cualquier de estos depredadores que acechan a nuestras niñas en la oscuridad, que piensan que, porque llevan ropa sexi, porque se pintan, salen y se divierten con sus amistades, pueden usar sus cuerpos y mancillar sus almas. Que no comprenden que nuestras hijas son libres, son fuertes y valientes y tienen derecho a hacer con sus cuerpos lo que les plazca. Que solo ellas pueden regalarles el placer de su compañía, cuando quieran y como ellas quieran.

También me aterra que un día pudiera enamorarse de uno de estos malvados que no toleran que la mujer a la que aman se aparte de ellos. Uno de los que se muestra encantadores durante el cortejo y, poco a poco, de manera casi imperceptible, van recortando tu libertad, controlando con quién te relacionas, qué ropa te pones… Y un día te insultan, te denigran delante de tu familia o amigos, te dan una bofetada y te despiertas en el infierno.

Si consigues armarte de valor y salir de esa relación tóxica, te juegas la vida, literalmente. El hombre que decía amarte puede esperarte de madrugada, meterte a la fuerza en un coche y estrellarlo contra una gasolinera para que si no mueres del golpe lo hagas calcinada. El hombre con el que compartías tu vida, el padre de tus hijos puede coger un arma y matarte delante de ellos para luego suicidarse dejando tras de sí tres huérfanos traumatizados y solos. El hombre que decía no poder vivir sin ti te apuñala hasta la muerte y luego se tira por la ventana.

nuestras hijas son libres, son fuertes y valientes y tienen derecho a hacer con sus cuerpos lo que les plazca

Cuando has alcanzado ya la mitad de tu vida, como es mi caso, dejas de tener miedo por ti misma porque ya has pasado por casi todo y has salido victoriosa, con alguna que otra cicatriz, sabes de lo que eres capaz y dóndes es mejor no aventurarse, pero entonces te asalta el peor de los miedos, el de que a tus hijas pueda pasarles algo. Ellas que aún están aprendiendo a vivir, que tienen solo futuro en sus ojos y que no merecen mal alguno. Pero no quieres obligarlas a vivir con miedo, a renunciar a sus sueños, a esconderse para evitar el peligro. Lo que quieres es que toda la sociedad se implique, educando a los niños, desterrando comportamientos machistas enquistados en nuestro día a día, señalando a los violentos poniéndonos siempre y sin fisuras del lado de las víctimas, encerrando a los malvados, para que la violencia machista pase a la historia de una vez por todas.

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