Fotografía Iván Casuso

Retrocedo ante el espejo. Recorro unas facciones que la vida ha angostado en surcos cada vez más perceptibles. Los transito con mis manos, acaricio hendiduras que me empeño en cubrir tras el éxito difuso y vanidoso; para ocultar, quién sabe, el fracaso más certero.

No soy yo, me digo, o quizá sí. Me cuesta reconocerme entre el maquillaje que pretende adornar la derrota paulatina.

Vislumbro en una esquirla de mi piel, quizá a la altura de mis ojos, aquel con quien un día soñé mientras impulsaba canicas con los dedos. Pienso en ella y en mí, y en aquel muro tras las vías en el que suspendíamos nuestras piernas.

Es extraño, me digo, añorar la vida que uno nunca tuvo y todo aquello que tus manos no agarraron.

Estiro de esa esquirla de piel viva, todavía. Consigo poco a poco, con paciencia inusitada, levantar la pintura acumulada por el paso de los días.

Liberado, al fin, de mi careta, descubro, ahora sí, aquel con que un día soñé mientras impulsaba canicas con los dedos.

 

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David Vicente
Escritor con varias novelas publicadas, he sido galardonado en varias ocasiones, como por ejemplo en el XLVIII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro por “Isbrük” (Editorial Pre-Textos, 2017). También colaboro como articulista en medios como Zenda, y actualmente dirijo la escuela creativa “La Posada de Hojalata” impartiendo talleres de escritura creativa, tanto dentro de ella como para diversas instituciones.

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