Resulta curioso observar cómo le puede cambiar la vida a un personaje famoso el hecho de que un director de cine decida realizar una película sobre él. Existen muchos ejemplos de cintas, basadas en hechos y en personajes reales, que han catapultado a la fama a sus protagonistas, incluso cuando estos ya eran conocidos. Es el caso de Toro salvaje, de Martin Scorsese que, sirviéndose del personaje de Jake LaMotta, narra una historia trágica en la que se refleja a la perfección el ascenso y la caída del popular boxeador. El pasado diecinueve de septiembre falleció, convirtiéndose su muerte en una de las noticias sobre cine más comentadas del mes. Lamotta fue un boxeador muy conocido a mediados del siglo pasado en Estados Unidos, pero nunca perteneció al mundo del cine. Hoy sí; en la actualidad se le recuerda como el boxeador que inspiró la película tan aclamada de Martin Scorsese, estando a la altura de otros personajes protagonistas de sus trabajos.

Scorsese ha realizado películas de todo tipo. Se le reconoce, sobre todo, por dirigir trabajos sobre organizaciones mafiosas. El director es un maestro en cuanto a la representación de villanos, de personajes malvados, envueltos en multitud de problemas legales, que a la vez desprenden una interesante fascinación. Desde Uno de los nuestros (1990), pasando por El cabo del miedo (1991) e Inflitrados (2006), hasta llegar a El lobo de Wall Street (2013), los protagonistas de sus películas son mafiosos, salteadores o presidiaros que poseen un atractivo estético potente debido, precisamente, a su faceta perversa y delictiva. Travis Bickle (Taxi driver), Henry Hill (Uno de los nuestros), Max Cady (El cabo del miedo) o Jordan Belfort (El lobo de Wall Street) son protagonistas y villanos al mismo tiempo; su mérito como personajes se encuentra en su actitud inmoral y apartada de toda legalidad. Pues bien, Jake LaMotta, no es una excepción respecto a los personajes citados. Se trata de un individuo real, representado en la ficción como un pederasta, maltratador y egocéntrico, cuya máxima aspiración en la vida es demostrarse a sí mismo que “es el mejor”.

Robert de Niro en “Raging Bull” (Toro Salvaje, 1980)

La película está basada en Raging Bull: My Story, la autobiografía del boxeador y, esta historia, pasó a estar narrada al estilo Scorsese cuando el director adaptó el guion.  El cineasta hizo de su vida otra película más de ascenso y caída, tan propia de su quehacer cinematográfico. El boxeador suscita así el tradicional problema de la separación entre la persona y el personaje, entre el “LaMotta boxeador” y el “LaMotta protagonista” de la oscarizada película de Scorsese. Dicho problema se genera porque Toro salvaje no dista demasiado, estilísticamente, de otras de sus películas sobre la mafia. El estilo del director se observa desde el principio hasta el final de la película.

El film relata la brillante y decadente carrera de LaMotta, pero su estructura narrativa no deja de ser la misma que la de las cintas citadas. Los patrones se repiten. Hay uno en particular, relativo a la construcción de los personajes, que funciona perfectamente en estos trabajos: la excelente pareja compuesta por Robert de Niro y Joe Pesci. El dúo se ve también en Casino y en Uno de los nuestros, filmes en los que ambos encarnan papeles muy similares. Los dos hacen de mafiosos, ya sea bajo la tapadera de dirigir un casino o bajo la de una reunión de un grupo de amigos. Lo interesante de esta pareja es la brillante compenetración que se produce. Robert de Niro es el tipo razonable y templado y Pesci es el visceral e impulsivo. Se trata de la clásica diferencia entre poli bueno y poli malo, aplicada al mundo de los gánsteres. En Toro Salvaje la función se invierte, siendo de Niro (LaMotta) el irascible y Pesci (su hermano) la voz de la templanza. Sin embargo, aunque los papeles están invertidos, siguen teniendo la misma función: siempre hay uno que controla los ataques irracionales del otro.

Otro elemento que se observa en el film, muy común en las películas de gánsteres, es el trato machista del protagonista hacia su esposa: en las primeras escenas ya se ve discutir al matrimonio por un simple filete, por ejemplo. LaMotta infravalora a su mujer, la menosprecia y humilla. Dicho comportamiento machista aparece también en películas como Scarface (1983), de Brian De Palma, en la escena en la que Tony Montana recrimina a su esposa que no pueda tener hijos debido a su adicción a las drogas. Más ejemplos se encuentran en El padrino (1972), de Francis Ford Coppola, en la relación entre Connie y Carlo, donde se observa maltrato físico y psicológico; también en el Padrino II (1974), en la relación entre Mikel Corleone y Kay, en la asombrosa escena en la echa de casa delante de sus hijos. Mediante este tipo de relaciones se muestra una actitud misógina muy común en el mundo de los gánsteres; característica que Scorsese comparte con el resto de películas del género.

El problema que surge al ver Toro salvaje es la autenticidad de la historia contada. El director narra una historia dura y cruel y, esta vez, los personajes reflejados en la gran pantalla no son ficticios; es Jake LaMotta, el Toro del Bronx, el mismo que fue al estreno y el que vio el éxito cosechado por el film. El mes pasado la noticia de su fallecimiento circuló por todos los diarios y las páginas de cine. Hoy, LaMotta, forma parte del imaginario colectivo de las películas de Scorsese: es persona y personaje. Este fenómeno revela el gran poder que tiene el cine para potenciar la figura de una persona o para denostarla. Es probable que aquel que no sea muy aficionado al boxeo, pero sí lo sea del cine, conozca a LaMotta únicamente por la película. Así ha ocurrido con muchas otras personas a lo largo de la historia. Rain man (1988), de Barry Levinson, dio a conocer el caso de Kim Peek; el hombre con síndrome del savant que, a pesar de ser dependiente, poseía unas capacidades psíquicas extraordinarias. El día que falleció, los periódicos anunciaron la muerte del “auténtico Rain man”, confundiendo la persona con el personaje también en esta ocasión.

Por todo esto, aunque la película trata sobre la vida de Jake LaMotta, hay que tener en cuenta que está adaptada al estilo Scorsese, y que una cinta, al igual que una novela, nunca narrará los hechos tal y como fueron ni mostrará a los protagonistas fielmente, tal y como son en su vida cotidiana. El mismísimo LaMotta, al salir del estreno del film, en 1980, preguntó a su exmujer si él en realidad era así, tan perverso como aparecía en la película; a lo que ella respondió: “No, eras peor”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here