Lo predije en el año 1555. Todo comenzaría en los Almacenes Sonsoles del centro de la ciudad. Lo veía con claridad prístina, pero nadie me hizo caso. Los primeros síntomas se verían en los balcones de la ciudad a las ocho de la tarde. En primer lugar, pérdida de fuerza en los aplausos. A continuación,  enrojecimiento e inflamación de la piel, prurito y, en ocasiones, aparición de vesículas y exudación de las mismas. Por último, las uñas se caerían. Todo ello acompañado del ocaso del irreal estado de concordia, amor eterno y paz mundial. Cuando uno muere, predije, y encima está podrido, la empatía desaparece del diccionario interior.

La red de residuos fecales de la ciudad terminaba en el sótano de esos almacenes. Ratas, excrementos, roedores, cucarachas y liendres convivían con latas de atún en aceite de oliva y B&B Cream anticelulítica. El alcalde de la ciudad, corrupto y politoxicómano, primo lejano de Rita Barberá, había hecho la vista gorda al dueño de los Almacenes Sonsoles. Hay que ver el lado positivo de las cosas, dijo en rueda de prensa para sorpresa de los periodistas, que no entendieron ese comentario. Más nutrientes para tu clientela, balbució al gerente de los almacenes.

 

-En señora, increíble conjunto de braga y sujetador por 2 euros con 50.

-Aprovéchese de las ofertas de Almacenes Sonsoles para este verano.

-No olvide que en charcutería la pata de jamón ibérico le sale a solo 3 euros el kilo.

-Ni que en mecánica le cambiamos las cuatro ruedas de su todoterreno por 10 euros.

 

Macarena e Isabel trabajaban en los Sonsoles desde niñas. Eran feas con avaricia, tenían cara de limón podrido. Su cultura era escasa y su personalidad, nula. Ante el temor a denuncias por escándalo público debido a su rostro difícil de ver, el dueño de los almacenes las destinó al sótano tras firmar un contrato en el que juraban que nunca hablarían de la realidad de esa sentina. La Seguridad Social premiaba actos de bondad como éste con rebajas considerables en la declaración. Antaño, el gerente de los Sonsoles había sido sacerdote y mantenía la vena pía. Las dos muchachas, que procuraban no mirarse la una a la otra para no asustarse, llevaban meses sin alimentarse. Beber era un suplicio porque el líquido se derramaba por los agujeros de su cara.

 

-Estoy hasta el coño de no poder beber tranquila. Parezco la Fontana di Trevi.

-Es que pareces tonta, coge la jeringuilla e inyéctatelo. Desde luego, Macarena, hay veces que no entiendo esa obsesión que tienes dentro, así como que te reconcome, de recordar tus tiempos de ser humano.

-¡Eso no es verdad!

-Pues yo te digo que sí.

-Me estás aburriendo, Isabel. Hoy no ha venido nadie a comprar. Me parece absurdo que estemos 400 horas con el micrófono en la mano para ganar la porquería que ganamos.

-Desde que se acabaron los humanos, las cosas van de mal en peor. A mí me afecta, no te lo puedes figurar. Llegar a casa y tener que comer carne envasada o de esa que nos mandan del laboratorio de Helsinki no es lo mismo.

-No sé por qué no prosperaron los laboratorios que tenían intención de fabricar humanos en serie, como los pollos de corral.

-Es lo que ellos estaban haciendo antes de nuestra llegada, reproducirse como ratas para contaminar el mundo. ¿Recuerdas cuando hacíamos ruidos en plan lavadora vieja para asustarles antes de comérnoslos?

 

Desde tiempos ancestrales, se creía que los dioses infligían enfermedades cuando ciertos pueblos merecían un castigo. Sirvió, por ejemplo, para explicar una epidemia mortífera en el año 430 antes de Cristo. La diosa Hera, esposa de Zeus, envió una plaga a la isla de Egina, cuyo nombre proviene de la ninfa con que su marido le fue infiel. La explicación mitológica corresponde a un hecho real: la plaga de Atenas, en la que murieron 150.000 personas.

Bebí de este hecho histórico cuando publiqué Las Profecías en 1555. En 2020, los dioses no podían soportar por más tiempo el triángulo del mal creado entre la contaminación ambiental, la falta de valores y Puigdemont.

 

-Si te digo la verdad, estaba cansada de tanto paripé porque los ruiditos me dejaban la garganta destrozada.

-Para eso venían muy bien los sesos de vírgenes o los intestinos de ancianos.

-¡Es verdad, qué escándalo! Tenían como una textura rollo Strepsils que te dejaba la garganta como nueva. ¡Qué tiempos aquellos! Somos viejas, eh.

-Bueno, unas más que otras…

-Ayer apareció un humano perdido en el garaje de mi casa.

-¿Qué me estás contando?

-¡Como lo oyes! Me quedé estupefacta. Pensaba que los habíamos exterminado y, de repente, apareció como si tal cosa y se puso a ordenar las herramientas de mi marido en el garaje.

-Pasa como con las palomas de la calle, están muy acostumbradas a vernos y no se mueven cuando pasas con el coche por encima y las chafas.

-Los humanos siempre fueron una lacra.

 

Los primeros síntomas eran similares a los de la gripe y se presentaban de uno a siete días después de la exposición al germen. Entre estos síntomas se incluía fiebre, dolor de cabeza y vómitos. Los ganglios linfáticos inflamados y dolorosos aparecían en las áreas más cercanas al comienzo de la infección. En la página 672 de mis profecías dejé constancia de ello.

Semanas después del comienzo de la pandemia por coronavirus el alcantarillado de la ciudad sufrió un colapso. El estado de alarma decretado por el Gobierno hizo que el uso de agua en los hogares y, por ende, el nivel de defecación aumentase sobremanera. Macarena e Isabel se habían saltado el confinamiento porque necesitaban ropa interior nueva y se encontraban dentro de la tienda. Por primera vez en su vida podían abandonar el desabrido trabajo en el sótano para disfrutar del resto de plantas. Pero el lodazal, de alguna manera, fue a su encuentro…

A las ocho de la tarde del 10 de abril de 2020, coincidiendo con los candorosos y bienintencionados aplausos que se oían en todo el país, miles de ratas salieron del coluvie de los almacenes Sonsoles, subieron a la primera planta, atravesaron la sección de congelados y treparon por la charcutería y pescadería. Macarena e Isabel oyeron un estruendo, la marabunta se dirigía hacía ellas mientras que conversaban animadamente sobre el aro del sujetador que acaban de probarse. Ambas tenían el corona, pero el bien común les importaba un bledo. No sabían que el COVID-19 estaba a punto de mezclarse con el Yersinia Pestis.

 

-Me pongo neurasténica cada vez que pienso que no prosperaron las granjas de humanos.

-No hagas mala sangre, Maca.

-Mira en que ha quedado el mundo, solo quedan dos locas condenadas a la vida eterna, llenas de agujeros, muertas vivientes.

-Su puta madre va a aplaudir ahora.

 

30 de abril de 2020.
Radio Hecatombe informa.
El mundo, en peligro de extinción.
Se confirman los peores pronósticos.
El Doctor Stephen Stevenson, ganador del Nobel por error, confirma que se ha generado un nuevo germen, una bacteriavirus fruto de la unión entre la Yersina Pestis y el COVID-19. La letalidad es del 99,9%, lo que deja al ébola en un catarrillo de verano. Con un pequeño detalle, no mata del todo, sino que produce no-muertos. Los primeros indicios informan que decenas de cadáveres han empezado a vagar por las calles de medio mundo. Las autoridades sanitarias advierten de que no hay cura posible. El Ejército, movilizado. Desde la Santa Sede, se recomienda rociar a los muertos con agua bendita. Pedro Sánchez se plantea prorrogar el estado de alarma.

 

-Recuerdo cuando me convertí.

-¡Qué dramática eres! Ni que fuésemos vampiras. Simplemente estamos muertas por el bien común.

-Me acuerdo que estaba dudando sobre si comprarme un multiposición o un halter y de repente vi aparecer por la escalera mecánica todas esas ratas.

-Ya no existe el mundo tal y como antes lo conocíamos. Y me encanta. Se ha roto la sociedad, las instituciones y los individuos. Todo comenzó por una confrontación cultural y psicológica y dio paso al caos. Fascinante.

 

Muchos académicos me han acusado de farsante de modo torticero. A lo largo de los siglos han asegurado que mis predicciones eran vagas y que podían aplicarse a cualquier cosa, esgrimiendo un carácter veleidoso que poco tenía que ver con mis estudios, llenos de erudición y sabiduría. Lo sé, no tengo abuela, perdonadme. También muchos de ellos han dicho que yo no tenía ningún tipo de poder adivinatorio, pero después creen lo que dice Rappel. Ingenuos. Aparece en el grueso de mis escritos, la natura se rebela contra el hombre, rescata la Yersinia Pestis de los laboratorios y la combina con el benévolo COVID-19.

La historia de Macarena e Isabel es un truño, lo sé, llevo muerto muchos años, sufro de acinesia y no rijo, hago cualquier cosa para llamar la atención, si bien los almacenes Sonsoles existieron en mi Saint-Remy-de-Provence. Es un capítulo de mi adolescencia que prefiero no tratar porque me entra la nostalgia y los fantasmas no lidiamos bien con ese tipo de sentimientos a no ser que sea en la soledad de mi conticinio.

Hacedme caso, dejad de joder al mundo porque está rebelándose contra vosotros. Y no os fieis ni del vecino, no os dejéis contaminar con promesas de amor eterno en tiempos de corona porque es mentira. La peste negra cambió Europa, en efecto, pero no eliminó la podredumbre de espíritu. El egoísmo es la clave del comportamiento humano, en especial en un país mezquino y desmenuzado como España, aunque la sociedad trata de corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia forzada y engañándose a sí misma en tiempos de confinamiento como el actual. Tu vecino te escupirá mañana igual que te escupió ayer.

 

Marvin Harris: Somos la especie más peligrosa del mundo no porque tengamos los dientes más grandes, las garras más afiladas, los aguijones más venenosos o la piel más gruesa, sino porque sabemos cómo proveernos de instrumentos y armas mortíferas que cumplen la función de dientes, garras, aguijones y piel con más eficacia que cualquier simple mecanismo anatómico

 

Poco antes de que yo escribiese mis profecías ya se tiene registro de ejércitos del siglo XIV que catapultaban cadáveres infectados con peste bubónica sobre las murallas de pueblos y aldeas. No hace mucho tiempo, en 1940, el Ejército japonés lanzó moscas y pulgas infectadas de peste contra China desde sus aviones en una guerra biológica en toda regla.

La humanidad sigue siendo la misma, está corrupta porque no hay amor, porque solo hay resquemor, terror y actitudes inicuas. De eso no hace falta predicción por escrito. Desperezaos, no os convirtáis en muertos en vida con el cerebro yerto lleno de tósigo. Guerras, invasiones, genocidios, terrorismo, esclavitud, violencia, racismo. En nada de eso tiene presencia la naturaleza, simplemente el ser humano. Así que puede que el corona haya llegado por algo, puede que la natura quiera formar parte de esa enumeración después de tantos siglos de ostracismo. Esperemos que no se alíe con un ignoto Yersinia…

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Eduardo Viladés
Yo no valgo ni para barrer suelos, pero mi arte sí. Soy tantas cosas que ya no me acuerdo. La edad también influye, hace que uno no retenga del todo bien. Escribo, narrativa, ensayos, teatro, varios intentos de novela, también dirijo mis obras teatrales cuando se representan en donde vivo. Si no, creo equipo con actores y directores que considero pueden llegar al alma de mi texto y transmitir lo que yo pretendía. El teatro es universal. Tengo decenas de premios de teatro y narrativa, es decir, esculturas que hacen de pisapapeles cuyo cobre me planteo fundir o vender en el mercado negro para una compra en Mercadona. Lo combino con el periodismo y la filología. “Este niño es un poco inquieto”, decían (y siguen diciendo) mis padres. Tampoco sé de dónde soy, del Norte, eso por supuesto, pero he vivido en tantos sitios que pierdo la cuenta. Existo y doy guerra. Lo demás no importa.

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