Érase una vez un futbolista nacido en El Salvador que encontró la horma de su zapato al sur del sur de la Península, en la alegre y despreocupada ‘Tacita de Plata’. Su ficha asegura que hablamos de un tal Jorge Alberto González Barillas. Pero él siempre respondería al nombre de ‘Mágico’.

Su carta de presentación fue el Mundial de Naranjito, donde debutó con su selección perdiendo 10-1 ante Hungría. Algo tendría cuando, a pesar de la escandalosa goleada, todo el mundo quedó hechizado de sus filigranas, gambeteos y un regate con denominación de origen: la ‘culebra macheteada’. Luego vinieron más de 200 partidos y 57 goles en 8 temporadas con el Cádiz CF. Y otros tantos cientos de mitos, anécdotas de sobremesa y cuchicheos que el Mago (dicen que) protagonizó fuera de la cancha.

todo el mundo quedó hechizado de sus filigranas, gambeteos y un regate con denominación de origen: la ‘culebra macheteada’

‘La leyenda de Mágico González’ (Editorial Dalya, 2015) en forma de libro la ha escrito el periodista y escritor gaditano Enrique Alcina. El mismo que bautizó para siempre al Cádiz como ‘El Submarino Amarillo’ en un artículo periodísitico de 1991. Este vademécum para los ultras del ‘mundo González’ que te va contando y cantando aquellas anécdotas atribuidas al genio salvadoreño. Dormilón, conformista y autor de una vida más que desordenada, Mágico era tan amante de la noche como de hacer pellas en los entrenamientos (a pesar de que una persona del club tenía la delicada misión de ir a despertarle cada mañana). A esta perezosa afición por llegar tarde solía atribuir, con mucho arte, un ‘jet-lag’ permanente. Por las noches, todo un presidente como Manuel Irigoyen y todo un entrenador como David Vidal, hacían marcaje a su mediapunta en las noches gaditanas paseándose por las discotecas más frecuentadas del lugar. Algunas veces los dueños del local de turno tuvieron que sacar al Mago por la puerta de atrás o habilitarle un escondite habitual tras la barra para estas ocasiones. En otros menesteres cuentan que estaba cuando, en una gira por EE.UU. que hizo con el Barça de Maradona, una alarma saltó en el hotel de concentración y todos evacuaron (de las habitaciones) menos él. Parece ser que se encontraba con «una bella chica pizpireta californiana», y claro, «no era cuestión de dejar a medias lo que uno recién ha empezado», dicen que argumentó. Y claro, aquel fichaje por el Barça pegó en el travesaño y salió fuera.

Dormilón, conformista y autor de una vida más que desordenada, Mágico era tan amante de la noche como de hacer pellas en los entrenamientos

De lo que sí se ha podido dar fe, es de su amistad con Camarón de la Isla y sus encuentros en la Venta de Vargas, allí donde González firmó su primer contrato en una servilleta. El mago del balón y el genio del flamenco «juntaron las noches con los días» para disgusto de Dolores Montoya ‘La Chispa’, que no veía con buenos ojos la dupla que su marido formaba con el futbolista. Un dinámico dúo que provoca una sonrisa fascinante sólo de imaginarles juntos en un patio andaluz. También los aficionados de Pucela pueden presumir que un día el Mago visitó la blanquivioleta, aunque sólo fueran 6 meses que dieron para 9 partidos y 2 goles.

De los futbolístico, un montón de recortes grabados a fuego en la mente de la afición cadista y algún que otro vídeo en Youtube como aquel que reproduce su vaselina eterna al Racing en 1986. De sus pachangas fuera de la cancha, «el único que conoce la verdad es Mágico, y a lo mejor no se acuerda», sentencia el autor.

Pronto habrán pasado 30 años del último partido oficial del Mágico en el Ramón de Carranza. Aquel futbolista que pudo ser Maradona, pero no quiso. Como aquella vez en la que el Atalanta italiano le hizo una prueba en la que el Mago rindió mal aposta para que no le ficharan. Su justificación: «Allí no hay pescadito frito». «No jugaba para ganar dinero ni fama. Jugaba para que no le olvidaran» ha dicho Alcina. Y en esas estamos. Decían que toreaba en lugar de jugar. Como «un versículo loco de la religión del fútbol» y como aquella canción que Calamaro escribió para el Pelusa, en la el nombre del Mágico encajaría a la perfección: «Jorge Alberto no es una persona cualquiera…».

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