¿Cómo es Javier Matallanas?

Un gamberrete cachondo que se ríe hasta de su sombra. Un tipo afortunado que trabaja en su hobbie y que intenta ser bueno en el buen sentido de la palabra bueno, aunque como periodista a veces es una mezcla entre los protagonistas de Primera Plana, una de las obras maestras de Billy Wilder,  Hildy Johnson, el cronista de sucesos del Chicago Examiner y el maquiavélico director Walter Burns, interpretados por Jack Lemmon y Walter Matthau. Javier Matallanas a veces tiene la sospecha de que le persigue la noticia. Es un chaval que a los 16 años  escribió “y si sentamos ahora la cabeza, cuando seamos mayores, ¿la podremos levantar? ¿la podremos llevar alta?” Javier Matallanas es un menda que se casó como dios manda porque Rosendo tocó en su boda. Y es un tío que todo lo hace buscando una sonrisa y que en febrero de 2008 encontró la mejor sonrisa, el mejor abrazo, la mejor mirada en el retrato de nuestro cariño al que llamamos Mario (yo quería llamarle Marío Alberto, por Kempes, pero tuvo suerte porque a su madre no le molan los nombres compuestos).

¿A qué tienes miedo?

Escribió y cantó John Lennon en God que “Dios es un concepto en el cual medimos nuestro dolor”, yo ampliaría la frase del genio de Liverpool diciendo que Dios es un concepto por el cual el ser humano mide su miedo a la muerte. Antonio Machado versificó que “quien habla solo espera hablar a Dios un día”. Yo desde los 6 años hablo con mi tío Nino (murió en enero de 1978) e intento espantar así mis miedos. Desde finales de junio de 2014 lloro casi todos los días. Pero también me río, nos reímos mucho, casi todos los días.

¿Lo que más admiras en una persona?

El sentido del humor y la empatía. Que se sepa poner en el lugar de los demás y que no se tome todo a la tremenda. Que respete a los demás. En China no existe la palabra libertad y ser libre se define así: “Tú según tú”, hay que tener educación para saber que tu libertad acaba donde empieza la del otro. Admiro a la gente que se toma la vida con tranquilidad y con sentido común.

¿Y lo que más detestas?

El cebollinaje. Es más peligroso un tonto que un hijo de puta porque un tío malo de solemnidad sabes que te la puede liar y estás alerta y un tonto no sabes por donde te puede salir. Detesto también la trivialización del sexo, la cosificación de la mujer y la violencia machista.

¿Qué no perdonarías nunca?

Leí a Eduardo Haro Tegglen en un artículo de los suyos en El País que “algunos memos no tenemos la capacidad de odiar”. Intento tener la capacidad de perdonar y sigo la máxima de paciencia y memoria, porque la vida es muy larga y todo pasa y todo queda.

Una personalidad pública a quien admires.

Rosendo Mercado Ruiz.

Una personalidad pública que detestes.

Detestaba a Aznar y un día vino a El Tirachinas (programa de la Cope dirigido por Abellán en el que trabajé de 2005 a 2009) de invitado a un programa en directo y al conocerle en persona no me cayó tan mal. Lo mismo me pasó con Esperanza Aguirre cuando la conocí en un par de comidas en As. Detesto a Hitler, Franco, Stalin, Castro, Pinochet y Chaves (y ahora a Maduro). Detesto a todos los sátrapas que ha habido en la historia. No me gusta nada Trump. Ni Putin.

Tu deportista preferido.

Fernando José Torres Sanz.

¿Cuál es el último libro que has leído?

“No te vayas campeón” de Roberto El Negro Fontanarrosa. El penúltimo “Patria”.

¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?

Me llevaría a dos personas (a mi mujer y a mi hijo) y una cosa (un iPad con conexión a internet y con Kiosko y Más y Orbyt para leer todos los días El País, El Mundo, el AS y el Marca).

¿Un cambio necesario en España?

Que el Estado recupere las competencias en Sanidad y Educación. Y una Ley Orgánica de Educación creada desde el consenso, sin tamices partidistas, para formar ciudadanos demócratas y libres.

Define a Mourinho en una palabra.

Irresistible.

A Guardiola.

Obsesivo.

A Simeone.

Cabalístico.

A Messi.

Genial.

A Cristiano Ronaldo.

Perseverante.

¿Un defecto?

La generosidad.

¿Una virtud?

La empatía.

¿Una ciudad?

Buenos Aires.

¿Un vicio inconfesable?

Antes la muerte que revelar la fuente.

Un libro.

“La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera

Una película.

“Un lugar en el mundo”

Una canción.

“Mediterráneo”

Un cuadro.

“La libertad guiando al pueblo” de Delacroix.

Un viaje.

El Interrail en septiembre del 93 con Nini. (París, Londres, Edimburgo, Amsterdam, Berlín, Praga, San Sebastián y Bilbao)

Un recuerdo.

Jugando a la calva (y a la bandera) en el campo de las setas con Isidoro, mi mejor profesor.

Un verano.

Cualquiera de los 80 en Villalba (en el Parque de la Coruña) desde junio hasta septiembre. Eso era la libertad. Y el verano del 87 en Falmouth fue maravilloso.

Un color.

Morado.

Una máxima vital.

Tu libertad empieza donde acaba la del otro.

¿Un sueño por cumplir?

Que se encuentre la cura de la ELA. Más temprano que tarde.

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