Si tuviera que hacer un “top 3” de palabras que más utilizo al día, la ganadora sería, sin duda, “gracias”.

Le debo muchísimo a la educación que mis padres me dieron; quizá en mis años de más juventud no veía del todo claro sus enseñanzas ni, por supuesto, estaba de acuerdo con la mayoría de ellas. “Cuando seas padre, comerás huevos”- dice la sabiduría del refranero popular, la escuela de la vida, y no sé si por ser madre o no es ahora cuando empiezo a entender a mis padres.

Las reglas más básicas en mi casa eran:
1- Ser agradecido de palabra y gesto y no olvidar nunca de dónde viene cada uno.
2- Esfuerzo y humildad como el pilar para conseguir las cosas.
3- No tenerle miedo a la vida nunca.

Había muchísimas más- ¡pues no nos ponemos cansinos los padres!- pero estas tres, sin duda, han marcado mi carácter y la número #1, el agradecimiento, aun pareciendo sencillo, no es una virtud que resida en todas la personas.
Es más, los animales son mucho más agradecidos que la mayoría de las personas (la mayoría, porque hay personas maravillosas por estos mundos de Dios) y, normalmente, esto va unido a olvidar de dónde se viene y quién nos ayudó -o no- a conseguirlo.

Si lo pensáis bien, hay infinidad de cosas por las que dar las gracias y multitud de personas que, a veces sin querer, nos han puesto en el camino que luego nos ha llevado a nuestro éxito. Si os dais cuenta de alguna de esas personas y aún no le habéis dicho nada, parad esta lectura aquí, abrid el whatsapp y mandadle un mensajito, porque el “me lo he ganado yo solito” está muy pasado de moda y todos, absolutamente todos, le debemos algo a alguien.

El olvidar de dónde se viene y quién te ayudó suele ser señal de inmadurez, de esa prepotencia que muchas veces acompaña a la juventud, donde da igual quién haya apostado por ti primero: quieres más y eres capaz de morder la mano del que te da de comer. Pero no sale gratis, porque la vida gira y gira y bailamos todos con todos y a veces nos toca, cómo no, bailar con la más fea. Así que vive tu vida para que el día que te toque bailar con ella puedas salir airoso, porque no tenga nada que reprocharte. Caminante no hay camino, se hace camino al andar…

Estamos estrenando año y seguro que con la última uva iban deseos y propósitos para mejorar nuestra vida. Pues bien, yo os emplazo a tres cosas:

1- Hacer ejercicio físico para estar en forma mental y física.
2- Sonreír más.
3- DAR LAS GRACIAS.

Y como la mejor defensa es un buen ataque, aquí os dejo mis “GRACIAS”; seguro que en alguna os sentís identificados:

-Gracias por el amor, por los amigos, por los compañeros de trabajo; por la suerte de tu vida, por esa llamada inesperada que te arranca la sonrisa o el llanto; por los malos momentos, ya que sin ellos no sabrías reconocer los buenos; por las traiciones que desenmascaran a las falsas amistades; por el sol, por el regaliz rojo; por los que me odian, ya que me motivan a ser mejor persona; por los que me quieren, que me levantan cuando me caigo; por las zapatillas de correr, por el fútbol, por los libros, por la lluvia y el olor a tierra mojada que deja; por el mar, por la capacidad de emocionarme, por la risa… GRACIAS por leerme.

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