El próximo lunes, día 19 de febrero, volvemos a tener una cita con la pintura en el cine. Se estrena otra de las películas-documentales pertenecientes al ciclo Exhibition on Screen, que nos está acercando a varios artistas a través de la gran pantalla. Durante el mes de febrero se han estrenado, o se van a estrenar, tres trabajos importantes pertenecientes a esta serie. El pasado lunes, día 5, se estrenó Manet en la Royal Academy of Arts, un documento, en la línea del que comentamos sobre Canaletto, que relata la vida y la obra del pintor francés. El día 12 se proyectó, de forma inédita, el documental David Hockney en la Royal Academy of Arts y, el próximo lunes, día 19, se estrena Goya, un espectáculo de carne y hueso, dirigido por David Bickerstaff. Este nuevo trabajo relata la difícil vida y la compleja obra del artista aragonés, siguiendo la línea de esta serie de documentales. Mediante el análisis de varios expertos y estudiosos de su figura, se hace un recorrido de su trayectoria como retratista, a través de la exposición Goya: The Portraits, presentada en la National Gallery de Londres. Los historiadores y críticos de arte hacen un repaso por la vida y el pensamiento del pintor analizando, además de los retratos, algunos elementos reveladores de su cambiante personalidad, como el cuaderno donde entremezclaba notas, con dibujos y apuntes.

La importancia de Goya en la pintura es indudable. Se trata de uno de los pintores más destacados e influyentes del arte español, junto a Picasso y Velázquez. Se sitúa, estilística y contextualmente, entre ambos, destacando por poseer una doble faceta, que se reflejará a lo largo de su vida y de su obra, confirmándolo como uno de los mejores retratistas de la corte, así como un pintor capaz de mostrar los problemas de la sociedad y sus pesadillas interiores. Se trata, desde luego, de un artista transparente, ya que a través de las obras el espectador puede contemplar sus vivencias y emociones. Sus trabajos son un espejo que muestra la etapa de la vida que el pintor atravesaba en el momento de pintarlos.

Por eso, tal y como podemos ver en el documental, no se puede hablar de un único Goya, sino de muchos. No se puede comparar una etapa con otra, porque la temática y el estilo de una obra dependen de una situación y de un contexto determinados. No es lo mismo observar uno de los retratos que el pintor hizo para la corte, entre los que destacan los retratos de Carlos III, Carlos IV o Fernando VII, que sus trabajos más personales e íntimos, en los que refleja la angustia por el paso del tiempo (Saturno devorando a su hijo, 1819-1823), los tormentos provocados por el sueño de la razón (El sueño de la razón produce monstruos, 1799) o los distintos Aquelarres que representó, pertenecientes a lo que se ha considerado como sus “pinturas negras”.

Las diferentes perspectivas, unidas a una vida constantemente sumida entre la salud y la enfermedad, hacen que se conciba a Goya como un pintor ambiguo y sombrío que abarcó, en sus cuadros, multitud de puntos de vista. Por ejemplo, el de los reyes y el de los plebeyos; el de las experiencias durante las cacerías y el de los sufrimientos expresados en sus descarnados lienzos sobre la guerra de la Independencia; el de la serenidad de la Duquesa de Alba y el del tormento de La romería de San Isidro (1819-1823), entre muchos otros. De este modo, se le puede concebir, sin miedo a equivocarse, como un reflejo de su tiempo, como un espejo de la historia de España, ya que sus obras atienden a tantos y tan variados puntos de vista. Su obra no se queda, simplemente, en los retratos encargados por la casa real, sino que incluyen otras clases sociales y otros escenarios, lejanos al sosiego, la entereza y la imperturbabilidad mostrada por los distintos reyes. Y es que es cierto que la historia no puede (ni debe) reducirse a las vivencias de los reyes, porque sería una historia falsa y extremadamente sesgada. Así, Goya es un pintor situado entre dos modos de hacer arte: entre la pintura barroca de Velázquez, que también pintaba para la corte, realizando retratos y encargos, y la pintura moderna de finales del siglo XIX y principios del XX, que destacó por todo lo contrario, por la representación de la subjetividad y de las vivencias individuales, tétricas en muchos casos. Pintores como Picasso, reflejan este tipo de pintura en nuestro país.

Por ello, a Goya se le concibe, por un lado, como un heredero de la pintura de Velázquez, a la que hace guiños continuos en sus obras, pintándose a sí mismo tal y como hacía el artista sevillano, por ejemplo, y, por otro, como uno de los precursores de la pintura expresionista, del estilo característico de la Alemania de principios del siglo XX, que destacó por la representación de la parte oscura de los individuos, de sus pesadillas y tormentos.

Goya, un espectáculo de carne y hueso, se centra, entonces, en la exposición Goya: The Portraits, cuyo núcleo es la primera faceta del pintor, haciendo un repaso de los principales retratos que hizo para la corte y de su etapa más serena y realista. Asimismo, no descuida la otra, la oscura, la que va ligada a la creciente sordera y a la enfermedad. La muestra de las vivencias ambiguas y sombrías del pintor se refleja mediante la muestra continua de su figura, recreada para dotar de más cercanía a la historia. Así, en el documental, se puede contemplar a Goya escribiendo cartas o caminando, mientras el narrador nos desvela los misterios de una vida cambiante, ajetreada y problemática. Se trata de un documental interesante, sobre todo para entender lo que supone una figura tan representativa del arte y de la historia de España, que vivió y mostró momentos políticamente tensos y muy variados.

Seguro que es un buen plan para comenzar la semana.

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