Galicia, años 80. Ilegal pero semi permitido, el contrabando de tabaco es una marca de la casa, como pueden ser los percebes o las meigas. Porque el contrabando ha sido una constante desde hacía décadas en Galicia, con una innegable aceptación social, llegándose a rumorear que industrias tabaqueras como Philips Morris llegaron a destinar partidas defectuosas para la venta a “los gallegos”. Porque hay que señalar que el contrabando era una simple falta administrativa sancionable con una multa, y el blanqueo de capitales era un concepto tan desconocido en esos años como podía ser el empoderamiento de la mujer. Y es que el contrabando de tabaco caló tanto que se puede decir que arruinó el ya de por si deprimido tejido productivo gallego. Todo (y todos) giraba en torno “al rubio”. Pero todo eso estaba a punto de estallar. Era el momento de la irrupción del tráfico de drogas; Galicia ya nunca será lo mismo, y en un lustro se pasará de pensar en usar tirachinas a soñar con los kalashnikov. La tolerancia gallega se ve arrinconada por la impaciencia colombiana. El hachis, la heroína y sobre todo la cocaína, han hecho su aparición, y personajes como Sito Miñanco, Oubuiña o los Charlines comienzan a ser tan universalmente gallegos como Manuel Fraga o Amancio Amaro. Con una nueva cultura surgirá un nuevo Modus Operandi.

“Era el momento de la irrupción del tráfico de drogas; Galicia ya nunca será lo mismo, y en un lustro se pasará de pensar en usar tirachinas a soñar con los kalashnikov. La tolerancia gallega se ve arrinconada por la impaciencia colombiana”

Todo ese mundo y submundo es el que refleja la serie de ficción (o no) “Fariña”. Producto descarnado y de una factura impecable, sumerge al espectador en el ascenso de los Sito Miñancos, Oubiñas o los Charlines. Pero ojo, no es una serie sobre tráfico de drogas, es una serie sobre una época y un lugar. Porque igual que “Uno de los Nuestros” no es una película de gansters sino más bien un relato sobre los sueños y las ambiciones humanas donde aparecen gansters, “Fariña” es una serie en cierta manera costumbrista. Se parte de una forma de vivir reflejada magistralmente por “Terito”, con una cierta sumisión a un código de actuación, para ver como la sociedad se va “pervirtiendo” por medio de la droga, mostrándonos los clarooscuros de la personalidad de Sito. Con herencias y homenajes a los Coppolas, Puzzos y Scorseses, “Fariña” va haciéndonos formar parte  de un fascinante sueño y de una lucha de egos, dónde las cosas no son blancas o negras, sino de una maravillosa gama de grises, en un micromundo como son las Rías tan lejanas y tan cercanas a la vez. “Fariña” es una serie diferente, y no solo por su temática tan alejada del sotacaballoyrey habitual en las producciones nacionales. Porque “te lo crees”, porque el sargento de la guardia civil no es Tristán Ulloa (en uno de los mejores actuaciones de un magnifico reparto), sino un guardia civil que se parece físicamente a Tristán. Porque el fascinante Terito no pude ser otro que Manuel Lourenzo. Porque los diálogos parecen reales (que es más importante que ser reales) y porque el reparto esta trabajado y carecterizado de una manera estupenda. Yo no sé si los narcos hablaban y actuaban como en la serie, pero si no fuera así, deberían haberlo hecho. Producida por Bambú, no busca el clásico público generalista de la abuela y el nieto, ni a los adolescentes a base de mostrar sexo y chicas dejándose querer; no nos guía por rectas asfaltadas ni por una pista de tartán, sino por un suelo empedrado tan fascinante como diferente. Los productores saben que dirección quiere tomar, y te subes o te bajas al barco (o planeadora), pero sin concesiones ni falsos trucos.

“Fariña” es una serie diferente, y no solo por su temática tan alejada del sotacaballoyrey habitual en las producciones nacionales. Porque “te lo crees”, porque el sargento de la guardia civil no es Tristán Ulloa (en uno de los mejores actuaciones de un magnifico reparto), sino un guardia civil que se parece físicamente a Tristán”

“Fariña” debería ser un punto de partida; con esta serie se ha demostrado que se puede tener éxito sin doblegarse a los lugares comunes, sin humor a destiempo, ni sobreactuaciones irreales. La escena de la boda de Oubiña es de las mejores escenas que se han rodado en España en mucho tiempo, y la metáfora de los billetes arrastrados por la lluvia es un resumen perfecto de la esencia de “Fariña”. Se podría decir que bebe de la añorada “Crematorio” y al igual que “Los Soprano”, o “Perdidos” marcaron un antes y un después en el concepto del entretenimiento en la televisión, esta magnífica serie debería hacer recapacitar a las grandes cadenas de televisión españolas. Porque no siempre el buscar la audiencia es la mejor manera de tener audiencia. Y Sito y sus compadres podrían ser el mejor exponente.

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