Foto: Iván Casuso

 

Estática. Me paralizo en tu presencia. Me convierto en nada, apenas un maniquí desabrido, insustancial, momificado. Al que las vendas, construidas con recortes de tu amor, no le alcanzan para cubrir todas las muescas del dolor acumulado.

Digo me convierto, ya ves. Todavía utilizo los pronombres reflexivos cuando hablo de tus culpas. Me convierto. Me daño. Me odio. Me finjo. Me alejo… Mi cabeza, ausente, anulada, no entiende que no existe más verdugo de mi esencia que la segunda persona singular. Tú. Tú. Tú…

Tú me dañas, me conviertes, me alejas. Me odias fingiendo que me quieres.

Sostengo, mientras tanto, entre mis manos, mi corazón encurtido, opaco por tus celos, tus inseguridades, tus miedos, tus complejos…

Estática. Me paralizo en tu presencia. Me conviertes en nada, apenas un maniquí desabrido, insustancial, momificado.

Me dañas. Me odias. Me finges. Me alejas…

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