Hay un viejo adagio del periodismo americano que dice que si en tu diario no sabes que publicar para conseguir lectores, mete una lista, y a poder ser con algún error de bulto y te asegurarás repercusión y publicidad gratuita. Porque las listas, por esencia y definición, son injustas. Y lo mismo sucede con los premios, porque sino, no serían premios, serían marcas, o records en cualquiera de sus diferentes métricas. Ya sabéis, citius, altius fortius… Pero si encima esos galardones (subjetivos, insisto) se otorgan en una materia tan absolutamente personal como es el cine, pues para que queremos más. Protestas, vestiduras rasgadas y manos a la cabeza, que para expresivos (y expresionistas), los españoles. Y más en los Goya, que para bien o para mal son los que más atención mediática concitan. Porque está muy bien fingir, pero no nos engañemos, todos los partícipes en el entramado del cine nacional los siguen con atención… con mucha atención.

Sí, lo sé, son premios que el mundo del cine se otorga a sí mismo, así que es lo que hay. Y lo que hay es un virus. Contagioso, muy contagioso, de nombre “estupendismo” (“Dícese de la actitud que te da cierto barniz cultural y una superioridad en los gustos artísticos sobre la mayoría de la gente”) Porque claro, no podemos no ya premiar, sino incluso nominar, a determinados productos, ordinarios, populares (o mejor dicho populosos) y vulgares, que nosotros no somos de comer con las gambas con los dedos. Nosotros somos de cuchillo, tenedor y fila 5 por favor. Somos estupendos. Y que se note.

Tomemos tres ejemplos. Atento que emplatamos.

 

Mario Casas y Ruth Díaz (solo actores)

Cuentan que cuando Robert Redford comenzaba su carrera un ejecutivo de unos grandes estudios le dijo que se olvidara de premios y reconocimiento de la crítica, que era demasiado guapo y con un encanto tan exageradamente obvio que gustaba hasta los hombres. Pues Mario Casas presenta ciertas similitudes. Porque cualquier persona que haya visto “Adiós” no puede poner en duda que los protagonistas del largometraje están simplemente magníficos. Bien dirigidos, creíbles y hondos sin caer en la caricaturización facilona de sus personajes. Pero amigo, Mario Casas es Mario Casas. Y no, no nos vamos a manchar los dedos. Las gambas, insípidas pero siempre siempre con cuchillo y tenedor. Porque es guapo, muy guapo. Y no hace manifiestos, solo actúa. Le falta esa pátina gafapasta molona. Que pase el siguiente, que no es otra que Ruth Díaz, una de las actrices más desaprovechadas de la última década en el panorama audiovisual español. Sobria, que es Canpurriana, no da escándalos ni presenta looks imposibles. Por no estar ni tiene historietas que contar de su vida en Los Ángeles. Es que solo es actriz, y encima de Reinosa, donde hace frio y llueve. Solo interpreta. Y muy bien. Por cierto, “Adiós” sigue entre las películas más taquilleras, otro dato molesto, a ver si nos va a gustar lo mismo que al vulgo ignorante. Mejor Penélope, que no es protagonista en su peli, pero sí lo es en la vida. A muerte con Pé.  Estupendismo en el primer plato.

 

Buñuel (en un laberinto del que no le dejan salir)

La animación española está a la altura de las mejores del mundo, por no decir que está por encima. Hace unos días nos enteramos que “Klaus”, trabajo español 100%, ha sido nominada para 7 premios Annies, y que “Buñuel en el Laberinto de las tortugas” está presente entre las elegidas para mejor Largometraje independiente. Ahí es nada. Pero en España parece ser una quimera que una película de animación consiga una nominación, por ejemplo, a Mejor Película. Que son dibujitos, y nosotros seguimos anclados en los 80´s. Y al igual que se decía con sorna que Brasil es el país del futuro y siempre lo será, algo similar deben pensar los académicos de la animación…  está claro que parte del futuro de la industria audiovisual española pasa por la animación… pero siempre será igual. ¿Qué somos punteros? Bah, una ordinariez, que yo soy más de Bergman, no me interrumpa con novedades. Esencia de estupendismo.

 

Sesión Salvaje (“asín” somos nosotros)

Varios documentales optan al Premio Goya en su categoría. 4 exactamente. CUATRO. Y no está “Sesión Salvaje”. No me puedo creer que los académicos lo hayan visto y no esté entre los 4 elegidos. No se entiende. O se entiende demasiado bien. ¿Nos avergonzamos de nuestro cine? ¿renunciamos a él, cual Pedro a Su Maestro? Pues eso parece. Demasiado Eloy de la Iglesia y poco Zulueta. Mucho Pirri y poca Ana Torrent. ¿Que el cine español bebe de eso? Depende, siempre podremos esconder las miserias bajo la alfombra. “Sesión Salvaje” es un gran documental, tanto por lo que cuenta como por como lo cuenta. Es Varon Dandy, pero también es Vega Sicilia. Porque nuestra cultura es así, completa, diversa, y sobre todo maravillosa. Que no nos queramos reconocer es también parte de nuestra impronta cultural, es cierto. Pero va siendo hora de dejarnos de complejos. Estupendismo en estado puro.

 

Pues eso, otro año será (o no).  Larga vida al estupendismo, sucesor del milenarismo.

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