A menos de un mes de las próximas elecciones presidenciales en EE.UU. me apetecía repasar la historia legal de estos famosos comicios y algunas de sus convocatorias más polémicas: 1800, 1824, 1876 y 2000.

El Tratado de París (1783) puso fin a ocho años de conflicto entre las 13 Colonias y su antigua metrópoli. Jorge III reconocía la independencia de sus ahora ex súbditos y estaba dispuesto a entablar relaciones diplomáticas con ellos. La Guerra de la Independencia había acabado, pero Estados Unidos aún no existía.

¿Quién se había independizado? Cuando empezó la escalada entre las colonias y la metrópoli por cuestiones de impuestos, libertad de comercio y derechos políticos, doce de las colonias americanas –todas menos Georgia- enviaron delegados a Filadelfia, Pennsylvania. Era septiembre de 1774 y se había convocado el Primer Congreso Continental. En poco más de un mes, esta asamblea adoptó dos importantes decisiones: enviaron un memorial de agravios y peticiones a Jorge III y disolverse delegando sus funciones en una nueva asamblea de representantes de las Colonias.

«La Guerra de la Independencia había acabado, pero Estados Unidos aún no existía»

En mayo del año siguiente, de nuevo en Filadelfia, inició sus sesiones el Segundo Congreso Continental donde se aprobaron la Declaración de Independencia (1776) y los Artículos de la Confederación y Unión Perpetua (1777). En 1781, cuando el desenlace de la guerra ya se veía claro, el Segundo Congreso se disolvió.

Con los Artículos nació la Confederación de Estados Americanos. Salvando la distancia de casi dos siglos, esta entidad se parecería más a una Organización Internacional, tipo la UE, que a un país. Los Artículos dejaban claro que las 13 colonias quedaban unidas a perpetuidad por lazos de unión y amistad, que la declaración de guerra y relaciones políticas o comerciales internacionales se gestionarían a través de la Confederación, pero poco más… Ni siquiera aclaraba si las decisiones del Congreso Confederal, a la vez gobierno y parlamento, habían de adoptarse por unanimidad, mayorías cualificadas, absolutas o simples.

No convencía mucho a Nueva York, Virginia, las Carolinas o Georgia que cada Estado tuviera un voto en la Asamblea, al margen de su tamaño o población. Pero tal exigencia fue casi conditio sine qua non por parte de los pequeños Estados como Delaware.

«Con los Artículos nació la Confederación de Estados Americanos … esta entidad se parecería más a una Organización Internacional, tipo la UE, que a un país»

Entre 1781 y 1789, se reunió el Congreso de la Confederal siguiendo las reglas de los Artículos. El nuevo país enseguida empezó a sufrir las consecuencias de que una asamblea de delegados concentrara tanto el poder Ejecutivo como el Legislativo y además con un sistema de votación de un Estado un voto. Sin embargo, muchas sensibilidades políticas, especialmente en el sur, temían a un Gobierno Confederal fuerte que sometiera a los Estados como lo había hecho el monarca británico.

En paralelo, cada Estado fue aprobando su propia constitución. Cada colonia tenía su propia Asamblea con una cámara baja y un senado, un Gobernador y un Tribunal Supremo. A menudo, muchas constituciones como la de Virginia o Massachusetts incorporaron declaraciones de derechos (Bill of Rights) a sus textos.

Finalmente en 1787 se convocó la Convención Constitucional de Filadelfia. Se suponía que su propósito era reformar los Artículos, pero no tardó en imponerse el proyecto de una constitución federal. Estados Unidos iba a nacer como país. Tras una serie de intensos debates, lograron armonizarse esos intereses: un gobierno efectivo, pero severamente controlado. Fundamental fue la ideación de James Madison de una Bill of Rights que entraría en vigor en 1791 en forma de diez Enmiendas constitucionales. En la opinión del futuro Presidente, así se prevendría al gobierno federal degenerara en tiranía.

El sistema de poderes y contrapoderes se concretó en un Congreso divido en dos cámaras. La baja sería elegida por los ciudadanos, por sufragio censatario masculino, que votarían por pequeños distritos locales. A fin de equilibrar el peso de los Estados más pequeños y menos poblados, cada Estado tendría dos senadores. Inicialmente, estos no fueron elegidos por el pueblo, sino por las Asambleas de los Estados. Muchos Estados mantuvieron este sistema hasta la aprobación de la XVIª Enmienda (1913).

«en 1787 se convocó la Convención Constitucional de Filadelfia … no tardó en imponerse el proyecto de una constitución federal. Estados Unidos iba a nacer como país»

Ambas cámaras tendrían iguales poderes, ergo para aprobar una ley, sus mayorías debían acordar un texto. La cámara de representantes se elegiría cada dos años. El senado se renovaría por tercios cada dos años.

Más o menos pacífica fue la creación del Tribunal Supremo. No fue el caso del Poder Ejecutivo…

Influenciados por la antigua República Romana y, aunque suene chistoso, la Constitución de San Marino –la más antigua en vigor a día de hoy- algunos pensaron que, al igual que el Legislativo tenía dos cámaras, había que apostar por un Ejecutivo bicéfalo. En Roma había dos Cónsules y en San Marino dos Capitanes Regentes. Sus partidarios defendían este modelo como el verdaderamente republicano. Pues un Ejecutivo unipersonal los llevaría a una monarquía electiva, con un Rey al frente del país en todo, salvo el nombre… Visto en perspectiva algo de razón tenían.

Bueno, pudo más el miedo a un gobierno por falta de acuerdo entre sus Presidentes y se impuso el modelo unipersonal. Eso sí, a fin de evitar la irrelevancia de los pequeños Estados y, desde cierto clasismo intelectual, para prevenir el populismo y la demagogia, se acordó que la elección fuera indirecta. A diferencia de los Gobernadores de los Estados, al Presidente no lo elegiría el voto directo de los ciudadanos se le elegiría indirectamente en el Colegio Electoral.

«Influenciados por la antigua República Romana y, aunque suene chistoso, la Constitución de San Marino … algunos pensaron que … había que apostar por un Ejecutivo bicéfalo»

Las Asambleas de los Estados elegían a los delegados del Colegio Electoral. La elección del Presidente era pues doblemente indirecta: mediante sufragio censatario los varones blancos acaudalados votaban las legislaturas estatales. A su vez estás votaban a unos delegados y estos votaban al Presidente.

Los Estados más poblados tendrían más delegados, pero guardando una menor desigualdad que la que supondría el voto directo para los menos poblados. Estos delgados conformarían el Colegio Electoral y elegirían al Presidente y al Vicepresidente en una única votación. Quien obtuviera más votos sería el Presidente y el segundo en votos el Vicepresidente. ¿Veis algún problema en el sistema? Los constituyentes no.

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