El escritor venezolano, Edgar Borges, presentó Enjambres (Altamarea, 2020) acompañado por el también autor y miembro de la Real Academia Española, José María Merino, en un evento online en el que se habló sobre la ficción, la soledad, la naturalización de la violencia y la relación del ser humano con la naturaleza.

 

Una pandemia, restricciones de aforo y movilidad. Esta fue la circunstancia que rodeó la presentación de la más reciente novela de Edgar Borges, Enjambres, y que hizo que los asistentes tomaran asiento desde sus casas y frente a la pantalla de sus ordenadores. Parecen ser las condiciones impuestas por una distopía, como la que rodea esta obra de Borges en la que un grupo de jóvenes se refugia en una casa en el bosque, por el deseo de sus padres, ante un escenario de guerra urbana y cuerpos de seguridad totalitarios.

El escritor José María Merino acompañó a Borges durante la presentación, aunque Merino lo hacía también desde su hogar y Borges, por el contrario, estaba en la espléndida librería Juan Rulfo, en Madrid. Junto a él, Pablo Sanz, encargado de Comunicación y Prensa del Fondo de Cultura Económica, moderaba un encuentro cuya “virtualidad” no le robó ápice a la calidad y trascendencia de los temas.

 

Merino: “La ficción nos pertenece de manera íntima y desde un tiempo inmemorial”

Pablo Sanz abrió el primer segmento de la presentación poniendo a la ficción sobre la mesa. “La ficción se mueve entre dos áreas: la literaria y la social”, afirmó para dar pie al debate de si es posible la crítica social desde la ficción o si es el realismo el único camino para esta crítica.

Al respecto, José María Merino destacó la preponderancia de la ficción realista como la única posible para contar la realidad: “No es necesario obedecer al puro realismo para explicar lo que nos rodea (…) La ficción nos pertenece de manera íntima y desde un tiempo inmemorial”.

Por su parte, el autor de Enjambres define al realismo literario como una crónica de la realidad en contraposición a lo fantástico, que siempre irá por encima de las normas y las reglas. “La ficción es la búsqueda de la verdad, y en ese camino no se puede respetar la realidad tal como es. Esto da pie a novelas de anticipación social, o en este caso, a distopías”.

Aunque Borges no suele involucrar política en sus obras, acepta que todo acto literario de ficción es político: la ficción tiene la capacidad de romper moldes y eso significa un gran reto para este momento histórico.

Merino asegura que estamos compuestos de monstruos, algo que Borges deja claro en Enjambres en personajes como Adolfo -nombre con el que hace un guiño literario a Adolfo Bioy Casares y al propio Adolf Hitler- y en cada uno de los jóvenes de la novela. “Lo fantástico se asume ya como algo natural”, comenta sobre la obra de Borges. “Dentro de lo fantástico, expresionista u onírico, encontramos referencias a Kafka y a Galdós. Y es que lo fantástico ha entrado en la literatura canónica”.

 

Lo onírico y lo distópico en Enjambres

En tiempos en lo que las noticias y la situación de crisis mundial parecen desbordarnos, Edgar Borges encuentra un momento estelar para lo fantástico en la literatura. Lo onírico está presente en Enjambres a través de María José, una joven que suele tener escapes constantes a su propio universo y realidad. Al autor le interesa la confrontación entre dos individualidades, dos intimidades: la del lector y la de los personajes.

Merino define Enjambres como un libro que forma parte de lo esperpéntico, del onirismo. Hace un paralelismo entre cosas que nos parecían que solo podían pertenecer al esperpento, y que ahora forman parte de la realidad.  “Y es la realidad de lo que comienza a ser el siglo XXI”, compara. Por esta razón, Borges cree que su libro podría contribuir a un debate entre la razón social y la razón literaria.

Edgar Borges sobre la soledad emocional: “Somos muertos vivientes”

Sanz inicia un segundo segmento hablando de cómo las emociones humanas se ven empañadas por la soledad en Enjambres: los jóvenes se sienten solos, viven de espalda a sus compañeros en esta casa del bosque. ¿Qué importancia tiene la soledad dentro de la novela?

“Entre los chicos existe una distancia extraña, muy peculiar, ya que se conocen desde niños”, explica Merino sobre los personajes de la novela. “Sin embargo, vivimos en una sociedad que cada vez está más encerrada en el ‘yo’. Hay, también, una radical y profunda separación familiar: los chicos se esconden para no recibir a sus padres; se han aislado de ellos también”.

Borges reconoce que existe una soledad escogida y una soledad conducida que, de algún modo, ha sido el virus de este siglo. “Ya veníamos confinados en nuestra propia individualidad. De algún modo nos aislamos de nuestras experiencias íntimas; creamos cárceles invisibles, una especie de cementerio gigantesco donde cada quien yace en su propia tumba. Somos muertos vivientes. Veníamos predispuestos”, señala el autor.

Merino agrega un detalle importante al universo de Enjambres: las peleas de los insectos. “Dentro de la novela, son simbólicas. Representan las peleas de la gente; guardan relación hasta con las protestas actuales. Ahora la violencia está allí y aflora. Lo que debe hacer la literatura, desde el punto de vista simbólico, es interpretar la realidad. Enjambres cumple esa función claramente. Está descifrando esas cosas de la realidad que no se pueden entender de otro modo”.

Este abismo entre los individuos se produce, también, por el miedo hacia el otro, agrega Borges. “El otro” siempre va a ser un extraño. “Esta pandemia es la sospecha de unos contra otros”.

 

El ser humano y la naturaleza

En Enjambres, cinco jóvenes son internados en el bosque por sus padres, que buscan refugiarles de explosiones de violencia y una gran podredumbre social. Sin embargo, los chicos no logran integrarse: solo parecen encerrarse más en sí mismos y no logran conectar con su entorno.

Para Merino, esto es una clara alegoría a que el ser humano ha olvidado que pertenece a la naturaleza. “Vivimos un auge de la Inteligencia Artificial, pero parece que dejamos atrás las leyes de Asimov”.  Sin embargo, destaca que la naturaleza tiene un papel preponderante dentro del libro y que Borges logra que la naturaleza parezca un sueño. “María José sale a encontrarse con el lago, el Lago del Universo. Eso tiene un toque de ensoñación. La única que disfruta de la naturaleza, en la historia, es María José”.

La infancia también es sacrificada dentro de la novela. Sus personajes deben despedirse de ella de manera casi inconsciente, indolora, pero cruda. Esto es así para todos, menos para María José, que logra refugiarse en recuerdos y ensoñaciones que parecen postergar una llegada abrupta a la adultez.

Merino establece que este desapego a lo más infantil de la esencia humana se debe a que estamos creando una cultura de solitarios, lo cual se ve bien reflejado en el libro. “La ficción nos he dado una carga de arquetipos que nos brinda elementos necesarios para entender esta realidad”. Borges define esta cruenta despedida como un asesinato que ocurre, en primer lugar, en la imaginación del ser humano.

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