Hay una cosa que está clara: nunca vas a querer a dos personas de la misma manera. Por tanto, por más historias de amor que leas, más comedias románticas de las que te empapes, o más artículos científicos que devores, nunca vas a entender lo que es el amor (al menos, no al cien por cien). Desde la ciencia hasta el arte, el amor ha sido un tema de constante revuelo e intriga del que todavía no se ha llegado a ningún consenso.

Para el reputado sociólogo polaco Zygmunt Bauman, de hecho, el amor contemporáneo es “liquido”: frágil, desapegado, basado en el consumismo y en la inmediatez. El amor actual es consumido y no consumado, siendo las nuevas tecnologías, el capitalismo, la falta de autoestima, y el individualismo los sustentos de dicho contrato social. Bauman afirma, además, que la constante búsqueda de la satisfacción inmediata, las experiencias de usar y tirar, y la mercantinización de las relaciones personales, conllevan a que el amor sea más una recompensa de deseo fugaz, físico y pasional, que un valor a cuidar que transcienda al presente.

El amor, por tanto, ni siquiera es sólido. Al menos para Bauman.

¿Qué ocurre entonces con las relaciones largas contemporáneas? ¿Existen o son cosa del pasado? ¿son líquidas o sólidas? ¿el deseo se pierde con el amor, o es el amor lo que pierde al deseo? ¿es posible una relación consolidada basada en la aceptación de la existencia del deseo fugaz físico?¿es suficiente el amor para que se mantenga una pareja?

Si, es cierto: enfrentarnos a esos interrogantes puede suponer un quebradero de cabeza, más aún cuando te lo planteas cuando miras a los ojos de tu pareja, o de los de la persona con la que chateas por redes sociales, o a ti misma frente al espejo. Sin embargo, mirándolo a través los ojos del humor, quizás las preguntas no sean tan duras y profundas.

Es aquí donde Dos+dos entra en juego –por partida doble. La obra, adaptación de la película argentina homónima, retrata la historia de dos parejas con dos maneras totalmente distintas de concebir no solo su relación, sino la vida: Adrián y Julieta, Tomás y Silvia, son amigos de toda la vida. Los primeros, casados desde hace años y con un hijo preadolescente; los segundos, sin anillo al dedo y sin descendientes a la vista.

“La obra, adaptación de la película argentina homónima, retrata la historia de dos parejas con dos maneras totalmente distintas de concebir no solo su relación, sino la vida”

Y mientras que Julieta cuenta con los dedos de una mano las veces que ha hecho el amor con su marido (literalmente), Tomás y Silvia ya han perdido la cuenta de los encuentros sexuales que han tenido entre ellos … y con otras parejas. Al inicio de la obra, los amigos de los protagonistas desvelan que son swingers, es decir, que hacen intercambios sexuales con otras parejas. Este descubriento hará que Julieta, harta de no despertar el interés sexual de su marido, se plantee la posibilidad de meterse en el mundo del swinging para recuperar la pasión de las que sus otros dos amigos gozan.

Si bien el argumento puede despertar ciertos escepticismos y prejuicios hacia las contrapuestas maneras de comprender el amor y el sexo, lo cierto es que, por el contrario, la obra consigue transmitir empatía y la comprensión de ambas partes sin caer en los estereotipos ni en las construcciones tradicionales, algo que resulta ya de por sí complejo en el género de la comedia. De hecho, se aprecia un arco de transformación importante en ambos polos opuestos.

Julieta, a pesar de no sentirse deseada por su pareja, no se acomoda y se encierra en el dolor para que la rescaten como una princesa desvalida, ni tampoco se aferra a la ira y al resentimiento hacia su igual, sino que se rebela y se posiciona, fuerte, segura (aunque temerosa), auténtica y con valentía a nuevas formas de recuperar la pasión que tuvo en su día con Adrián.

“Si bien el argumento puede despertar ciertos escepticismos hacia las contrapuestas maneras de comprender el amor y el sexo, lo cierto es que la obra consigue transmitir empatía y la comprensión de ambas partes sin caer en estereotipos algo de por sí complejo en el género de la comedia”

El personaje de Adrián puede que sea, por el contrario, el personaje más arquetípico de los cuatro –hombre de negocios, egocéntrico, egoísta y materialista, demasiado ocupado por avanzar en su carrera profesional como para preocuparse por la sentimental-. Eso no quita para que se transforme y cambie, se desvista de sus prejuicios y valores intransigentes, y descubra una nueva realidad que, ante todo, le cambiará la vida. Su escepticismo se debe, ante todo, a la incomprensión y al miedo a nuevas formas de ver el mundo que le arrebaten lo que ha conseguido, como por ejemplo, su familia y su estatus quo (factor que nos devuelve a nuestro sistema de valores consumista y capitalista).

Tal y como expresa una de las directoras de la obra, Maite Pérez, la obra “construye una historia de amor”. Para Maite, las acciones de Julieta y Adrián son dos maneras de enfrentarse a la lucha y al entendimiento de su relación, aun jugando con fuego. Están luchando por mantener el amor vivo. “El conflicto entre una pareja que no tiene problemas con la liberación sexual frente a una pareja tradicional es interesante”, dice la directora, “puesto que permite hablar de secretos sociales que están latentes y sacarlos con tranquilidad y naturalidad”.

Sin duda, Dos+dos es una obra divertida y entretenida, sencilla y sincera, que saca a la luz tabúes de una sociedad en la que el amor no entiende de etiquetas ni de comportamientos. Tan solo se trata de comprender que, en el fondo, el amor, el sexo, el deseo y la fidelidad es cosa de dos (o quizás, no). El amor se vive y se siente, se experimenta, se sufre y nos revuelve las entrañas. El amor es indefinido y visceral, caótico e indeterminado. Y no, no hay dos historias de amor iguales. De ahí que, aun siendo una adaptación de su película homónima, Dos+dos es una obra de teatro única que merece la pena experimentar (al menos una vez en la vida).

  

EQUIPO ARTÍSTICO

  • Antonio Hortelano / Daniel Guzmán
  • Natalia Verbeke / Miren Ibarguren
  • Alex Barahona
  • Kirá Miró

EQUIPO TÉCNICO

  • Autoría; Daniel Cúparo y Juan Vera
  • Adaptació; Olga Iglesias, Maite Pérez y David Serrano
  • Escenografía; Mónica Boromello
  • Iluminación; Felipe Ramos
  • Vestuario; Alejandra Hernández
  • Productores; Jesús Cimarro, Coté Soler y David Serrano
  • Dirección; David Serrano y Maite Pérez

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