‘Had to get the train
From Potsdamer Platz
You never knew that
That I could do that
Just walking the dead’ , Where are we now, David Bowie

En 1977 David Bowie entra en algún bar/cabaret de las decenas que hacían vida en Berlín, se monta en el escenario y comienza a improvisar con un par de canciones de Frank Sinatra. El público le pide que se baje por la simple razón de que ellos han ido a ver a alguien más. La obra no tiene nombre, pero bien podría llamarse la trilogía de Bowie en Berlín o cómo ser una leyenda y pasar desapercibido al mismo tiempo, que es más o menos lo que sucedió cuando el músico británico, preocupado por su vida y las probabilidades de terminar con ella, decidió mudarse de metrópolis antes de acabar con una factible sobredosis en Los Ángeles.  

Lo complejo de descubrir una ciudad es que difícilmente se vive dos veces el mismo lugar. En Berlín en la década de los 70 no había hora de cierre, el ritmo de la música electrónica experimentaba los inicios de un movimiento expositivo, la vida pasaba entre bares, discos y meditaciones políticas, y la noche servía para entender/olvidar el porqué algunos debían buscarse de día a través de un muro de 155 kilómetros de ausencia. Podría sonar hasta repetitivo, todo pasado en una gran ciudad está repleto de excesos y antojos de emancipación, pero en 1976 Berlín alojaba algo, o alguien,  que las demás ciudades no: a David Bowie…huyendo de la oscuridad adictiva de Los Ángeles, componiendo canciones heroicas, yendo de bares con Iggy Pop, y sobre todo siendo testigo y partícipe de una segmentación que, irónicamente, trajo coherencia a su carrera.

De Bowie a Berlín hay una vida y varios kilómetros de distancia”

De Bowie a Berlín hay una vida y varios kilómetros de distancia, principalmente porque en donde la ciudad sigue amaneciendo, Bowie se desentendió de esta parte del universo. Pero hubo una época en la cual los kilómetros eran menos, al igual que los turistas, y el ritmo que necesitaba Bowie para crear los mayores éxitos de su carrera lo descifró Berlín al ignorar su fama y permitirle caminar por sus calles sin hundirse en los flashes de Hollywood.  

En este universo paralelo, entre 1976 y 1979 Bowie vivió una libertad particular para una ciudad amurallada. El barrio era el de Schöneberg, hoy en día uno de los más activos de la ciudad, la calle Hauptstrasse 155 –todavía en pie conmemorando al músico- , el compañero de piso Iggy Pop y las tardes de cervezas y grabaciones en el estudio Hansa – literalmente a kilómetros contados del muro-; además, en los bares nadie preguntaban quién era ni de dónde venía Bowie y sus múltiples personalidades.

en los bares nadie preguntaban quién era ni de dónde venía Bowie y sus múltiples personalidades”

El músico llegó a Berlín Occidental en 1976 cuando la gentrificación todavía no moldeaba la ciudad y se podían observar los agujeros de balas en la mayoría de las paredes –todavía se pueden ver en algunas partes de la capital – . La multitud no era tan extensa como en el presente, y la vida nocturna resurgía con el cantante con un legado cultural de creatividad infinita y hedonismo puro.

“Berlín era un lugar extraño y singular”, recuerda Bowie en una entrevista para la BBC en el 2005. “Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando era solo una isla en el medio de Alemania Oriental, toda la industria y todos los grandes negocios se mudaron de Berlín, dejando fábricas y almacenes vacíos. Entonces, lo que sucedió es que los estudiantes y artistas se mudaron allí, así que todo el lugar se convirtió en un taller, y era un lugar maravilloso para eso”.

¿Un día normal en la vida de Bowie durante sus años en Berlín?:

Museos y paseos en bicicleta con el cantante estadounidense Iggy Pop, galerías de artes e infusiones visuales que ayudaron a encaminar su carrera. Clubes de ambiente gay como el Anferer Ufer, hoy renombrado el Neues Ufer y noches de copas en el club SO36 en el centro de la ciudad en Kreuzberg. Caminatas en el acomodado barrio de Charlottenburg, desayunos que se convertían en almuerzos en el Paris Bar de Kantstrs y días repletos de música en el Hansa Studio donde Bowie grabó Heroes – inspirada en el romance de su productor Tony Visconti y la co/vocalista alemana Antonia Maass-  y que sugestionó junto con la ciudad actos como el de Iggy Pop (cuyo álbum Lust for Life, coproducido por Bowie en 1977 incluye ‘The Passenger’, inspirado en el tren S-Bahn de Berlín), Depeche Mode , U2 y Nick Cave

Regresos y dedicatorias

Bowie regresó varias veces a Berlín -física y musicalmente-, tal vez la ocasión más recordada fue en 1987, el año en el que la ciudad celebraba su cumpleaños número 750°, cuando el músico ofreció un concierto en la parte occidental justo al lado del muro al cual asistieron alrededor de 60,000 personas mientras que otras miles más intentaron acercarse desde el lado este para escucharlo. Durante el concierto estallaron disturbios entre la policía y los fanáticos que exigían la caída del muro. Hubo arrestos y heridos y hoy en día hay quienes lo consideran un incidente cardinal, entre los cientos que se sucedieron, para la posterior caída del Muro de Berlín en 1989. Más tarde, Bowie diría sobre el concierto:


“Escuchamos que algunos de los berlineses del este podrían tener la oportunidad de escuchar el concierto, pero no nos dimos cuenta en qué número lo harían. Y había miles en el otro lado que se habían acercado al muro. Entonces fue como un doble concierto donde el muro era la división. Y los oíamos gritar y cantar desde el otro lado. Me estaba rompiendo el corazón. Nunca había hecho algo así en mi vida, y creo que nunca volveré a hacerlo.”

En 1976 Bowie pudo haberse convertido en una estrella más del montón al borde del abismo, un nombre extra en la pila de artistas que caen en la adicción de las drogas para entenderse con su alter ego creativo. Ese mismo año Berlín también pudo convertirse en una ciudad más del montón, un saco de divisiones y muros que intentan justificar los sin sentidos de la vida. Pero ninguna de las anteriores sucedió, ni Bowie fue un músico cualquiera, ni Berlín se convirtió en una ciudad más, porque su redescubrimiento fue mutuo,  un pacto en donde se evitaron extinciones literales y espirituales. Tres álbumes después, pilares discográficos de la música aparte, Low, Lodger y Heroes, Bowie y Berlín se establecieron mutuamente como una trilogía de héroes y sobrevivientes.

“Tres álbumes después, pilares discográficos de la música aparte, Low, Lodger y Heroes, Bowie y Berlín se establecieron mutuamente como una trilogía de héroes y sobrevivientes”

La ciudad todavía le agradece a Bowie, Bowie le escribió una última dedicatoria en el 2013 después de unos diez años de silencio musical con el sencillo Where Are We Now? en donde canta sobre los barrios de Berlín, sus viajes en el tren hacia Potsdamer Platz y en donde recuerda lo que él mismo ha establecido como uno de los periodos más creativos de su carrera: los años de Berlín y la pared gigante que nunca existió del todo entre David Bowie y la ciudad.

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