Lisboa ©Gracia Cid

La Era Digital

Las buenas noticias no venden periódicos, así que los medios de comunicación se focalizan en contar escándalos y tragedias. Esto genera en la sociedad una visión distorsionada de la realidad en la que se resalta continuamente lo negativo. El bombardeo de noticias negativas contribuye a que muchas personas no sean conscientes de que nos ha tocado vivir en el mejor momento de la historia. Comparando con épocas anteriores, vemos que en todo el planeta están mejorando la mayoría de los indicadores relacionados con la salud, la calidad de vida, la paz, los derechos y libertades, el progreso científico, etc. Obviamente queda mucho por hacer, pero hoy el mundo está mejor que ayer.

Además, vivimos en un mundo de sorpresas. Es el momento más estimulante en cuanto a avances e innovaciones que llegan enseguida a nuestra vida. Como dice el historiador Yuval Harari, por primera vez en la historia de la humanidad, la sociedad no sabe cómo va a ser el mundo en los próximos 25 años. No estamos, pues, en una época de cambios sino en un profundo cambio de época. Hemos entrado de lleno en la Era Digital, una etapa nueva que no sabemos dónde nos conduce pero que nos aporta enormes sorpresas y novedades en muchos ámbitos de la vida.

Convivimos a diario con el cambio continuo y acelerado que en algunas ocasiones llega a ser disruptivo, como el 9 de enero de 2007 cuando Steve Jobs sorprendió al mundo presentando algo que hemos llamado teléfono inteligente pero que es mucho más que un teléfono. Me gusta definirlo como un nuevo órgano que le ha surgido al cuerpo humano, una extensión artificial del cuerpo que lo mejora y lo potencia, sirve para comunicarnos y para muchas más cosas y tiene una característica única: es un órgano que va evolucionando y mejorando con el tiempo mientras los demás se deterioran y se desgastan. Lo que el smartphone está aportando a nuestras vidas tiene un alcance sin precedentes.

Otro desarrollo tecnológico de gran alcance que está en marcha es el internet de las cosas. En muy pocos años el número de objetos conectados va a ser enorme, superando a la suma de smartphones, tabletas y ordenadores en el mercado. En consecuencia se está configurando un mundo distinto, un mundo digital en el que las personas, la información y las cosas estaremos conectados como nunca antes y funcionaremos de una forma bastante diferente a como lo hicimos en el pasado. Es un mundo hiperconectado, en el que las personas estamos a un click de distancia. Podríamos seguir hablando de inteligencia artificial, big data, computación cuántica, etc., pero lo más importante es entender que la innovación tecnológica se ha convertido en el principal motor de cambio en nuestra sociedad.

Salzburgo ©Gracia Cid

El Ser Urbano

Otro rasgo que caracteriza esta nueva era es la importancia de las ciudades. Este mundo nuevo no se focaliza en los países sino en las ciudades. Hoy la mayor parte de la población mundial vive en ciudades y éstas están adquiriendo un protagonismo sin precedentes. El año 2008 es el momento histórico en que el porcentaje de población urbana superó el 50% en el planeta, pero lo más importante es que la tendencia es claramente creciente. El ser humano es hoy un ser urbano y podemos decir que la Era Digital es también una Era Urbana.

Esto nos lleva a una reflexión sobre el carácter de las ciudades. La ciudad ha sido siempre el ámbito principal de interacción, convivencia y desarrollo de las personas en sociedad. Pero no todas las ciudades tienen las mismas cualidades. Existen diferentes modelos urbanos que responden a sociedades distintas y no tienen la misma capacidad de atraer personas, generar entornos de convivencia, adaptarse ante el cambio, desarrollarse adecuadamente en su contexto ambiental o aportar a sus habitantes calidad de vida. Además, las ciudades son entes vivos que evolucionan en el tiempo y, al igual que las personas, pasan por diferentes situaciones a lo largo de su vida.

En este interesante momento que estamos viviendo, es muy oportuno reflexionar sobre qué modelo de ciudad es el más inteligente, el idóneo para esta sociedad nueva, cuáles son sus claves y retos, qué elementos de la tradición debemos preservar y cómo podemos incorporar las innovaciones para construir una ciudad mejor y, en definitiva, legar a las generaciones futuras un mundo mejor.

Oporto ©Gracia Cid

Ciudades con Alma

En este contexto, parece conveniente revisar y actualizar nuestra mirada sobre las ciudades. Las personas normalmente funcionamos con un código de valores y creencias que hemos adquirido en nuestra infancia y vamos actualizando a lo largo de la vida. Una persona que hoy tenga, por ejemplo 40 o 50 años, habrá adquirido ese código en los años 70, recibiéndolo de sus padres y maestros que lo recibieron a su vez en los años 40 del siglo XX. Si esa persona no es capaz de actualizar permanentemente su código de valores y creencias, estará afrontando sus responsabilidades con un “sistema operativo” desfasado, justo en el momento en que más está cambiando nuestra sociedad.

Por eso es importante tener la mente abierta y apostar decididamente por la innovación en el desarrollo de las ciudades y territorios. Hoy están en auge las Smart Cities, concebidas como ciudades dotadas de “inteligencia” gracias a la tecnología. Muchas ciudades han adoptado con entusiasmo este nuevo paradigma. En este enfoque tiene un papel protagonista la tecnología, todas las tecnologías, especialmente la digital pero también las que tienen que ver con la reducción del consumo energético, mejora de la movilidad etc. Todas ellas, pero especialmente la tecnología digital, nos van a ayudar a construir una ciudad diferente. Es importante por lo tanto que actualicemos nuestra mirada y dejemos entrar a la innovación en nuestra forma de entender las ciudades. Muchos de los códigos que usábamos en el siglo XX se han quedado obsoletos. En definitiva, adoptar una actitud abierta a la innovación, entender el valor estratégico de la innovación es la única manera de poder enfocar de forma adecuada el desarrollo futuro de una ciudad como ciudad inteligente o de una región como territorio inteligente.

Pero llegados a este punto me gustaría plantear una reflexión: ¿será la Smart City el modelo de ciudad inteligente que queremos? O estaremos cayendo en el mismo error que se cometió hace un siglo cuando el mundo estaba deslumbrado por una ciudad funcional con separación de actividades, “moderna” y basada en las infraestructuras de conectividad física, que luego hemos visto que no era un modelo deseable.

Ante esta cuestión, propongo profundizar en un concepto que va más allá de las Smart Cities: una ciudad inteligente es una Ciudad con Alma. Porque las ciudades no son máquinas para vivir, son entes vivos que, al igual que las personas, tienen componentes emocionales, tienen “alma”. Con este concepto no me estoy refiriendo a algo etéreo, poético o difuso sino a características concretas y medibles. Es evidente que algunas ciudades son “especiales”, porque tienen una serie de elementos intangibles, emocionales y cualitativos que marcan la diferencia y las singularizan. Podemos construir la idea de una ciudad con alma a partir de tres claves que tienen que ver con el pasado, presente y futuro:

  • Del pasado, una ciudad hereda su Identidad y este es un atributo fundamental que se debe preservar y potenciar, que aporta valor y marca la diferencia.
  • Respecto al presente, una ciudad con alma es aquella que está enfocada en las Personas, más allá del juego político, la burocracia institucional, los intereses económicos, la adopción de ciertas tecnologías, etc.
  • En relación con el futuro, lo que caracteriza a las ciudades más interesantes es que son ciudades con Proyecto, con un liderazgo visionario y comprometido, una ilusión por el futuro y una orientación estratégica inteligente.

Seguro que todos tenemos en mente ciudades que se corresponden en mayor o menor medida con estos conceptos, y son las más atractivas y deseables. Pongamos el foco en estas ideas y revisemos si las ciudades en las que vivimos se acercan a esta visión.

En definitiva, ante los desafíos que a diario surgen en este mundo global y cambiante en la Era Digital, la sociedad tiene en las ciudades una gran oportunidad. Una ciudad con alma es, sin duda, el mejor lugar para la convivencia, la solidaridad y el desarrollo de la sociedad.

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