“¿Qué quién soy? Actriz, por encima de todo”.

La tarjeta de presentación de esta joven artista está clara. Su aparición en la serie de Televisión Española La otra mirada, interpretando a Roberta Luna, le ha dado la oportunidad de mostrar todo el talento adquirido en los escenarios teatrales. Y es que Begoña Vargas es en estos momentos una de las jóvenes actrices más prometedoras del panorama audiovisual español. Hablamos con ella en el magnífico hotel Índigo, en la Calle Silva nº6

 

El personaje de Roberta en La otra mirada es tu primer trabajo como protagonista, ¿ha sido complicado?

Complicado no, pero sí es cierto que interpretar a Roberta tiene mucho trabajo detrás, porque tiene una personalidad muy marcada.

¿Cómo conseguiste el papel?

Después de hacer una prueba. Las directoras de casting eran las mismas de otros proyectos a los que me había presentado y me conocían muy bien.

Y es tu primer papel importante en televisión…

Sí. El día de antes de empezar la grabación no pude dormir, pero no por nervios, sino por la ilusión y las ganas que tenía de empezar. Mucha gente se sorprende de lo relajada que estoy cuando tengo que interpretar. En ese sentido soy muy segura de mí misma, no dudo de mí. Mis únicos nervios son por la ansiedad de querer comenzar a grabar.

Háblanos de Roberta, ¿estás cómoda interpretándola? ¿Qué hay de Begoña en Roberta?

Me gusta mucho Roberta y hay algunas cosas en las que nos parecemos. Tiene un carácter muy fuerte, sin pelos en la lengua, y yo soy un poco así, también, salvando las distancias, claro. Es una líder, con mucha personalidad y que no se deja influenciar. Pero también tiene un gran corazón y no tiene problema en reconocer sus errores y equivocaciones.

¿Y en qué te diferencias?

Lo que más nos separa es la época. Las mujeres de los años 20 tenían que comportarse de una forma determinada. Yo creo que si Roberta viviera en el siglo XXI se parecería a mí.

¿Te atrae más el cine o la televisión?

Todavía no he hecho cine, pero me gustaría mucho. Entre televisión y cine no tengo una predilección especial. Siempre dependerá del proyecto, del director o del recorrido del personaje.

¿Con qué director de cine te apetecería trabajar?

Hay tantos… Por supuesto que me gustaría trabajar con figuras tan señeras como Almodóvar y Amenábar. También me encanta Daniel Sánchez Arévalo, por su forma de rodar y porque trabaja muy bien con los jóvenes.

¿Tienes alguna actriz que te sirva de referencia?

No puedo decir que tenga una como referente. Me gustan diferentes cosas de distintas actrices. Pero, por ejemplo, me gusta mucho Cecilia Freire y tengo la suerte de poder trabajar con ella en La otra mirada.

¿Y el teatro? ¿Es cierto que te da una formación extra?

¡Me apasiona! Estuve haciendo Los miserables durante cuatro años todos los fines de semana y me encantaría volver. El teatro es una buena base y te aporta, además de tablas, unos valores adicionales, como la responsabilidad, que yo, por ejemplo, he aprendido trabajando con la directora Paloma Mejía. Tienes que cuidar tu vestuario, que es una de tus herramientas de trabajo, aprender a convivir en el camerino con los demás actores o ser ordenada. Es una escuela de interpretación, pero también es una escuela de valores.

Se te ve enamorada de tu profesión…

No entiendo otra forma de enfocar mi vida que no sea siendo actriz. Quizás por eso he luchado tanto. Me da la posibilidad de “cambiar de vida”, de ser otra persona. Necesitas entender otras personalidades y empatizar con ellas, algo que me parece fascinante.

Y lo que menos te gusta…

Me está costando acostumbrarme a dejar de ser anónima y que me reconozcan por la calle. Pero es parte del trabajo y hay que entenderlo.

¿Un deseo?

Poder trabajar toda la vida de actriz.

¿Te gustaría trabajar fuera de España?

¡Por supuesto! Me encantaría rodar en Estados Unidos. Y si fuera con Leonardo di Caprio y Meryl Streep, sería un sueño.

Tu proyecto ideal…

Hacer un musical como Grease o La La Land. Porque un musical engloba las tres cosas que más me gustan, la interpretación, bailar y cantar.

“Para mí, el feminismo es creer en la igualdad. Nadie es superior a nadie, todos tenemos los mismos derechos”

¿Te consideras feminista?

Sí. Para mí, el feminismo es creer en la igualdad. Nadie es superior a nadie, todos tenemos los mismos derechos. Pero debido a que la mujer siempre ha estado infravalorada creo que la discriminación positiva es necesaria.

¿Notas mucha diferencia de trato en la televisión entre hombres y mujeres?

De trato no, ninguno. En un capítulo de La otra mirada se mostraba cómo un profesor recién incorporado a la Academia cobra mucho más que una profesora con años de experiencia. Y eso lo marcaba la ley de aquellos años 20. Ya no es tan exagerado, pero sigue existiendo una diferencia muy grande entre hombres y mujeres en ese tema.

“sigue existiendo una diferencia muy grande entre hombres y mujeres en ese tema”

¿Cuál crees que es tu mejor virtud ante la cámara?

Aunque suene a tópico, creo que eso deberían decirlo los demás. Yo veo mi trabajo y sé que, aunque estuviera de diez, siempre encontraría algún defecto. La virtud que más destacan de mí es que tengo una mirada muy intensa y expresiva.

¿En qué te gustaría mejorar?

¡En todo! Acabo de empezar, me queda tanto por aprender…

 

¿Cómo eres, en una palabra? Quizás la que mejor me define es “superación”.

Un defecto. ¡Hablo mucho!

Una virtud. No soy rencorosa.

Un libro. Fuimos canciones, de Elísabet Benavent.

Una película española. Azul oscuro casi negro, de Daniel Sánchez Arévalo.

Y extranjera. La vida es bella, de Roberto Benigni.

Un verano. El que viene.

Un viaje. A Australia.

Un miedo. La soledad.

 

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