“Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos”. Así se expresaba Vasili Kandinsky, nacido en Moscú en 1866, que entendía el arte en su aspecto global. Y matizaba: “no es una creación inútil de objetos que se deshacen en el vacío sino una fuerza útil que sirve al desarrollo y a la sensibilización del alma humana”. Hijo de familia acomodada, estudió Derecho y Ciencias Económicas. Fascinado por el color, al que consideraba un medio para alcanzar un cierto nivel de espiritualidad, decidió dedicarse por completo a la pintura y la enseñanza del arte y hoy se le conoce como el precursor de la pintura abstracta.

Stefan Zweig nació en Viena en 1881, ciudad que se había convertido en el centro cultural de Europa, en un mundo en el que según palabras del propio escritor “se miraba con desprecio a las épocas anteriores, con sus guerras, hambrunas y revueltas como a un tiempo en el que la humanidad aún era menor de edad y no lo bastante ilustrada”. El autor retrata en sus obras la alta sociedad vienesa, con su hipocresía, su doble moral, su desprecio a la naciente burguesía. La novela Secreto ardiente, escrita en la Viena de 1911 muestra a personajes reconocibles para sus coetáneos y gira en torno a la seducción, la infidelidad y el paso de la infancia a la madurez.

Ese mundo de belleza y seguridad estallará el 28 de junio de 1914 cuando un joven estudiante nacionalista serbio, Gavrilo Princip, asesina a Francisco Fernando de Austria, sobrino de Francisco José y heredero imperial. Fue condenado a veinte años de prisión de los que solo cumplió cuatro al fallecer en la fortaleza de Terezín en la República Checa donde había sido recluido, y que más tarde sería usada por los nazis como campo de concentración. Zweig, en la autobiografía que escribió en sus últimos años, recordaba con nostalgia cómo se había dinamitado toda la magnificencia y esplendor en los que había vivido y su incredulidad por lo que estaba sucediendo. Su visión, tal vez empañada por su acomodada posición económica, no alcanzó a valorar las tensiones entre Estados, la decisión de Francisco José de anexionar Bosnia-Herzegovina, desafiando las aspiraciones nacionalistas de Serbia, la situación de la mitad de la población del imperio, polacos, serbios, croatas, ucranianos, sin los derechos ni los privilegios que gozaban los húngaros, así como el creciente antisemitismo. El arte, el lujo y el progreso frenaron en seco para dar paso a la gran matanza que supuso la Primera Guerra Mundial.

Zweig fue movilizado y estuvo en la Oficina de Guerra donde permaneció tres años hasta que se exilió a Suiza, allí escribió teatro y prosa, condenando la violencia. Kandinsky que vivía en Alemania, había encauzado ya una sólida carrera artística y publicado en 1912 su ensayo De lo espiritual en el arte, emigra a Suiza y luego a Moscú, donde en 1917 se implicó en la reforma educativa tras la Revolución de Octubre, siempre en la disciplina de arte.

Terminado el conflicto, Zweig marcha a Salzburgo donde siguió escribiendo y viaja a Italia, India, Francia, Rusia, EEUU y Argentina. Sin embargo, Kandinsky tuvo que abandonar su país a causa de las tensiones entre los miembros del gobierno y volvió a Alemania donde impartió clases en la Escuela Bauhaus. Publicó su tratado Punto y línea sobre el plano (1926) y en sus composiciones destacan, además del color, el uso del círculo, el ángulo y las líneas rectas y curvas. Abstracción pura.

Esta aparente calma terminará pronto. Las consecuencias de un nefasto Pacto de Versalles y el ascenso al poder del Hitler en 1933, darán lugar al largo calvario de la Segunda Guerra Mundial.

Zweig califica en sus memorias de “poco agradable y muy inquietante” la vecindad de su casa en Salzburgo con la de Hitler, en la montaña de Berchtesgaden. En 1933, Secreto ardiente fue incluida en el listado de censura del nazismo y muchos ejemplares fueron arrojados al fuego. El incremento del antisemitismo y su condición de judío le obligaron a partir al Reino Unido, a Brasil, a Italia y nuevamente a la ciudad de Petrópolis en Brasil, donde se suicidó junto con su compañera en 1942.

Kandinsky, consciente de lo que estaba por llegar, abandona Alemania en 1933. En 1937 sus cuadros son calificados por Hitler (debe recordarse aquí la frustrada carrera de pintor del dictador) como “arte degenerado” y como “la obra chapucera de un niño sin talento de ocho o nueve años”. Parte de su obra desaparecerá a manos de los nazis. Seguirá trabajando en Francia en la localidad de Neuilly-sur-Seine, donde fallece en 1944.

Ninguno de los dos verá el final del conflicto, no pudieron cumplir el propósito que Zweig escribió a su amigo Sigmund Freud: “tenemos que permanecer firmes; no tendría sentido morirse sin haber visto el descenso de los criminales a los infiernos”. De Kandinsky y de Zweig nos queda su arte, hijo de su tiempo. Y el mensaje de que en tiempos de barbarie y oscuridad, también existe la luz.

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