“A mí quien me gusta cantando saetas es la Niña de los Peines y Miles Davis”, dijo Enrique Morente, el último de una estirpe que prefería hacer del flamenco un riesgo, incluso un extravío. Se refería a la recreación del cante que el estadounidense grabó entre finales de 1959 y principios de 1960 en los estudios de la CBS de Nueva York. “En sus momentos más inspirados, Davis lograba extraer de su trompeta una especie de grito primario, algo así como el llanto de un recién nacido”, anota Ted Gioia en su Historia del jazz (Turner).

Aquella saeta completó el álbum Sketches of Spain, dedicado en su totalidad a la música española. “No la interpreta; la sugiere”, destacó la revista Rolling Stone, que lo incluyó entre los mejores 500 trabajos discográficos de todos los tiempos.

“¡Yo, un negro de Saint Louis, estaba a punto de querer pensar como un español! Esta elección requirió un gran esfuerzo por identificarme como tal en cada nota”, recordó en alguna ocasión Davis, quien se internó aquí, en colaboración con el arreglista Gil Evans, por la senda del jazz modal.

Tanto se ha escrito sobre este viaje del jazz a lo jondo que parece que Morente disparó con acierto en aquella intuición. Según George Avakian, antiguo productor de Miles Davis, a Gil Evans le impactó un disco de la Niña de los Peines que incluía la saeta titulada Se enturbecieron los cielos: “…y le dan azotes crueles/ al Divino Redentor,/ amarraíto a una columna”. Otras fuentes aseguran que el punto de partida de la aventura fue una copia de la Antología del cante flamenco de Hispavox que la actriz Beverley Bentley regaló al trompetista a la vuelta de un viaje a España.

De una forma u otra, la Saeta de Miles Davis es la recreación de un sentimiento envuelto en llamas. “Lo más difícil para mí fue tocar solos donde habitualmente debía haber una voz. La dificultad surgía cuando debía interpretar cosas indescifrables que se dicen entre palabras, o sea el feeling original. El fraseo, el lamento, pero también la alegría. Algo, en definitiva, muy próximo al feeling negroamericano”, aseguraba el trompetista, de quien Charlie Parker aseguró que le había enseñado todo. “Incluida la locura”, precisó.

Miles Davis y Gil Evans en los estudios Columbia en 1957

En Sketches of Spain, Davis y Evans optaron por una instrumentación distinta a la de  trabajos anteriores. Mantuvieron las secciones de bronces, con un trombón menos pero con un corno más; eliminaron el único saxo, dejando a la sección en manos de dos flautas, un clarinete y un oboe. Al conjunto le añadieron un arpa. Por último, la rítmica renunciaba al piano o la guitarra, mientras que se veía incrementada por un percusionista en la figura de Elvin Jones. El arpa y la percusión, unido a la ausencia del saxo, daban un colorido diferente al conjunto.

El resto de las piezas del álbum están extraídas de melodías populares del cancionero español (The Pan Piper y Soleá) o de los pentagramas de Manuel de Falla (Hill O’ The Wisp) y Joaquín Rodrigo (Concierto de Aranjuez). Precisamente, según las notas del propio Miles Davis que acompañaron al disco, esta última melodía compuesta para guitarra y orquesta obsesionó al trompetista. “Después de haberlo escuchado durante una o dos semanas, no me lo podía quitar de la cabeza. Le pasé el disco a Gil [Evans] y también le gustó mucho. Decidimos hacer algo sobre esta base”.

Con el tiempo, aquel álbum le daría cuerda a la música española. Lo ha contado así Gonzalo García Pelayo, productor de Smash, Triana y Lole y Manuel, entre otros:

“Salí del restaurante donde lavaba platos en París y, en un puesto de segunda mano, encontré un disco con un título que me llamó la atención: Sketches of Spain. No sabía qué era, pero lo compré, lo escuché y aluciné. Si Miles Davis y el arreglista Gil Evans eran capaces de hacer eso, poner así una soleá y hacer esa versión del segundo movimiento del Concierto de Aranjuez. Para mí, el mejor arreglo de la historia… Fue una iluminación”.

Más bien, una bomba atómica.

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Jose Maria Rondon
Periodista. Me interesa la cultura que nace en los márgenes. Llevo años en la pelea por reivindicar al artista Ocaña y al escritor Antonio Núñez de Herrera. Una vez escribí un libro para llevar la contraria: Semana Santa insólita. Delirios y visiones heterodoxas de la Semana Santa de Sevilla. Las causas perdidas son mis favoritas.

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