Leo en la prensa que este año los españoles vamos a ser los europeos que más compremos en el Black Friday, y de la noticia extraigo que los habitantes de la piel de toro tenemos un don especial para recoger del sueño americano lo que menos puede rentarnos. Todas las grandes ideas que se han creado en Estados Unidos –muchas más de las que pensamos– pasan por nuestro país como viento de otoño, sin dejar huella alguna. Nuestras universidades no aprenden nada de sus hermanas norteamericanas, y nuestras empresas se españolizan más que americanizan a una velocidad tan alta que al final siempre acaba, para el trabajador, en lo precario. El orgullo identitario del estadounidense es un hilo fino que les une y salva de muchos males, y sería una lección preciada para esta España resquebrajante que han tomado por cuenta los políticos del abracadabra, que ahora mismo son todos. No copiamos lo bueno de los americanos, insisto, porque cuando viajamos a Estados Unidos solamente arañamos su superficie. La hamburguesa y el baloncesto. Los coches grandes (de los que ya no quedan tantos) y la tecnología a mitad de precio. Al final olvidamos todas sus grandes ideas y nos quedamos con Halloween y el Black Friday, porque de ese país que es un continente solamente nos interesa lo de meterse en gastos. Por eso nuestros jóvenes, cuando no quieren comprar sino trabajar, tienen que andar echando currículums en el reino de Trump y marcharse a vivir a Estados Unidos para no volver nunca.

«Leo en la prensa que este año los españoles vamos a ser los europeos que más compremos en el Black Friday, y de la noticia extraigo que los habitantes de la piel de toro tenemos un don especial para recoger del sueño americano lo que menos puede rentarnos»

El español es un animal voraz, que se come la vida a pedazos, y eso es la envidia del resto del mundo, que no acaba de creerse que la España de la fiesta y la siesta (a eso creen que nos dedicamos) funcione. Los europeos nos envidian y nos ven como una especie de rareza cultural, y eso está bien cuando hablamos de vivir, pero no cuando nos centramos en cómo vivir. Resido en una ciudad, Granada, que es un paraíso para el que tiene trabajo, pero un infierno para quien lo busca. Por eso hay mañanas, días, en las que uno está cansado de ser esa rareza peninsular, sobre todo cuando se da una vuelta por la arena política o económica. El sueño americano emigró cuando nuestros actores dejaron de querer ser Gregory Peck para mudarse a Los Ángeles, exhibiendo en ese salto no pocas incongruencias, porque muchos de los que allí se marcharon para hacer papeles de latino rompepiernas fueron antes grandes antiamericanos, hasta segundos antes de subirse al coche de su agente inmobiliario en Hollywood. No me hagan dar nombres, por favor, pues saben de qué pareja hablo. Los españoles somos animales contradictorios y volátiles, además de voraces, y por eso nuestras tradiciones están a la baja (Día de todos los Santos) y la fiebre del consumo foráneo está al alza. Volviendo al Black Friday, no sabíamos qué era hasta hace cinco años (media España buscando en Google qué podría ser aquello del Black Friday, los eruditos a la violeta contándonos la historia de la cosa) y resulta que ahora pone más personas en la calle que unas elecciones.

Freud perdió mucha inspiración por culpa de no conocer mejor España, porque aquí tendría mucho y complejo trabajo de análisis. Nuestra relación con Estados Unidos sería una de las primeras cuestiones a observar, pues cuesta encontrar un país en el que lata un injusto sentimiento antiyanqui (60 % de los españoles con una opinión negativa de Estados Unidos, según estudio reciente del Real Instituto Elcano) y en el que a la vez las costumbres americanas tomen tanto predicamento. El injusto y anacrónico desplante del presidente Zapatero a la bandera americana fue la versión zafia de ese despropósito mental en el que viven muchos de nuestros paisanos.

«Freud perdió mucha inspiración por culpa de no conocer mejor España, porque aquí tendría mucho y complejo trabajo de análisis»

A los españoles el antiamericanismo nos invade cuando nos entra la pedantería de maestro republicano, que decía el genio Umbral, y nos abandona cuando Disney tiene una serie nueva. Nos conquista cuando vemos a Trump en la pantalla y se nos olvida cuando tocan la campana del Black Friday. Spain is different.

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