A las buenas, querido lector. Mucho he pensado en las ganas que tenía de escribir algo así, pero también en lo mucho que se ha escrito ya sobre ello. Llevo varios días dándole vueltas a cómo enfocar el tema y he llegado a la conclusión de que sólo puedo hacerlo de una manera. Como a mí me dé la gana, como siempre. Tras este momento de reafirmación de mi ego, voy a pasar a hablarte sobre algo que ya habrás oído miles de veces pero que, en su inmensa mayoría, no se cuenta acercándose a la realidad. Y es que sobre los asesinos en serie se ha dicho mucho. Muchísimo. Pero se ha adornado tanto su figura que ya nos cuenta distinguir la realidad de la ficción. Y lo peor es que, como se suele decir: la realidad la supera.

Llevo varios días dándole vueltas a cómo enfocar el tema y he llegado a la conclusión de que sólo puedo hacerlo de una manera. Como a mí me dé la gana, como siempre

Antes que nada deberíamos establecer con claridad qué es un asesino en serie.
Por definición, es alguien que mata a tres o más personas en un período de tiempo que suele oscilar entre los 30 días o más. Entre muerte y muerte deja un período que podríamos llamar de “enfriamiento” en el cual, por explicarlo de alguna manera, no siente la necesidad de matar, más bien se recrea en lo que ha hecho. Puede que vivamos en una sociedad tan violenta que ya ni te sorprenda lo que acabo de escribir, pero si analizas bien la frase verás que hay dos factores que destacan por encima de todo. La necesidad de matar y la recreación al haberlo hecho. Pero antes de pasar a eso estaría muy bien saber de dónde viene la definición de asesino en serie. Porque supongo que no pensarás que siempre ha estado ahí.

Imagen promocional de “Mindhunter”, serie de Netflix dirigida por Fincher

Lo que quizá te sorprenda es saber que es un término relativamente reciente. Si eres fan de las series de televisión puede que hayas visto “Mindhunter”, dirigida por Fincher y ofertada en Netflix, la plataforma de vídeo de pago. Si lo has hecho ya te habrás hecho una idea ya que la serie lo relata de manera magistral. Y haciendo un inciso, déjame decirte que ya era hora que se dejara de banalizar un tema tan serio como el de los asesinos en serie. La serie es, para mi opinión de diez. Volviendo, si ya la has visto lo sabes, pero para el que no, aparte de recordar su visión, te contaré que no se llegó a considerar su figura hasta mediados de los años setenta. No es que antes no existieran, de hecho, estudios realizados por la persona de la que ahora te voy a hablar dictaminan que hubo asesinos en serie ya en la Edad Media (y porque no llegó más lejos). Además, que pensar que a alguien se cruzó un día un cable y empezó a matar de la manera que lo hace un asesino en serie a mediados de los setenta es una estupidez. Pero lo que sí es cierto es que no se consideró a la figura como tal. Y ahora lo vemos muy fácil porque ya la tenemos con nosotros, pero no es criticable en la época por una razón. No importaba por qué, sólo el qué. Es decir, daba igual lo que motivara a una persona a matar, lo único importante era que había matado. No importaba si a una persona que a veinte (no me malinterpretes, es una manera de hablar).

No se llegó a considerar su figura hasta mediados de los años setenta. No es que antes no existieran, de hecho, estudios realizados por la persona de la que ahora te voy a hablar dictaminan que hubo asesinos en serie ya en la Edad Media

Pero entonces llegó alguien que pensó si no se podría anticipar a esos asesinatos. Está claro que no puedes predecir si una persona va por la calle, se le cruzan los cables y se carga a otra. Eso no. Incluso tampoco un asesinato premeditado en el que un vecino mata a otro tras una disputa días atrás, por ponerte un ejemplo (aunque eso no es del todo así, predecirse, se puede predecir con un estudio adecuado, pero que es muy difícil estudiarlo así porque sí, también). Bueno, que me voy por las ramas, lo que esta persona pensó es que cuando un asesino reincidía en sus actos, puede que siguiera un cierto patrón de comportamiento que era digno de ser analizado. Eso por un lado, pero quizá lo que consideró más importante era saber qué motivaciones lo habían llevado a cometer tales delitos. Y, sobre todo, qué le había llevado a ello. Cómo era su pasado, cómo se había forjado para ser como era. Dejó de considerar el qué (que también era importante) para tener muy en cuenta el cómo, pero sobre todo el por qué. Su nombre era Robert Ressler e inició uno de los avances, quizá, más importantes en la historia del delito violento: el análisis de la conducta.

Gary Ridgeway, o el asesino de Green River, uno de los asesinos en serie con más víctimas conocidas.

Ressler sintió curiosidad siendo pequeño, con tan sólo nueve años. En 1946 un estudiante de Chicago llamado William Heirens mató y violó a una niña y dos mujeres. El asesino dejó garabateado en la pared, con pintalabios lo siguiente: “Detenedme antes de que mate otra vez, no puedo controlarme”. Ahora, como sabemos lo que sabemos enseguida pensamos que es un asesino en serie y que habría que estudiar su conducta y patrones, pero entonces no se consideró nada de eso. Salvo Robert, que fundó un club de detectives y su único propósito era atraparlo. Si te dijera que lo hizo te quedarías de piedra, pero no nos crezcamos, que sólo tenía nueve años. El caso es que esa curiosidad lo llevó, tras pasar por el ejército e iniciar estudios en Psicología, a estudiar Criminología. Tras acabarlos comprendió que la única manera de ayudar a atrapar a asesinos era ingresando en el FBI. Una vez dentro y no sin dificultades, tras mucho insistir, logró que se le hiciera caso y se fundara junto a otros agentes la Unidad de Ciencias del Comportamiento. Sí, la que aparece en El silencio de los corderos, por ponerte un ejemplo (de hecho Ressler asesoró en esa película como experto). Dentro ya de la unidad siguió peleando para conseguir entrevistarse con los asesinos más escalofriantes de los Estados Unidos de América. Ya estaban entre rejas, con una condena firme y no iban a volver a matar, pero aún así, para poder atrapar a los que todavía seguían en activo, él consideraba que necesitaba entenderlos, conocerlos a fondo. Se entrevistó, por poner algunos ejemplos con Ted Bundy, Jeffrey Dahmer, John Wayne Gacy, David Berkowitz, Edmund Kemper, Charles Manson… La lista es más grande, pero estos son, quizá los ejemplos más espeluznantes. De esas entrevistas sacó conclusiones. Sobre todo estableció pautas como que casi todos tenían una motivación sexual detrás del crimen (se llegó a decir que un 90% de los casos la tenían, sólo el 10% mataban por impulsos). Esas conclusiones sobre el pasado y presente de los propios asesinos sirvió para crear una base datos que, a su vez, ayudó a detener a otros muchos criminales que campaban a sus anchas. Y es que se empezó a tener consideración no sólo en las pruebas físicas que quedaban en un escenario, sino también en las conductales que definían al asesino y que acercaban un poco más al investigador para poder atraparlo.

La curiosidad lo llevó, tras pasar por el ejército e iniciar estudios en Psicología, a estudiar Criminología. Tras acabarlos comprendió que la única manera de ayudar a atrapar a asesinos era ingresando en el FBI

En esa base de datos que se elaboró y tras las entrevistas con los asesinos, Ressler hizo una distinción que él consideró necesaria y que sentó las bases de lo que hoy conocemos. Dividió a los asesinos (todavía no los llamaba en serie) entre organizados y desorganizados. Creo que no hace falta ahondar demasiado en los tipos porque las propias palabras hablan por sí mismas. También es lógico pensar que había más del primer tipo que del segundo, de ahí que fueran tan difíciles de atrapar. Pero todavía quedaba algo más, necesitaba ponerles un nombre para dirigirse a ese tipo de criminales. El surgimiento del nombre no deja de ser curioso. Ressler ya era toda una figura y daba clases para compartir sus conocimientos por todos lados. En una de ellas recordó las series de aventuras que veía de niño en televisión. En ellas, casi siempre se solía dejar el suspense en alto para tener en vilo al espectador y asegurarse que a la semana siguiente volvería a estar frente a la pantalla. Lo que en ficción se conoce como Cliffhanger. Bien, de pronto asoció esa idea al tipo de actos que realizaban este tipo de asesinos, a la insatisfacción que quedaba en alto en estos criminales después de haber cometido un asesinato y sentir la necesidad de hacerlo de nuevo. Era algo así como en un heroinómano, que veía su necesidad cubierta momentáneamente pero no satisfecha del todo. Él mismo dijo: “Tras cada crimen, el asesino piensa en cosas que podía haber hecho para que el asesinato hubiera sido más satisfactorio”. Por eso volvía a repetir. Pero regresando a lo de antes, la asociación de ambas ideas le trajo a la mente acuñar el término “asesino en serie” y éste ya sería utilizado hasta el día de hoy.

Ressler sentó las bases de la perfilación criminal y eso se fue extendiendo a lo largo del mundo. Como vivo en España te puedo contar algo de cómo está el tema por aquí. Aquí los dos grandes grupos investigadores de delitos violentos son la Guardia Civil y la Policía Nacional. Y ambos tienen una sección dedicada al estudio del comportamiento de los criminales (sean en serie o no) aunque, digamos, llegaron algo tarde comparado con otros países. En el caso de la Guardia Civil tenemos la SACD, que es la unidad encargada de tales efectos. No te puedo contar mucho sobre ella porque la descubrí casi por casualidad y todavía no he podido meterme muy adentro en cuestión de investigación, pero lo haré y te lo acabaré contando encantado. Sólo te puedo contar que se fundó en 1994 y que desde entonces ha participado activamente en la perfilación y análisis de muchísimos casos en los que su ayuda ha sido inestimable. Del que sí te puedo hablar de manera más amplia y tendida es sobre la SAC (Sección de Análisis de la Conducta) de la Policía Nacional. Lo puedo hacer porque tuve la suerte de conocer a su fundador y he mantenido varias charlas con él que me han enseñado cómo es su trabajo real. Es una unidad muy pequeña dentro del Cuerpo Nacional de Policía. Y digo pequeña, porque a fecha de hoy la integran cinco personas. ¿Pero cómo nació? Era evidente que el CNP se estaba quedando atrás en esta materia, era necesaria la creación de un grupo especializado (al menos de manera oficial, ya que sí tenían perfiladores, pero no como unidad). Es por eso que en el año 2011 (fíjate qué tarde) y tras una larga lucha del que ahora es su inspector jefe, D. Juan Enrique Soto, se logró que el Ministerio del Interior aprobara la formación de la unidad. Cabe destacar que todos sus miembros son policías y psicólogos, un requisito necesario para poder formar parte de ella.

Tras cada crimen, el asesino piensa en cosas que podía haber hecho para que el asesinato hubiera sido más satisfactorio”. Por eso volvía a repetir

Hay que remarcar que sólo intervienen en un caso si se les solicita ayuda. Suelen desplazarse un mínimo de dos personas en cada requerimiento, intentando casi siempre que uno de los dos sea inspector de rango, para responsabilizarse del servicio.

Una vez en un escenario tratan, si se puede, de visualizarlo en la misma hora que se estima actuó el delincuente para tratar de ver lo que él veía. Sentir las condiciones que parecieron darse les hace formarse una idea más aproximada de cómo sucedió todo y de por qué actuó de una determinada manera en un determinado momento.

¿Quieres un caso famoso que se haya resuelto gracias a su intervención?

Seguro que te suena el caso de José Bretón. Mató a sus dos hijos (de muy corta edad) y luego quemó los cuerpos para intentar hacer desaparecer las pruebas. Él, a los investigadores les contó la patraña de que los niños se habían perdido en un parque. Ante la imposibilidad por parte del equipo que lo investigaba de dar con el paradero de los niños, se recurrió a la SAC, que gracias a sus métodos (como por ejemplo fijarse en los gestos del propio Bretón a la hora de responder a una pregunta formulada en sus declaraciones) logró desenmarañar el caso y hacer que José esté en estos momentos en la cárcel (y ahora me apetece hacer una apreciación personal y desear que no salga jamás a la calle, pero ya digo, es personal. Que me parezca un grandísimo hijo de la gran puta también lo es).

¿La parte negativa de todo esto? Que la ley que tenemos hace que las evidencias conductales pierdan peso en un juicio, por lo que son consideradas herramientas de investigación. Una lástima (a mi modo de ver), pues en muchos casos serviría para que las condenas fueran acordes al nivel de psicopatía (y por supuesto al acto en sí) del autor. Y no olvidemos que muchas veces personas con graves trastornos psicopáticos son encerradas en cárceles comunes, montándose la marimorena porque no deberían estar ahí.

Y hasta aquí te cuento, querido lector. No es que no esté a gusto haciéndolo, es que si sigo extendiéndome esto no acabaría nunca. De ti depende que vuelva o no con un nuevo artículo.

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