El Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país.”
-Arthur James Balfour, en Londres, a 2 de noviembre de 1917

Con esta misiva de Balfour, Ministro de Relaciones Exteriores británico, dirigida al dirigente sionista británico Lord Rothschild, se daba un espaldarazo al movimiento sionista que propugnaba el derecho del pueblo judío a establecerse en la Tierra de Israel. Y es que por primera vez una potencia mundial reconocía explícitamente y por escrito el derecho a la existencia de un estado judío autónomo y estable en Palestina. Así pues, Inglaterra, que en virtud de los tratados de Sykes-Picott y Sevres iba a ser la encargada de administrar Palestina, apoyaba formal y públicamente las aspiraciones sionistas. A partir de ese 3 de noviembre nada volvería a ser igual en el Medio Oriente, y por ende, en el mapa geopolítico mundial.

El sionismo había surgido mucho antes. Termino derivado de la palabra “Sión” (uno de los nombres bíblicos de Jerusalén y que ya en la época del rey David se empezó a usarse para todo Jerusalén incluso para referirse a toda la tierra de Israel), el termino de “sionismo” fue acuñado por el editor austriaco Natham Bimbaum, fundador del movimiento estudiantil judío Kadima, en su diario “Autoemancipación” a finales del Siglo XIX. Pero el sionismo como proyecto político surgirá de la mano del húgaro Theodor Herzl. Este movimiento sostenía que los judíos no debían ser considerados como un grupo unido por la religión, sino que se conformaban fundamentalmente como un colectivo de carácter “nacional”, como eran los franceses o los alemanes, y que en esa concepción se fundamentaba su derecho a crear su propio estado en “su territorio” original tras más de 20 siglos de exilio.

Para Herzl la clave de la cuestión estaba en conseguir un aval internacional. Y ahí entra la relativa importancia de la declaración Balfour.

¿Pero cuál fue la importancia real de la Declaración Balfour? Herzl, abogado y periodista, fue uno de los primeros pensadores en advertir que la creación del estado judío no se lograría únicamente sobre la base del asentamiento de colonos en Tierra Santa. Para él la clave de la cuestión estaba en conseguir un aval internacional. Y ahí entra la relativa importancia de la declaración Balfour al que los sionistas publicitaron para demostrar que su movimiento tenía un respaldo político al más alto nivel en la arena internacional, cosa que realmente era muy disctuble. Ahora bien, en términos legales, la Declaración Balfour tuvo pocos efectos, por no decir ninguno. Precisamente para evitar consecuencias jurídicas, en ningún momento en la misiva se hace referencia al término “Estado”. Hay esto hay que sumar que los británicos entorpecieron de una manera clara que los judíos establecieran un Estado-nación en Palestina, restringiendo la inmigración judía y combatiendo duramente a los grupos armados judíos que luchaban por el establecimiento del estado hebreo.

Muchos historiadores vinculan la Declaración Balfour con el avance del general Edmund Allenby hacia Jerusalén durante la I Gran Guerra.

Hay que resaltar que en 1917 la población judía de Palestina no llegaba a un 10% del total de su población y se calcula que la población palestina era propietaria de más del 90% de la tierra que Gran Bretaña ofrecía a las organizaciones. Incluso muchos historiadores vinculan la Declaración Balfour con el avance del general Edmund Allenby hacia Jerusalén durante la I Gran Guerra, y sostienen que fue el resultado fruto de más de un año de negociación entre destacados sionistas británicos y el Gobierno de guerra de Lloyd George. Curiosamente, los términos de la declaración fueron criticados de una manera tajante por el único miembro judío del gobierno, el Secretario de Estado para la India Sir Edwin Montagu, manifestando que le preocupaba enormemente el estatus y la potencial doble lealtad de los judíos británicos, poniendo en tela de juicio el derecho de la organización sionista a hablar en nombre del conjunto de todos los judíos.

Para muchos expertos lo verdaderamente crucial de la declaración Balfour fue que en 1922 la génesis de la misiva se incorporó de facto al Mandato Británico.

Para muchos expertos lo verdaderamente crucial de la declaración Balfour fue que en 1922 la génesis de la misiva se incorporó de facto al Mandato Británico en Palestina, siendo con posterioridad aprobado por la Liga de Naciones (antesala de la ONU). Esto constituyó un espectacular logro político y de propaganda para el movimiento sionista internacional que en aquel momento era un grupo minoritario dentro de los judíos del mundo que desembocaría con la Resolución 181 de la Asamblea General de las ONU, en 1947 y que aprobaba el definitivo “Plan de Partición” (votación en la que los británicos se abstuvieron).

Actualmente no se puede entender la política mundial sin la presencia de Israel. Y sin duda, la Declaración Balfour fue el comienzo de todo.

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