Hay algo en Auschwitz que estremece más al visitante que las cámaras de gas: los montones de zapatos abandonados para siempre. Uno no puede arrancar de la memoria los zapatitos de los niños; testigos de la muerte y del horror que el género humano puede alumbrar. A propósito del recuerdo a las víctimas del Holocausto o Shoá, se escriben anualmente artículos o mensajes. El más impactante de este año fue tuiteado por nuestro vicepresidente. Rememoró la liberación del campo de exterminio sin mencionar la palabra judío. Y es que, de su lectura, pudiera tenerse la ensoñación de que algún judío pasó en algún instante por allí, pero nada que pudiera inquietar. Menos mal que hubo quien le recordó que al menos 960.000 personas iban marcadas con una estrella amarilla. Y es que, a veces, se tienen que dar ciertas explicaciones.

«Hay algo en Auschwitz que estremece más al visitante que las cámaras de gas: los montones de zapatos abandonados para siempre. Uno no puede arrancar de la memoria los zapatitos de los niños…»

No es difícil tropezarse con artículos que, por estas fechas, más que aprovechar para recordar el horror, se dedican a mancillar la memoria de las víctimas a través de la banalización o, incluso, a insultar a los judíos. Yo propongo que se habilite el día del antisemita, con el fin de que todos estos odiadores puedan tener su momento de popularidad, sin tener que ocupar el 27 de enero y sin prejuicio de sus responsabilidades penales.

Este año también se publicaron artículos antisemitas. En uno de ellos, su autor, además de las patéticas falsedades de costumbre consistentes en que los judíos controlan la Reserva Federal de EE.UU., Hollywood o las multinacionales (claramente se está olvidando del Real Betis Balompié), se detenía en una idea singularmente maliciosa y que resume el sentir de otros pronunciamientos similares: el mundo no les debe nada. Los judíos “se están vengando a base de bien con los palestinos”, se decía. Era la espina dorsal del texto. El argumento que, en la actualidad, articula cientos de artículos antisemitas. Recordé los tres mil ducados de Shylock y la libra de carne. El odio que transita del Mercader de Venecia shakesperiano al conflicto entre Israel y Gaza -en menor medida con Cisjordania-, se manifiesta en la prensa española con una foto de la entrada del campo de exterminio donde reza la famosa burla “el trabajo hace libre”. Curiosa forma de ilustrar un artículo antisemita. No se trata de un aliño inocente o ingenuo. Es la metaburla. Sería de agradecer que dijeran las cosas tal y como las sienten. Basta ya de dar la matraca con el asesinato planificado, tecnificado y sistemático de más de seis millones. Cuando el rio suena agua lleva. Algo habrán hecho. El antisemitismo tradicional los calificaba como deicidas. Hoy es todo mucho más sutil. No es solo cuestión de denigrar al judío. Hay que declararlo como un no igual. No tienen remedio. Así, aunque, en ocasiones, se reconozca el exterminio, siempre se acompaña de una subordinada adversativa.

La cara más vil del antisemitismo contemporáneo se concreta en la maniobra que reduce lo judío a Israel o Israel a lo judío, demonizando a Israel para demonizar lo judío. La identidad judía es absolutizada como la de un agresor del palestino. Las diversas identidades de la persona judía y la pluralidad de posiciones políticas dentro del Estado de Israel son arrasadas en beneficio de la vuelta al judío asesino. Criticar o condenar, las políticas de un gobierno no es antisemitismo. Sin embargo, hacer propias las tesis de los terroristas de Hamas, cuyo fin es arrojar al mar a los que viven allí, sí lo es. Considerar a Israel un estado no igual al resto, junto a la denigración de lo judío son los dos vectores del antisiomitismo, que es la forma más extendida y eficaz de diseminar el odio antisemita en el siglo XXI.

«La cara más vil del antisemitismo contemporáneo se concreta en la maniobra que reduce lo judío a Israel o Israel a lo judío, demonizando a Israel para demonizar lo judío»

Como en España no tenemos problemas, podemos dedicarnos a arreglar Oriente Medio a tiempo completo. Comencemos, mejor, por dejar de difamar a nuestros compatriotas judíos. Llama la atención el párrafo final en el que el articulista trata de mostrarnos que no es un antisemita. Dice textualmente que cree que “Sevilla necesita una inyección intensa de empresarios judíos”. No dice nada de peluqueros, artistas o fontaneros. Empresarios. Le falta señalar que se requerirá nariz ganchuda y ropajes oscuros. Cualquier sevillano judío que ose dedicarse a la medicina o a la hostelería debe urgentemente replantearse su vida profesional. Si no fuera tan demencial sería hasta esperpéntico.

Recuerdo un hermoso libro de Vasili Grossman titulado Que el bien os acompañe. El corresponsal de Estrella Roja, periódico oficial del Ejército Rojo, llega a Armenia en sus últimos meses de vida. Es un hombre devastado por el cáncer y al que la censura soviética ha arrinconado y arrebatado su libro Vida y destino. No obstante, percibe la belleza y la verdad de una forma tan generosa y vital que consigue que el lector se emocione. Dice Grossman, “cuanta más larga es la historia de un pueblo, cuantas más guerras, invasiones, vagabundeos y cautiverios ha conocido, mayor es la variedad de sus rostros”. Reflexiona sobre el sufrimiento armenio, hermano del padecimiento judío. Pero no es un libro que conduzca a la desesperanza o al rencor. Grossman nos habla de celebrar la diversidad, de la libertad, de la urgente necesidad de desterrar los odios y los estereotipos. Se funde en un profundo abrazo con lo humano. Es el testamento de un hombre que ama la vida.

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