“Hay que distinguir nítidamente el militarismo común del fascismo” W. Reich, Psicología de Masas del Fascismo

Tal vez sorprenda al lector, pero Mussolini nunca quiso participar en el Holocausto. A medida que se estrechó su alianza con Hitler no le incomodó importar un poco de antisemitismo expulsando a los judíos de las universidades, la Administración, el ejército etc. Pero participar en un asesinato masivo era algo muy diferente. No fue hasta 1943, con la invasión nazi de Italia, poco después de que el rey Víctor Manuel III destituyera a il Duce, que la Solución Final se aplicó en aquel país.

Quizás también le sorprenda el asesinato del dictador austríaco ultraconservador, Dollfuss, a manos de los nazis o que el dictador portugués, Salazar, prefería los británicos a los nazis o que el dictador rumano Antoucescu pasó por las armas al partido de nazi-fascista de la Guardia de Hierro, a pesar de que él mismo era un convencido de esas mismas ideas.

En la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra se crea la errónea imagen del fascismo-nazismo y la ultraderecha como un todo compacto y unitario. La semana pasada, ya tuve ocasión de esbozar la heterogeneidad compleja de la ultraderecha actual. Hoy quisiera hacer lo mismo con la ultraderecha nacida en el periodo de Entreguerras (1919-1939). Empecemos por distinguir: autoritarismo y fascismo.

«En la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra se crea la errónea imagen del fascismo-nazismo y la ultraderecha como un todo compacto y unitario»

Más que una ideología, el autoritarismo es un ejercicio el poder estatal, caracterizado por otorgar al ejército y la policía –política/secreta- un rol protagonista en el Gobierno, la Administración y, sobre todo, el control social. Su origen se remonta a los movimientos reaccionarios del S XIX, opuestos a las constituciones y el parlamentarismo. En el S XX, sin embargo, la monarquía absoluta ya no define a los autoritarismos de derechas o conservadores. De hecho, su ideología si así la podemos llamar, se basa en un chovinismo patriótico, tradicionalismo, cierta militarización y poco más… Hablamos de autoritarismo de derechas. La URSS nos traerá el autoritarismo de izquierdas.

El autoritarismo se basa en un contrato social perverso: no te metas en política, no molestes al poder establecido y todo irá bien. Al ciudadano se le reconocen ciertos derechos y libertades, pero los derechos de participación política, asociación sindical sólo pueden ejercerse por cauces oficiales. En otras palabras, no existen.

¿Qué gobiernos europeos podrían colgarse esta etiqueta? Las dictaduras bálticas de Smetona (1926-1940) en Lituania, de Päts (1934-1940) en Estonia y de Ulmaris (1936-1940) en Letonia. Igualmente los son el gobierno de Mościcki/Pilsudski (1936-1939) en Polonia, de Primo de Rivera (1923-1930) en España y de Metaxás en Grecia, así como las dictaduras reales de Bulgaria, bajo Boris III y el Príncipe Cirilo, Regente de Simeón II; y de Yugoslavia, bajo Alejandro I y el Príncipe Pablo, Regente de Pedro II.

En Albania, el Presidente Zog decidió autoproclamarse Rey en 1928, cargo que ostentaría hasta la invasión italiana del país en 1939. Republicana o monárquica, su dictadura estuvo marcada por un fuerte autoritarismo. Con sus muchas particularidades, la dictadura portuguesa de Salazar (1932-1968) y su sucesor Marcelo Caetano (1968-1974) también serían autoritarias.

«El autoritarismo se basa en un contrato social perverso: no te metas en política, no molestes al poder establecido y todo irá bien»

Tras la derrota del Imperio Austrohúngaro, Hungría cayó en una breve pero brutal dictadura comunista, liderada por Béla-Kun, quien, por cierto, moriría víctima de las purgas de Stalin. Tras la intervención rumana, que puso fin a la República Soviética Húngara, se proclamó el Reino de Hungría (1919), pero los aliados se negaron en redondo a la restauración de un monarca Habsburgo. El almirante Horthy se convirtió en Regente, liderando un sistema donde había elecciones y pluralismo de partidos, sin embargo, los pucherazos aseguraban la victoria del partido oficialista. No había una gran represión política, aunque sí hubo exiliados, entre ellos el escritor Sándor Marai. ¿Cómo lo definimos? ¿Democracia de baja intensidad? Yo prefiero autoritarismo de baja intensidad.

Sería importante darse cuenta de que no existe el autoritarismo fuera del poder, sino ideologías políticas conservadoras o comunistas con vocación de gobernar el Estado autoritariamente. En ese sentido sí existe el fascismo fuera del poder, como ideología, que efectivamente aboga por un gobierno extremadamente autoritario.

¿El fascismo es una escisión del socialismo? A ver, Mussolini fue expulsado del Partido Socialista italiano, por mostrarse a favor de que los obreros lucharan en la Primera Guerra Mundial. Recordemos que no se trataba de socialismo socialdemócrata. A principios del S XX el socialismo identificaba una ideología radical, antiparlamentaria y revolucionaria-dictatorial. Ahora bien, una vez defenestrado, el futuro Duce quiso crear algo opuesto al socialismo y su visión universal de las sociedades humanas.

«no existe el autoritarismo fuera del poder […] sí existe el fascismo fuera del poder, como ideología»

La piedra angular del fascismo es que cada Nación es de una raza. Los pueblos fuertes deben abrazar su providencia histórica de gobernar a los demás. Si el autoritarismo se basa en “no te opongas al gobierno y vivirás tranquilo”, el fascismo demanda de una adhesión activa, entrometiéndose mucho más en la esfera privada. Surge un nuevo concepto de masa, como colectivo nacional/racial que ejecuta la voluntad del Líder, verdadero intérprete de la historia. El individuo y sus derechos desaparecen en favor de la masa y su destino providencial.

Económicamente, el fascismo no pretende que el Estado se apropie de los grandes medios de producción, pero sí regularlos drásticamente. Esto se denominó corporativismo. Una vez en el poder, Mussolini aprobó políticas sociales y laborales, pero suavizó mucho la propuesta de estatización y control de la economía. Otra cosa que suavizó fue su original anticlericalismo y republicanismo.

El nazismo de Hitler se movería en las mismas coordenadas ideológicas, si bien con mayor extremismo y con una particularidad: el antisemitismo.

Si nos fijamos, como programa ideológico, el fascismo es bastante pobre si lo comparamos con el liberalismo o el marxismo. Un tanto acomplejados por esta carencia, Mussolini y Hitler encargaron a filósofos como Giovanni Gentile o Robert Michel que subsanaran esta circunstancia. Fue entonces cuando al fascismo-nazismo se dio un barniz de Nietzsche –quien desprecia el nacionalismo alemán en sus escritos- y de hegelianismo.

«Económicamente, el fascismo no pretende que el Estado se apropie de los grandes medios de producción, pero sí regularlos drásticamente»

El fascismo inspiró movimientos en España, Rumanía y Austria. Sus imitadores no siempre tuvieron éxito. El general Primo de Rivera no consigue que los españoles se tomen en serio su Unión Patriótica. Será su hijo José Antonio quien fundará la Falange (1933), dando así lugar a un partido fascistoide en sueño español.

Por cierto, el adjetivo fascista no agradaba demasiado a José Antonio, quien veía en Mussolini un aburguesamiento del movimiento revolucionario que fundó. El líder falangista abominaba de la burguesía, recelaba la influencia social del alto clero y tampoco simpatiza con los caciques rurales. Será el único diputado de derechas que votará “no” a derogar la reforma agraria de Azaña. La misión histórica del fascismo clásico, se trufa en falange de una visión mística de la religiosidad cristiana. En 1937, con Primo de Rivera muerto, Franco se adueñará de la dirección de Falange, pues a su entender era demasiado revolucionaria. Las fusiona con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, otro partido fascistoide fundado en 1931 de menor popularidad. Así nace un ente domesticado la Falange Española de las JONS.

Sin embargo, Primo de Rivera no es ningún Adán, ni tampoco las JONS. La inspiración les llegó de Francisco Rolão Preto, fundador del Movimiento Nacionalsindicalista portugués en 1930. Por inventar, hasta inventó las camisas azules. Rolão mezcló antes que nadie el fascismo con una visión fundamentalista y excluyente del cristianismo. Salazar disolvió este Movimiento en 1934. Demasiado revolucionario, demasiado incontrolable.

«Primo de Rivera no es ningún Adán, ni tampoco las JONS. La inspiración les llegó de Francisco Rolão Preto»

En Austria Dollfuss hibridó aún más el fascismo con el cristianismo, ya que cualquier mención a la raza era inconveniente, pues llevaba al pangermanismo, es decir, la reunión de los alemanes en un solo Estado. Surgió así un autoritarismo conservador nacionalcristiano, que sobreviviría a Dollfuss y a la anexión de Austria al Tercer Reich. Inspiró a Gil Robles en España, le acabaría agradando a Salazar y a partir de 1943 lo adoptaría un Franco que ya no veía tan claro eso de un fascismo militarista español.

En Rumanía la Guardia de Acero logró establecer un Estado Legionario durante algunos meses. El suyo era un fascismo cristianizado y nazificado. Sin embargo, el líder del ejército, el mariscal Antonescu acabó por deshacerse de ellos. Antonescu no era ningún alma cándida. Su alianza con los nazis no pudo ser más convencida. Les habría seguido hasta el final si el rey Miguel I no le hubiera derrocado y detenido. Es ilustrativo el dato de que durante el gobierno de Antonescu Rumanía no participó en la solución final… No hizo falta, el dictador rumano exterminó por su cuenta a todos los judíos del país y a no poco gitanos, sin intervención de Hitler y sus SS.

En Noruega, Quisling funda pronto un partido pro nazi y será el dictador colaboracionista del país escandinavo durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Singo pronazi tienen también los reixistas belgas y sus homónimos holandeses. Más difícil es decidir qué era Petain… A mi parecer estaría más cerca de Dollfuss que de Hitler, lo que no impidió que la Francia de Vichy colaborara entusiasta en el exterminio hebreo.

«Antonescu exterminó por su cuenta a todos los judíos del país y a no poco gitanos, sin intervención de Hitler»

Muy particular es el caso del Partido Popular Eslovaco. Inmensamente popular de signo ultraderechista, pero liderado por clérigos católicos, tras la ocupación nazi de Praga, su líder el padre Tiso se convierte en el único sacerdote católico Jefe de Estado del S XX –Papas aparte- como Presidente de Eslovaquia. Pese a que siguió celebrando misas durante su dictadura, el Vodca (líder) priorizó al ultranacionalismo sobre el tradicionalismo. Su antisemitismo fue siempre furibundo y sincero: “¿No es cristiano que una Nación desee librarse de su enemigo eterno, el judío?”

Otro caso peculiar nos ofrece Hungría con el Partido de la Cruz Flechada. Su fundador, Szálasi se inspiró en el fascismo mussoliniano, aunque siempre desde una óptica cristiana fundamentalista. Con el tiempo incorporó algunos toques místicos y heterodoxos a su religiosidad. Más o menos a la vez, se fue nazificando y el antisemitismo ganó peso en su ideología. Ocupó el poder unos pocos meses después de que los nazis depusieran a Horthy.

Y no, no me olvido del autoritarismo de izquierdas. De ese hablaremos la semana que viene cuando exploremos los matices entre autoritarismo y totalitarismo.

 

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