Esta es mi opinión, tan válida como otra cualquiera. La que nace del dolor ante el trago amargo que muchas familias se ven obligadas a soportar, la que deriva de ver como criminales se rien en la cara de los padres de las mujeres o niñas a las que violaron y que después quizá por no satisfechos mataron, la que está cansada de prensa sensacionalista que hurga en la miseria ajena amparándose en no se que libertades.

En una ocasión leí: “hizo las paces con sus monstruos, bailó con su dolor y abrazó sus penas…”. Me pareció que era a la vez tan bello como cruel y pensé que si alguno de nosotros no ha sentido esto, al menos una vez en la vida es porque esta logró vencerle.

Cada día estoy más convencida que se trata de eso, de ir superando etapas y con ello no quiero mostrar una visión pesimista, muy al contrario, procuro mirar a través del prisma realista que refleja haces de luz con los que poder endulzar algunos tragos amargos. Como el que ha tenido que tomar la familia de Diana Quer escuchando en el juicio al indeseable relatando lo que tuvo en gana hacer con su hija mientras de vez en cuando esbozaba una sonrisa. Seguramente si hubiera tenido miedo a la sentencia que le esperaba se habría mostrado más comedido, mejor dicho se hubiera esforzado (aunque solo fuera un poquito) en disimular.

Él sabe muy bien que en el otro lado de la moneda está el «buenismo” hipócrita que amparándose en la utopía de la reinserción social para este tipo de criminales solo comparables a un terrorista, abogan por igual consideración ante todo tipo de delitos. Quizá pensando en ellos, el Chicle se reía mientras hacía una recreación de los hechos frente a la Guardia Civil. Hablando de la Benemerita, otros que también toman a diario algún traguito que otro escuchando a energúmenos profiriendo insultos, la mayoría recordando a sus progenitoras. Supongo que para ellos esto es pecata minuta después de tantas lágrimas derramadas ante sus compañeros asesinados por otros que también reían y brindaban en la cárcel esperando que el “buenismo” les liberara. Por cierto en estos últimos días hemos visto con estupor como algunos de los que pertenecen al bando de los demócratas se sientan a negociar en la misma mesa que los representantes políticos de esos indeseables. Sin embargo, después cuando unos u otros se ven envueltos en circunstancias desagradables o de necesidad, no dudan en llamar a los servidores públicos vestidos de verde para que les saquen del problema. Curiosas paradojas tiene la vida.

Tragos de hiel, tragos amargos, tragos servidos por indeseables portadores de sonrisas diabólicas dispuestas a no cesar jamás. Mientras la sociedad se divide en buenos y malos de un color o de otro sin darse cuenta que a este lado de los barrotes solo estamos los buenos, que todo lo demás es demagogia barata y que ójala la llave que cierra la prisión de los verdaderamente malos se pierda y no puedan salir de allí jamás.

 

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