No paras de leer en twitter que vivimos en una dictadura. Esto no es otra novedad del Covid-19. Hace años que en nuestro país y los de nuestro entorno político-cultural se oyen acusaciones de este tipo. Los argumentos que ponen en entre dicho la naturaleza democrática de nuestro sistema político resultan de lo más diversos. Entre otros, he oído personalmente que: somos una dictadura porque la policía carga contra manifestantes, porque tenemos Rey, porque los territorios no pueden escindirse unilateralmente, porque el partido X ocupa puestos en el gobierno, porque subvencionamos el aborto, porque no otorgamos a los inmigrantes irregulares derecho a voto o porque la diversidad sexual y la igualdad de género están integradas en el programa escolar. ¿Estas opiniones son frutos precipitados de la irreflexión? ¿O esconden algo más complejo?

«El filósofo y sociólogo Habermas ha escrito que el éxito de la comunicación depende de que sus integrantes compartan las mismas reglas»

El filósofo y sociólogo Habermas ha escrito que el éxito de la comunicación depende de que sus integrantes compartan las mismas reglas. Esto se hace evidente si imaginamos a diversos interlocutores que intentan explicarse algo, hablando cada uno en un idioma diferente que los demás no conocen. Muy difícil será que se lleguen a contar nada. Sin embargo, a partir de este ejemplo sencillo, podemos plantear el mismo problema en situaciones más complejas.

No creo que haga falta que os describa las ideas políticas de mi amiga D., si os cuento que una vez me dijo que Cuba es una democracia y España no. Instintivamente, le planteé que es un poco difícil considerar democrático a un país con régimen de partido único como la isla caribeña. Más atónito me dejó su réplica: sí, Cuba es un sistema de partido único, pero todo el mundo tiene una vivienda, servicios básicos y bienestar. Eso es la democracia.

Nunca me atreveré a invitar a D. a tomar café con mi amigo I. Para él, España era más democrática en el franquismo que ahora. Sí, tengo amigos muy variopintos… Pero los quiero igual.

En la opinión de I., no hay democracia sin una moral común que fundamente la comunidad. La vivencia de la patria como espacio humano que nos aúna a través de una rígida jerarquía de valores, confiere un orden, una certidumbre vital que en el relativismo imperante ya no existe. Por eso, sufrimos la angustia de vivir en una incógnita perpetúa.

Igual, D. y I. sí tienen algo en común, después de todo… A ambos les gusta idealizar. El tamiz de la realidad, seguramente, los decepcionara con el presente y el pasado que embellecen. En cambio, creer que su ideal político-social existe o ha existido les permite albergar la esperanza de que el futuro lo traiga consigo.

Pero lo más interesante es que cada uno de mis amigos maneja un concepto diferente de democracia. Para D. esta se identifica con los llamados derechos sociales. Sólo cuando estos se cumplen hay democracia, sin ellos, no la hay, aunque existan libertades políticas. I. identifica la «democracia» con la cohesión moral del pueblo que hace de la nación su identidad común. Asume que la economía no siempre puede ir bien, ni siempre mal, pero a través de ese lazo metafísico la comunidad edifica su destino. En cuanto a las libertades políticas, bueno… le parecen sacrificables si perjudican a ese bien mayor, si ponen en riesgo la unidad. Ambos han identificado un sistema político con la realización de un gobierno perfecto. ¿Y no es ese el error que casi todos cometemos o hemos cometido? Me refiero a vincular «democracia» con el «buen gobierno».

Para un tercer amigo mío, A., la democracia aún no existe ni ha existido jamás. En una democracia, me explicó, los ciudadanos deben votar todas y cada una de las leyes. Si sólo dejan de votar directamente una, ya no hay democracia. Eso sí, en su democracia, los DDHH no se pueden someter a plebiscito. Le pregunté cuáles eran los DDHH y me dijo que los de la Declaración Universal. Le señalé algunas carencias del texto y su amplio margen interpretativo. No conseguí convencerle de que no había garantías en su articulado para la reasignación de género y sí se mencionaba el derecho a la educación religiosa. Según me dijo, la religión es un mal y no puede ser un derecho humano.

A ojos de mí amigo A., la idea de representatividad y de democracia son incompatibles. Apela para ello al concepto histórico-etimológico de «democracia», como poder del pueblo, a la manera ateniense, ignorando que los vocablos van mudando su significado a lo largo de la historia -problema que no tiene con la palabra «matrimonio».

¿Y yo qué? Tanto hablar de los demás, ¿cuál es tu concepción de democracia? me diréis. Buf… la más aburrida, convencional y sosa. Me parece que merece ese nombre cualquier país que garantiza un mínimo de participación política efectiva -o sea, no vas a votar con los resultados fijados- y las necesidades más básicas al mayor número de sus ciudadanos -dependiendo de las posibilidades del país- a través del Estado o facilitando las condiciones económicas para ello.

Pero ya que la cosa va de hablar, me gustaría cederte la palabra. Aquí dejo algunas preguntas que creo que todo el mundo debería responderse antes para definir un concepto propio de democracia.

¿La respuesta a la pregunta «¿somos una democracia?» es binaria en términos de «sí» y «no»? ¿O se responde evaluando una serie de ítems, como derechos sociales, políticos, calidad judicial, nivel de alfabetización, salud pública, y por lo tanto, según calculemos estos ítems, se puede ser una democracia o se puede no serlo, toda vez que se puede serlo de mejor o peor calidad? ¿Son binarias las dictaduras? ¿O hay dictaduras peores que otras?

¿Hay democracia en un país con derechos políticos y referéndums, pero donde el 60% de la población vive en la pobreza? ¿Y si es un 40%? ¿Y si es un 30%? ¿Y si es sólo es un 20%? (España es un 22’3%). ¿Y si es un 10%? ¿Y si es…?

«¿Hay democracia si el Estado controla las líneas maestras de la economía y limita la actividad privada?»

¿Hay democracia si el Estado controla las líneas maestras de la economía y limita la actividad privada? ¿Hay democracia en una economía neoliberal? ¿Hay democracia en un país donde el Estado es propietario de los grandes medios de producción?

¿Hay democracia sin referéndums? ¿Es democrático el país cuya población nunca ha votado su constitución? (Alemania o EE.UU., entre otros) ¿Debe ser directa la democracia? ¿Pude ser indirecta? ¿Es correcto que una constitución o cualquier otra norma limite al parlamento o deben gobernar las mayorías del presente? ¿Es compatible la democracia con el partido único?

¿La libertad de expresión puede limitarse? ¿Debe limitarse en ciertos supuestos? ¿Es democrático un país en que ciertas rentas pagan más del 60% en impuestos? ¿Es democrático aquel en que ciertas rentas, muy acaudaladas, pagan menos del 1%? ¿Sin garantías para unos mínimos derechos sociales -sanidad, pensiones, salario mínimo etc.- hay democracia? ¿Se deben concretar esos derechos sociales mínimos?

¿Es compatible la democracia con la pena de muerte? (EE.UU. y Japón) ¿Cuál es la relación entre democracia y religiones? ¿Deben tener los extranjeros iguales derechos que los ciudadanos? ¿En democracia debe existir el derecho a la autodeterminación de los territorios u otras comunidades humanas? (etnias, en el caso de Etiopía)

En síntesis, cada pregunta se responde con una de tres: a) Imprescindible, b) Inadmisible, c) Permisible, pero no necesario.

Según las respuestas a estas -y otras preguntas- se obtiene nuestro concepto de democracia, en abstracto. A partir de ahí, quienes compartan conceptos semejantes de democracia, discriminarán parecido entre Estados democráticos y aquellos que no lo son. Vaya, se entenderán hablando.

Cuando dos personas que no compartan el mismo concepto de democracia quieran conversar, deberán elegir: quemar adrenalina en un diálogo de besugos muy agresivos, o renunciar al vocablo «democracia» ya que para ellos se identifica con conceptos diferentes. Deberán buscar cada una expresión con que sustituirlo, ilustrando así sus diferencias sobre el «menos malo de los sistemas políticos», que al final es lo que, creo yo, acaba siendo democracia. Entonces, también podrán comunicarse con éxito.

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